Las lecciones de Soros

A finales de octubre del 2009, el controversial inversionista y filántropo George Soros dictó cinco charlas bajo el auspicio de la Universidad Central Europea. La idea de sus lecciones era exponer posturas filosóficas sobre la teoría del conocimiento, los mercados financieros, la noción de la sociedad abierta, las fallas del capitalismo y los debates morales de la sociedad contemporánea. En ellas, se encuentra una riqueza intelectual que conviene inspeccionar para entender los debates que traerá la era de la poscrisis financiera.

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abril 05 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-05

El punto de partida de su análisis se origina en la relación del pensamiento con la realidad. Según Soros, una sociedad abierta en la que todos los ciudadanos debaten pacíficamente, con plenas garantías de expresión, está siempre sujeta a la visión parcial y distorsionada de los participantes, bajo lo que se configura el principio de falibilidad, es decir, la constante subjetividad en la interpretación de la realidad. Como consecuencia de este fenómeno, la explicación de los participantes conduce indefectiblemente a acciones inapropiadas y simplificaciones a las que clasifica dentro del concepto del principio de reflexividad, que no es nada distinto a la lectura de una realidad desfigurada y que motiva reacciones, muchas veces, irracionales. Aceptando la idea de que toda interpretación de la realidad es falible y a la vez compleja, el pensamiento de los integrantes de una sociedad tiene dos comportamientos. Uno es entender el mundo en busca de la verdad, asumiendo una aplicación de la función cognoscitiva, y la otra, más preocupante, jugar con la realidad en beneficio personal, configurando una aplicación de la función manipuladora. Bajo estos patrones, la crisis económica de los últimos años es la consecuencia de una deformación amañada de la realidad sobre el funcionamiento de los mercados financieros. Una de las fallas más protuberantes que se hicieron evidentes con la crisis tiene que ver con la aceptación de teorías económicas, principalmente las del equilibrio y eficiencia del mercado, como si se tratasen de ciencias exactas. Para Soros la economía al ser una ciencia social, se encuentra envuelta en el principio de reflexividad, y por lo tanto, sujeta a gran incertidumbre, por lo cual no se puede aceptar de plano la efectividad de los mercados cuando se dejan a su libre albedrío. En ese sentido, las burbujas al ser producto de una mala interpretación y una manipulación de la realidad deben ser prevenidas por el Estado. Ante estas condiciones, la mayor preocupación sobre la idea de una verdadera sociedad abierta es que las instituciones políticas, en lugar de estar dotadas para hacer frente a estas imperfecciones en los mercados con mejor regulación, también caen prisioneras de la manipulación ideológica, y por supuesto, tienden a ser capturadas por grupos de interés que velan por sus beneficios. No cabe duda, como lo propone Soros, que debemos avanzar hacia una óptima sociedad abierta, pero sin corregir los riesgos crecientes que afronta la democracia representativa para caer prisionera de los intereses particulares, la defensa de los intereses colectivos y la lucha por la verdad –condiciones necesarias para llegar a ese ideal– perderá cada vez más fuerza en función de quienes se enriquecen y amparan a costa de manipular la realidad. Mientras quienes sean elegidos respondan a sus financiadores antes que a sus electores, la regulación eficiente de los mercados y la construcción de una sociedad más justa, será una quimera. "Mientras quienes sean elegidos respondan a sus financiadores antes que a sus electores, la regulación eficiciente de los mercados y la construcción de una sociedad más jus ta, será una quimera". ivanduquemarquez@gmail.com *Consejero principal por Colombia y Perú ante el BIDADRVEG

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