Lecciones que deja la crisis bursátil

Después de todo lo sucedido en el mercado accionario colombiano durante los últimos meses en los cuales pasamos de un valor máximo del Índice General de Precios (IGBC) de 11.433.25 al cierre del 27 de enero, a un valor mínimo de 6.160.25 al cierre del 13 de junio y de regreso a 9.015.65 al cierre de julio de 2006, es necesario hacer algunas reflexiones y sacar algunas conclusiones. De este hecho tan protuberante se debe aprender algo.

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agosto 05 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-05

Con los cambios en la política monetaria en Estados Unidos en lo referente a las crecientes tasas de interés necesarias para enfrentar los procesos inflacionarios, los mercados mundiales se estremecieron y vieron como el precio de las acciones y el valor de los activos de renta fija disminuyeron. Y fue un fenómeno mundial en el cual los más afectados fueron los mercados de los países emergentes. Pero los mercados colombianos y sus inversionistas sufrieron más que los demás, el derrumbe de los precios de las acciones fue de inmensas proporciones dejando en evidencia una serie de defectos y falencias del mercado. En cuanto a los defectos, y sin pretender ser ni exhaustivo ni jerarquizarlos en importancia, debo mencionar los siguientes: Excesivo apalancamiento. Si bien la proporción de las compras hechas con créditos sobre el total del valor transado en la bolsa no revelaba posibles problemas, la concentración en unos pocos pero grandes especuladores era desconocida por el mercado y resultó ser desmedida. Como consecuencia de esta situación, unos pocos tomaban decisiones de venta por importantes volúmenes de acciones a causa de su gran endeudamiento. Excesivo crecimiento de los precios. Como lo mencioné anteriormente, existía la idea de que los Fondos de Pensiones locales impedirían un retroceso importante en los precios de las acciones y esto animaba a los inversionistas a continuar en una carrera alcista. En mi opinión, esta suposición se basaba solamente en las recomendaciones de los comisionistas y en las ganas de creer de los inversionistas. También es cierto que nuestro mercado había sido uno de los de mejor desempeño durante el año 2005 lo cual explica la mayor facilidad de vender a precios bajos pues, en términos históricos había importantes utilidades que defender. Excesivo desbalance en el IGBC. El índice de precios de las acciones que se transan en la Bolsa de Valores de Colombia está bien construido, al menos a juicio de los expertos en este tema. Pero por algún motivo para mi y para otros corredores pareciera que este índice no está reflejando lo que estamos sintiendo que sucede en el mercado. Muy probablemente la diferencia se explica mejor por las características del mercado que por los cálculos del IGBC pues las acciones de las empresas que tienen las mayores ponderaciones están entre ellas imbricadas y, por lo tanto, ante una variación de precios en una de ellas se genera una reacción en cadena que parece exagerar la volatilidad del índice. Excesiva confianza de los inversionistas. Si bien las cuentas discrecionales no están permitidas en Colombia, es decir toda operación de bolsa debe realizarse como consecuencia de una orden de un inversionista y no por decisión unilateral del corredor, muchas órdenes de venta durante el período de crisis se generaron sin la participación del cliente. Esto denota la gran confianza depositada por algunos inversionistas en sus corredores y la temeraria actitud de estos últimos. Lo anterior con el agravante de que este tipo de manejo genera espirales bajistas de precios explicadas únicamente por la inercia que proporciona el miedo que se convierte rápidamente en pánico. Excesiva inexperiencia de operadores. Durante los momentos de hibernación del mercado accionario se concentran los volúmenes transados en unas pocas firmas comisionistas como producto de la apatía de los inversionistas y del desinterés de las demás por asignar recursos operativos a un mercado que no les produce. Por el contrario, cuando el mercado accionario se activa, todas las firmas se interesan en él. Y es así que se improvisan operadores del mercado accionario que usualmente operan en otros mercados. Y ellos, posiblemente de buena fe, apelan a los instrumentos que mejor conocen para manejar sus operaciones. Algunos de estos novatos operadores para el mercado accionario vienen del mercado de deuda pública y aplican herramientas de análisis técnico como única opción, sin tener en cuenta los factores fundamentales de cada una de las acciones sobre las cuales operan. Terminan aplicando conceptos como el de Stop Loss de corto plazo a inversiones de largo plazo en un mercado que por definición es muy volátil. Pero, a pesar de todo, pienso que la responsabilidad en este caso no es de los operadores sino de los clientes que confían en ellos en un momento de crisis. Excesiva concentración en el mercado. Como lo mencioné antes, el mercado se volvió a concentrar en unos pocos inversionistas institucionales quienes, unidos por la similitud de sus intereses o por situaciones regulatorias, pueden en cualquier momento cambiar su posición respecto de este mercado. Por lo anterior, por volátiles que sean, resulta necesaria la presencia de más y mejores inversionistas institucionales. Excesiva exposición a los medios. Durante unas campañas electorales que no generaban ni noticias, ni debates, ni sorpresas; los medios de comunicación se dedicaron de lleno a este espectacular insuceso bursátil. Tanto la prensa escrita, como la televisiva y la radial buscaron a todos los "expertos" bursátiles que pudieron consultar. Y estos aparecieron por todas partes. Algunos con autoridad y responsabilidad al expresar sus opiniones, otros medianamente informados de lo que sucedía y, por último, otros que, a mi modo de ver, no tenían ninguna autoridad para tratar este tema pero que adquirieron esa extraña condición de "profetas retroactivos". Estos últimos repetían sin cesar, y de manera irresponsable a mi juicio, frases como "eso se veía venir", o "yo sabía que eso iba a suceder", o "era evidente que el mercado no aguantaba más". Y uno se pregunta porqué será que no lo advirtieron por allá en enero cuando hubiera servido de algo, o porqué será que sabiendo tanto se dedican a actividades lejanas a la bolsa como a ser columnistas, exministros, funcionarios internacionales, etc. Incluso vale la pena preguntarse si por saber tanto y decir tan poco a tiempo se vuelven cómplices de este proceso. En lo que se refiere a las falencias, podría hacer una larga lista para el caso del mercado accionario colombiano. Pero hay una falencia fundamental y de tanto peso que las demás resultan secundarias, esta es la falta de investigación y análisis. Cuando las decisiones de inversión se basan en informaciones informales y chismes; en falsas expectativas de adquisiciones y fusiones; en interpretaciones positivas de cualquier circunstancia o sencillamente en que "hay que invertir en lo que está subiendo de precio porque a otros les ha ido bien haciéndolo", resulta muy difícil quedarse quieto y dejar pasar la crisis, porque si no hubo argumentos de peso para entrar al mercado tampoco habrá argumentos de peso para quedarse. Sabemos que la especulación es la esencia de este negocio, pero en Colombia hemos exagerado en la aplicación de este concepto. Sería suficiente especulación invertir en acciones como lo hacen en otros países, con la adecuada información y análisis del entorno económico mundial, regional y nacional, pero especialmente con información acerca de las empresas en las cuales se va a invertir. Ahora que Colombia reabrió el mercado accionario a la inversión extranjera de portafolio, se va a imponer nuevamente el conocimiento de las empresas emisoras por parte de quienes en él quieren participar y como es lógico. Los comisionistas deberán aprender a investigar y analizar y los emisores deberán aprender a compartir la información. * Las opiniones aquí expresadas se hacen a título personal Ilustración: Migueyein

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