Lecciones de un expresidente español para Colombia

El exmandatario Felipe González comparte algunas enseñanzas de su país para la infraestructura en Colombia, y cree que las obras serán vitales para la recuperación española.

Felipe González, expresidente del Gobierno español.

Efe

Felipe González, expresidente del Gobierno español.

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noviembre 22 de 2013 - 02:48 a.m.
2013-11-22

El viernes, en la última jornada del congreso de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), en Cartagena, el expresidente del Gobierno español Felipe González se referirá al avance del país hacia la paz. Antes de su intervención, explicó a EL TIEMPO el significado de las obras en el avance de España.

¿Qué papel cumplió la infraestructura en el salto de España desde los años 70?

El esfuerzo continuado en infraestructuras fue clave para facilitar el crecimiento económico y el desarrollo del país. En los años que goberné dedicamos un porcentaje de 4 o 5 por ciento del PIB para modernizar las comunicaciones, las telecomunicaciones, la energía y el agua. España pasó de un PIB per cápita de 4.500 dólares, cuando llegué al Gobierno a finales de 1982, al actual de 30.000 dólares (en medio de la profunda crisis actual). Pese a algunos casos de creación de infraestructuras que podrían considerarse mal dimensionadas, en los años de euforia de crédito, y proyectos con poca justificación, estoy convencido de que el inmenso esfuerzo de modernización del capital físico de España volverá a ser clave para la recuperación de la economía.

Y en ese impulso de las grandes obras, ¿cuál fue el papel del sector privado?

En la primera etapa (años 80 y primeros de los 90), las empresas privadas de construcción asumieron gran protagonismo en desarrollo de infraestructuras de comunicaciones y aprovecharon el esfuerzo público de financiación para adquirir una dimensión que les permitió competir en mercados internacionales. También participaron empresas privadas en el desarrollo energético, como la gasificación del país o la extensión de las telecomunicaciones. Podríamos decir que con la modernización de España se correspondió la modernización y potenciación de grandes grupos empresariales.

¿Los asuntos ambientales o con las comunidades han sido un problema en España?

La legislación adecuada para facilitar la realización de las piruetas de desarrollo de infraestructuras se ha ido perfeccionando, pero también se puede aprovechar la experiencia para evitar errores. Es evidente que una buena normativa que garantice la preservación del medioambiente o el cumplimiento de las condiciones establecidas es fundamental para que se eviten retrasos injustificados o para garantizar que no se produzcan costes muy superiores a los aprobados en los proyectos.

Colombia estuvo en la expansión empresarial que usted menciona, pero algunas terminaron en litigios ¿En España hubo inconvenientes?

También ha habido inconvenientes, derivados de la propia reflexión que acabo de hacer, pero creo que menos que en Colombia.

¿Y cómo evitan que las obras terminen en pleitos?

Creo que las normas de la contratación deben ser claras y lo más simples posibles para evitar una conflictividad innecesaria. Los concursos públicos tienen que ser transparentes y preocuparse de que las ofertas no sean temerarias. No es solo un problema de evaluación de la oferta más económica sino de análisis de las condiciones técnicas que aportan los concursantes para la realización de las obras en tiempo y forma.

¿Qué se ha desarrollado para anticiparse a cambios –por imprevistos– en los montos de los contratos?

Es lógico que en ciertos tipos de obras haya imprevistos. Pero es ilógico y abusivo que cada proyecto comporte un número elevado de correcciones que suponen siempre mayores costos. Eso lo hemos vivido en abundancia en España. Siempre me han oído decir que el principal factor para el desarrollo de un país es la previsibilidad en la toma de decisiones. Y depende de una institucionalidad basada en normas que no cambian caprichosamente. Por eso me parece que una buena legislación para las infraestructuras con un funcionamiento eficaz de la justicia o con mecanismos arbitrales seguros son fundamentales para que no haya errores ni exceso de conflictividad. Tanto el inversor público como el privado deberían atenerse a las mismas reglas de juego. Por eso hay que evitar que se concursen proyectos insuficientemente analizados, pues son fuente de sorpresas y de paralizaciones que encarecen y retrasan la ejecución.

¿Los cambios institucionales permitirían el despegue del potencial de Colombia?

Colombia es un país con buenos equilibrios macroeconómicos y con un proceso importante de eliminación de la pobreza. Su potencial de desarrollo, teniendo en cuenta su inmensa riqueza de recursos naturales y de capital humano es inimaginable. Pero la prolongación durante cinco décadas de un terrible conflicto ha hecho muy difícil que el país enfrente la modernización de infraestructuras que eliminaría los cuellos de botella para aprovechar todo el desarrollo del que es capaz. Si se supera esa constricción, Colombia pasará a ser un país con alto nivel de renta y con buenos servicios.

¿Qué lecciones puede tomar Colombia de su país?

De España se podría tomar la idea de que un crecimiento sostenido y un desarrollo que alcance a todos pasa por preparar el capital físico y la modernización. La planificación de medio y largo plazo para las comunicaciones, para las energías o las telecomunicaciones o el aprovechamiento del agua es imprescindible. A mi juicio, los recursos públicos para la realización de este esfuerzo son y seguirán siendo limitados, pero el atractivo de Colombia para desarrollar inversiones privadas de gran envergadura es muy alto, por tanto el país debería conjugar la cooperación público-privada a gran escala para obtener los resultados que merece.

Mauricio Galindo

Editor de Economía de EL TIEMPO

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