Lecciones de la crisis bursátil colombiana

La especulación es la esencia del negocio de bolsa, pero en Colombia hemos exagerado”. Paul Weiss Salas* Gerente Mercado Accionario - Corredores Asociados S.A.

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agosto 03 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-03

Después de todo lo sucedido en el mercado accionario colombiano durante los últimos meses en los cuales pasamos de un valor máximo del Indice General de Precios -IGBC de 11.433.25 al cierre del 27 de enero, a un valor mínimo de 6.160.25 al cierre del 13 de junio y de regreso a 9.015.65 al cierre de julio del 2006, es necesario hacer algunas reflexiones y sacar algunas conclusiones. De este hecho tan protuberante se debe aprender algo. Entre los años 1985 y 1990 el mercado bursátil colombiano era dominado principalmente por los Certificados de Depósito a Término -CDT. Estos CDT se hacían atractivos con tasas de interés pactadas con los emisores cercanas al 36 por ciento efectivo anual. En estas condiciones el mercado accionario, con su reducido tamaño y su alto riesgo, no podía competir. Los principales inversionistas que realizaban transacciones de acciones en las bolsas de esos tiempos, eran por un lado algunos románticos y tradicionales clientes, y por otro lado los inversionistas estratégicos de las compañías inscritas en bolsa. Los primeros tratando de adivinar qué harían los segundos y éstos totalmente despreocupados por lo que hicieren los primeros. Cada acción tenía su propia vida y no existía un comportamiento homogéneo del mercado. Bastaría con mirar las gráficas de precios de muchas de las acciones del mercado en esos años para descubrir que las variaciones de precios de las acciones sucedían casi al azar, así como unas subían de repente otras bajaban simultáneamente sin explicación ni orden alguno. Era un mercado dominado por los ‘grandes’ en el cual los ‘chicos’ trataban de acertar. A principios de los 90, y como consecuencia de la promulgación de normas que permitían la inversión extranjera de portafolio en Colombia, el mercado cambió drásticamente. Los actores del mercado descubrieron una gran cantidad de nuevos conceptos y se hablaba de P/E Ratio, Price to Book Value, Market Cap, corrección, rally, bid, offer y otras novedades que de alguna manera obligaron a los comisionistas a sofisticarse en el análisis del mercado accionario. Se generó así un mercado que, en mi opinión, era más balanceado pues habría ahora tres tipos de inversionistas: los pequeños inversionistas tradicionales, los grandes inversionistas estratégicos, y los fondos de inversión del exterior. Así las cosas, después de un rally inicial, el mercado se estabilizó debido a que existían fuerzas suficientemente grandes con intereses suficientemente diferentes como para que ninguno de estos grupos de inversionistas dominara el mercado. En 1994, debido a situaciones tanto locales como externas, los fondos extranjeros perdieron interés y comenzaron su retirada. El mercado perdió su dinámica y regresó a un estado de hibernación similar al vivido en el período anterior. El último cambio estructural del mercado se dio a fines del 2003. Por fin se animaron a entrar al mercado de manera clara y decidida los fondos de pensiones locales. La motivación principal fue la escasa rentabilidad de las inversiones en activos de renta fija. Y, a partir de ese momento se dieron los grandes avances tanto en precios como en volumen que tanto se han comentado en todos los medios. Si bien este nuevo interés por las acciones motivó el regreso de muchos inversionistas locales al mercado, la estructura del mismo quedó nuevamente desbalanceada. Estaban, por un lado, los fondos de pensiones y, por otro, los demás. Es decir, unos pocos grandes con intereses muy similares y muchos pequeños sin forma ni interés en encontrar objetivos comunes. Pero no sólo estaba así dividido el mercado, sino que existía una falsa sensación de seguridad basada en la falaz suposición por parte de ‘los demás’ de que sería muy difícil ver una disminución importante en los precios pues los fondos de pensiones no podrían permitirlo y que ellos, con poca plata, lo ‘sostendrían’. No obstante, sucedió lo impensable. Con los cambios en la política monetaria en E.U. en lo referente a las crecientes tasas de interés necesarias para enfrentar los procesos inflacionarios, los mercados mundiales se estremecieron y vieron cómo el precio de las acciones y el valor de los activos de renta fija disminuyeron. Y fue un fenómeno mundial en el cual los más afectados fueron los mercados de los países emergentes. Pero los mercados colombianos y sus inversionistas sufrieron más que los demás, el derrumbe de los precios de las acciones fue de inmensas proporciones dejando en evidencia una serie de defectos y falencias del mercado. En cuanto a los defectos, y sin pretender ser ni exhaustivo ni jerarquizarlos en importancia, debo mencionar los siguientes: 1. Excesivo apalancamiento Si bien la proporción de las compras hechas con créditos sobre el total del valor transado en la Bolsa no revelaba posibles problemas, la concentración en unos pocos pero grandes especuladores era desconocida por el mercado y resultó ser desmedida. Como consecuencia de esta situación, unos pocos tomaban decisiones de venta por importantes volúmenes de acciones a causa de su gran endeudamiento. 2. Excesivo crecimiento de los precios Como lo mencioné anteriormente, existía la idea de que los fondos de pensiones locales impedirían un retroceso importante en los precios de las acciones y ésto animaba a los inversionistas a continuar en una carrera alcista. En mi opinión, esta suposición se basaba solamente en las recomendaciones de los comisionistas y en las ganas de creer de los inversionistas. También es cierto que nuestro mercado había sido uno de los de mejor desempeño durante el año 2005, lo cual explica la mayor facilidad de vender a precios bajos pues, en términos históricos había importantes utilidades que defender. 