Lecciones de la crisis financiera

La crisis financiera internacional nos recuerda los problemas de Colombia como consecuencia de crisis mundiales anteriores y sus implicaciones sobre la economía y el sector financiero. A mediados de los ochentas se registraron efectos de contagio de la crisis latinoamericana de la deuda. No obstante, haber mantenido el servicio de las obligaciones, los mercados internacionales se cerraron y se dio un estancamiento de la economía, así como desequilibrios en los frentes fiscal y externo. Algo similar sucedió a fines de los noventa, a raíz de la crisis asiática, y en el 2002 a inicios de la Administración Uribe.

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septiembre 24 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-24

¿Cuáles son las lecciones de esta nueva crisis financiera internacional? Lo primero es la importancia de un sector financiero bien capitalizado y regulado. Hoy está fortalecido patrimonialmente frente a lo que era el caso en los ochenta y noventa. La percepción entre los expertos es que la supervisión ejercida por la Superintendencia Financiera y la regulación es más profesional que cuando se precipitó la crisis financiera en las corporaciones de ahorro y vivienda y las cooperativas financieras. No obstante, se debe aprovechar la reforma financiera que se debate en el Congreso para dotar de mayor independencia a la Superintendencia Financiera, tanto estableciendo un período fijo para el Superintendente, como dando a la entidad autonomía completa en el manejo de los recursos para garantizar una supervisión efectiva. Una segunda lección toca con el Banco de la República. La crisis financiera internacional nos hace más conscientes que, además del rol fundamental de controlar la inflación y estimular el crecimiento, los bancos centrales tienen la responsabilidad de garantizar la estabilidad del sector financiero. Su función como prestamista de última instancia es clave en circunstancias de crisis, así se llegue a amenazar transitoriamente la estabilidad de precios. En este sentido, la lección más importante es que el apoyo del banco central debe ser suficiente y oportuno, buscando evitar que éste se traduzca en riesgo moral. La tercera lección se relaciona con el Ministerio de Hacienda y el Congreso. Se refiere al fortalecimiento fiscal como prerrequisito para mantener el acceso a los recursos externos en circunstancias de una crisis internacional. Históricamente, el cierre del crédito externo ha sido más pronunciado para los países con fragilidad fiscal. Un presupuesto austero de Colombia para el 2009 sería la mejor señal para los mercados internacionales, como lo sugieren las calificadoras de riesgo. Las medidas de apoyo anunciadas por el gobierno de los Estados Unidos a sus bancos son de tipo fiscal. Dado un caso de crisis, esto solo lo podría ofrecer el gobierno en Colombia si las finanzas públicas son sanas y si se dispone de flexibilidad presupuestal. La última lección es la importancia de defender al consumidor de servicios financieros de los avatares de la volatilidad e incertidumbre de una crisis financiera. Acertadamente, uno de los objetivos de la reforma financiera es la protección del consumidor financiero. A ello se dirigen propuestas como la designación del defensor del cliente por parte de la Superfinanciera y las exigencias de una mayor información al consumidor. Un adecuado gobierno corporativo de las entidades financieras contribuye a la transparencia. Sin menoscabo de tales iniciativas, la principal tarea de la reforma debería ser la de garantizar que actividades que manejan de manera habitual el ahorro del público y que no están sujetas al control de la Superintendencia Financiera tengan requisitos patrimoniales y de reservas similares a los aplicados por ésta a los bancos, seguros, pensiones y valores. Me refiero a actividades de la salud, las afianzadoras, servicios de previsión exequial, así como a mecanismos de captación informal y de autoaseguramiento. rjunguito@fasecolda.com WILABR

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