Lecciones mexicanas del Nafta para el TLC de Colombia con E.U.

El Banco Mundial y la Universidad de Stanford publicaron un interesante libro -Lessons from Nafta for Latinamerica and the Caribbean, cuyos autores son los economistas Daniel Lederman, William F. Malloney y Luis Servén. Este libro es el estudio más riguroso que se ha hecho sobre el impacto en México del gran acuerdo comercial que ese país suscribió con Estados Unidos y Canadá, vigente desde el primero de enero de 1994.

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agosto 02 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-02

Queremos destacar y comentar algunas de las principales conclusiones de esta investigación, porque resultan muy valiosas ahora que el TLC de Colombia con E.U. se encuentra en la recta final. Pero antes hay que hacerle eco a las tres lógicas advertencias de los autores: no es fácil aislar el efecto de los acuerdos comerciales de los demás fenómenos económicos (por ejemplo la llamada “Crisis del Tequila” del 94/95), apenas ha pasado poco más de una década (ese lapso en economía no es muy amplio), y el efecto de la liberalización comercial varía de país a país -dependiendo de las condiciones existentes antes de dicha apertura. * El Nafta sí ayudó a México a cerrar la brecha en su nivel de desarrollo frente al de Canadá y E.U. Por ejemplo, las pesquisas concluyen que sin este acuerdo las exportaciones mexicanas hubiesen sido 50 por ciento menores, y la inversión extranjera en ese país hubiese sido 40 por ciento menor a la registrada. También hay evidencia de que el tiempo de adaptación de innovaciones tecnológicas en el país azteca se redujo a la mitad. Y además se le puede abonar al acuerdo un crédito parcial por la reducción de la pobreza y por el aumento en la cantidad y calidad del empleo en México. Estos elementos de juicio deben tenerse en cuenta en el intenso debate que sobre el TLC próximamente se adelantará en el Parlamento colombiano. * Sin embargo -y este es el mensaje clave para el futuro- “hay que hacer significativos cambios de políticas y de instituciones para aprovechar las oportunidades”. En concreto, las reformas que deben adelantarse tendrán que lidiar con la disminución de la inestabilidad macroeconómica, la mejora del clima de inversión (reglas claras, justas y permanentes), el robustecimiento de la gobernabilidad, la modernización de las instituciones, y la firma de más acuerdos comerciales -bilaterales y multilaterales- para aprovechar al máximo las posibilidades que brinda la liberalización, y para evitar los costos potenciales de las distorsionantes desviaciones del comercio. * Capítulo aparte merecen dos grandes preocupaciones: las deficiencias en los sistemas educativos y de innovación de los países latinoamericanos, lastres que dificultan mucho el progreso social y económico. Lo que el caso mexicano enseña es que hay que asumir una actitud muy agresiva -en el buen sentido de la expresión- para mejorar estas dos fuentes claves de productividad. En cuanto a la educación, el énfasis debe ponerse en la cobertura de la educación secundaria y en general en la elevación de la calidad (el eterno problema). Y en lo relativo a la innovación, según los expertos, al sur del Río Grande hay que multiplicar las inversiones en investigación y desarrollo por 2,5 veces, para que lleguen a un nivel aceptable con respecto al PIB (¿de dónde sacar plata de las maltrechas finanzas públicas, para fondear este esfuerzo crucial?). * El efecto del Nafta en México en materia de inversión extranjera indica que un acuerdo comercial de esa naturaleza es un complemento -no un sustituto- de una buena política de estímulo a la inversión (doméstica y foránea).

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