3. Excesivo desbalance en el IGBC El índice de precios de las acciones que se transan en la Bolsa de Valores de Colombia está bien construido, al menos a juicio de los expertos en este tema. Pero por algún motivo para mi y para otros corredores pareciera que este índice no está reflejando lo que estamos sintiendo que sucede en el mercado. Muy probablemente la diferencia se explica mejor por las características del mercado que por los cálculos del IGBC, pues las acciones de las empresas que tienen las mayores ponderaciones están entre ellas imbricadas y, por lo tanto, ante una variación de precios en una de ellas se genera una reacción en cadena que parece exagerar la volatilidad del índice. 4. Excesiva confianza de los inversionistas Si bien las cuentas discrecionales no están permitidas en Colombia, es decir toda operación de Bolsa debe realizarse como consecuencia de una orden de un inversionista y no por decisión unilateral del corredor, muchas órdenes de venta durante el período de crisis se generaron sin la participación del cliente. Esto denota la gran confianza depositada por algunos inversionistas en sus corredores y la temeraria actitud de estos últimos. Lo anterior con el agravante de que este tipo de manejo genera espirales bajistas de precios explicadas únicamente por la inercia que proporciona el miedo que se convierte rápidamente en pánico. 5. Excesiva inexperiencia de operadores Durante los momentos de hibernación del mercado accionario se concentran los volúmenes transados en unas pocas firmas comisionistas como producto de la apatía de los inversionistas y del desinterés de las demás por asignar recursos operativos a un mercado que no les produce. Por el contrario, cuando el mercado accionario se activa, todas las firmas se interesan en él. Y es así que se improvisan operadores del mercado accionario que usualmente operan en otros mercados. Y ellos, posiblemente de buena fe, apelan a los instrumentos que mejor conocen para manejar sus operaciones. Algunos de estos novatos operadores para el mercado accionario vienen del mercado de deuda pública y aplican herramientas de análisis técnico como única opción, sin tener en cuenta los factores fundamentales de cada una de las acciones sobre las cuales operan. Terminan aplicando conceptos como el de Stop Loss de corto plazo a inversiones de largo plazo en un mercado que por definición es muy volátil. Pero, a pesar de todo, pienso que la responsabilidad en este caso no es de los operadores sino de los clientes que confían en ellos en un momento de crisis. 6. Excesiva concentración en el mercado Como lo mencioné antes, el mercado se volvió a concentrar en unos pocos inversionistas institucionales quienes, unidos por la similitud de sus intereses o por situaciones regulatorias, pueden en cualquier momento cambiar su posición respecto de este mercado. Por lo anterior, por volátiles que sean, resulta necesaria la presencia de más y mejores inversionistas institucionales. 7. Excesiva exposición a los medios Durante unas campañas electorales que no generaban ni noticias, ni debates, ni sorpresas; los medios de comunicación se dedicaron de lleno a este espectacular insuceso bursátil. Tanto la prensa escrita, como la televisiva y la radial buscaron a todos los ‘expertos’ bursátiles que pudieron consultar. Y éstos aparecieron por todas partes. Algunos con autoridad y responsabilidad al expresar sus opiniones, otros medianamente informados de lo que sucedía y, por último, otros que, a mi modo de ver, no tenían ninguna autoridad para tratar este tema pero que adquirieron esa extraña condición de ‘profetas retroactivos’. Estos últimos repetían sin cesar, y de manera irresponsable a mi juicio, frases como “eso se veía venir”, o “yo sabía que eso iba a suceder”, o “era evidente que el mercado no aguantaba más”. Y uno se pregunta por qué será que no lo advirtieron por allá en enero cuando hubiera servido de algo, o por qué será que sabiendo tanto se dedican a actividades lejanas a la Bolsa como a ser columnistas, ex ministros, funcionarios internacionales, etc. Incluso vale la pena preguntarse si por saber tanto y decir tan poco a tiempo se vuelven cómplices de este proceso. Cuando las decisiones de inversión se basan en informaciones informales y chismes; en falsas expectativas de adquisiciones y fusiones; en interpretaciones positivas de cualquier circunstancia o sencillamente en que “hay que invertir en lo que está subiendo de precio porque a otros les ha ido bien haciéndolo”, resulta muy difícil quedarse quieto y dejar pasar la crisis, porque si no hubo argumentos de peso para entrar al mercado tampoco habrá argumentos de peso para quedarse. Sabemos que la especulación es la esencia de este negocio, pero en Colombia hemos exagerado en la aplicación de este concepto. Sería suficiente especulación invertir en acciones como lo hacen en otros países, con la adecuada información y análisis del entorno económico mundial, regional y nacional, pero especialmente con información acerca de las empresas en las cuales se va a invertir. Ahora que Colombia reabrió el mercado accionario a la inversión extranjera de portafolio, se va a imponer nuevamente el conocimiento de las empresas emisoras por parte de quienes en él quieren participar. Los comisionistas deberán aprender a investigar y analizar y los emisores deberán aprender a compartir la información. * Las opiniones aquí expresadas se hacen a título personal. Hay una falla fundamental del mercado accionario colombiano, que es la falta de investigación y análisis”.

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