Lecciones desde la pirámide

Es evidente que el Estado colombiano falló en la prestación de un servicio esencial, que es el de la protección de la fe pública. En muchas ciudades, empresas con NIT, publicidad masiva, ostensible actividad de relaciones públicas, prestigioso club de asesores y una ansiosa y abundante clientela pudieron convertirse en marcas familiares, en elementos constantes del paisaje urbano ofreciendo remuneraciones insostenibles a las ‘inversiones’ o a los ‘servicios’ de la gente. No todos salieron quemados: Mucha gente obtuvo enormes márgenes que a la larga resultaron financiados con la plata que perdieron los que llegaron demasiado tarde. La complacencia del Estado fue enorme, y vergonzosa. ¿Cuáles instituciones públicas debían haber preservado el fiat, la confianza en el Estado como ente tutelar de la organización de los negocios? ¿Quiénes desde el Gobierno debían haber aplicado las normas, muy bonitas en ellas, muy bien redactadas, de protección a lo

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noviembre 26 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-26

Lo tragicómico es que esa autoridad no tiene, realmente, responsabilidad alguna como policía administrativo de negocios tramposos, sí, pero que no son receptores de depósitos del público ni amenazan la estabilidad del sistema de pagos de Colombia. Es probable que el superintendente Prado se haya ido por pura dignidad personal, después de recibir regaños injustificados del Presidente. Mientras tanto, quienes sí descuidaron los intereses de la ciudadanía continuaron en sus cargos. En realidad, no basta con que el presidente Uribe se duela por no haber tronado más temprano ante hechos tan notorios como punibles. La nación necesita aprender una lección, entre muchas: la de que éste no ha sido un asunto de vigilancia de intermediarios financieros, sino una falla en la protección de los derechos del consumidor. De paso, ¿Dónde estaban en todo este tiempo las organizaciones no gubernamentales representantes de los consumidores? Colombia sigue echando de menos auténticas y poderosas ligas ciudadanas en esta materia. Muchos desafueros del tipo de DMG y de las otras pirámides han sido evitados mediante la alerta temprana de la propia ciudadanía organizada. Otra falla del Estado que ahora se exhibe de bulto es que nadie en el Gobierno se haya preocupado por adelantar estrategias para combatir el analfabetismo financiero. La promoción y la defensa de la libertad mercantil y de la libre expresión de las preferencias individuales pasa por un continuo esfuerzo público por mejorar la información y los elementos de juicio de la gente común para tomar decisiones financieras. Las naciones radicalmente pro - mercados privados, como Nueva Zelanda, manejan campañas masivas de ilustración ciudadana en asuntos financieros y económicos. Poblaciones codiciosas e ignorantes, un talante ‘liberal’ en los gobernantes y la incapacidad de la Ley para causarles temor a los timadores, son los elementos de una receta explosiva como la que ahora presenciamos en este país. Con arrogancia y liviandad, algunos comentaristas califican la prosperidad de las pirámides como el resultado del carácter mafioso de la sociedad entera. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no alumbre: Lo que ha ocurrido pertenece a la vieja historia de la humanidad, aquí y en Cochinchina; no se necesita soñar con la Cosa Nostra para caer en estas trampas. Es más justo reservar el calificativo de mafioso para quien es miembro de algún clan criminal. Si viviéramos en una sociedad más justa desde la perspectiva tributaria, se debería insistir en que quienes lograron ganar los altos rendimientos ofrecidos pagaran los impuestos de renta correspondientes. Lo que ocurre es que hay privilegios tributarios tan exorbitantes en otras escalas de la pirámide social, que ya no se sabe dónde trazar la raya. cgonzalm@etb.net.co ''Con arrogancia y liviandad, algunos comentaristas califican la prosperidad de las pirámides como el resultado del carácter mafioso de la sociedad entera.WILABR

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