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Legado del profesor John Kenneth Galbraith

Hace unos días falleció en Cambridge, Massachussets el doctor John Kenneth Galbraith, Profesor titular de economía de la Universidad de Harvard. Era el economista activo más viejo de los Estados Unidos (97 años) y más alto (2 metros). Al mismo tiempo era el último representante de la escuela institucional norteamericana y posiblemente el economista con mayor número de libros vendidos a nivel mundial en las últimas décadas.

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mayo 11 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-11

Era un intelectual muy polémico que colaboró con los presidentes Roosevelt, Kennedy y Johnson y quien se desempeñó como embajador en la India. Tuvo una importante influencia en el desarrollo de los programas del partido Demócrata entre los años treinta y los noventa del siglo pasado. Fue editor de la revista Fortune, presidente de la Sociedad Americana de Economistas y recibió la medalla de la libertad de manos del presidente Clinton en el año 2000. Publicó cerca de 40 libros entre los cuales los más influyentes fueron El Capitalismo Americano (1952), La Sociedad Opulenta (1958), El Nuevo Estado Industrial (1967), La Economía y los Propósitos Públicos (1973) y La Era de la Incertidumbre (1977). Escribía con elocuencia y claridad, y sus textos eran de fácil comprensión para el público no especializado. ¿Cúal fue la trayectoria de este profesor y que se puede decir sobre la importancia de sus contribuciones y de su legado? Nació en una finca en el sur de Ontario, Canadá en 1908. Adelantó sus estudios de pregrado en la Universidad de Toronto y luego obtuvo su doctorado en 1934 en economía agrícola en la Universidad de Berkeley (California). Se vinculó como instructor en la Universidad de Harvard y en 1940, el profesor Lauchlin Currie (quien se desempeñaba como asesor económico del presidente Roosevelt) lo recomendó para un cargo público. Entre 1940 y 1943 se desempeñó como administrador del sistema de control de precios y salarios que se aplicó en E.U. durante la segunda guerra mundial. Sobre este aspecto es interesante comentar que en esa época se congelaron los precios de los principales bienes y servicios incluyendo el café. A raíz de la implantación del Acuerdo Interamericano de Cuotas de Exportación el precio internacional del grano comenzó a aumentar y esto llevó a Don Manuel Mejía, gerente general de la Federación y vocero de los países productores, a visitar Washington en varias oportunidades para explicar a las autoridades la necesidad de descongelar su precio. Tuvo oportunidad de dialogar sobre este asunto con el señor Cordell Hull, secretario de Estado pero a nivel técnico uno de sus interlocutores en este tema fue precisamente el joven economista Galbraith; después de intensas negociaciones se liberó el precio al finalizar la guerra. ¿Cuáles fueron las principales tesis que desarrolló este profesor? En su libro sobre el capitalismo americano señaló que el poder de las grandes empresas se podía balancear con la acción de los sindicatos y con la intervención estatal. En su libro sobre la sociedad opulenta atacó el alto nivel del consumo privado y la precariedad de los servicios sociales; en su libro sobre el nuevo estado industrial llegó a la conclusión de que las grandes empresas actuaban como un oligopolio y controlaban el mercado y que la competencia era irrelevante. En otros libros (La Era de la Incertidumbre, por ejemplo) divulgó la historia del pensamiento económico y explicó cómo se había difundido el pensamiento keynesiano en los Estados Unidos. Sobre este último punto vale la pena comentar que en varios de sus libros (entre otros en su libro autobiográfico publicado en 1981) afirma que algunos de los conceptos keynesianos básicos fueron introducidos por el profesor Lauchlin Currie en memorandos preparados para el presidente Roosevelt, antes de que fueran desarrollados por el gran economista británico. Hacia 1982, tuve oportunidad de preguntarle al profesor Currie qué opinión le merecía ese comentario de Galbraith y me respondió: “El profesor Galbraith es una persona muy cultivada y además es amable y agradable; ha sido un gran divulgador del pensamiento económico, especialmente de las teorías de Keynes, pero desafortundamente no está considerado en la profesión como un gran teórico o como alguien que haya revolucionado la teoría económica”. Este comentario es acertado. Galbraith tuvo mucho éxito editorial con la venta de sus libros y tuvo bastante influencia en la forma como la sociedad norteamericana se examinó a sí misma; pero entre la profesión no es considerado de la categoría de Keynes, Friedman, Samuelson, Hayek o Tinbergen. Por eso nunca obtuvo el Premio Nobel. La revista The Economist de Londres tiene razón cuando afirma en su edición del 4 de mayo de 2006 que Galbraith fue más un sociólogo, un científico político y un periodista, que un economista teórico de alto vuelo. Este profesor tenía mucha fe en la intervención del Estado y en la posibilidad de planear centralmente las economías.Por eso criticó en los años cincuenta las políticas del profesor Ludwig Erhard, padre del milagro económico alemán. En su momento también comentó favorablemente el desempeño de las antiguas economías planificadas de China y la Unión Soviética. Su tesis relacionada con el poder de las grandes empresas de controlar los mercados a su antojo es muy controversial y de hecho hemos visto en los últimos años cómo organizaciones del tamaño de la General Motors se han acercado a la quiebra. Afirmar que la competencia es irrelevante en plena era de la globalización es claramente equivocado. Como miembro de la antigua escuela institucional (impulsada por pensadores como Veblen y Mitchell) le interesaba mucho examinar la interacción entre la economía y la política. En este campo hizo algunas contribuciones de interés pero mucho menos rigurosas que las de la nueva economía institucional que crearon más recientemente los profesores Douglass North y Ronald Coase (Premios Nobel de Economía). Por otra parte, durante muchos años este profesor insistió en la necesidad de aumentar la inversión en educación, en estructurar programas para reducir la pobreza y en ponerle atención a los problemas ambientales. Estas son sin duda, ideas importantes y lo que debe buscarse es que estas políticas estén bien diseñadas y no lleven a grandes desequilibrios fiscales ni a asfixiar el crecimiento del sector privado. En América Latina sabemos que el populismo macroeconómico lleva a la hiperinflación, al estancamiento, al desempleo y a un aumento de los índices de pobreza. Finalmente, debe decirse que este profesor le dio lecciones a todos los economistas de como explicar conceptos complejos en lenguaje sencillo. El aprendió este arte cuando era editor de la revista Fortune, siendo su Jefe el señor Henry Luce, el fundador de la revista Time. Luce lo obligó a expresarse en términos comprensibles para el gran público y este factor, sin duda, explica en grado importante el alto nivel de ventas de sus libros. Fue responsable de acuñar varios términos, entre ellos el de ‘sabiduría convencional’ y el de ‘fuerzas sociales compensatorias’. Llevó una vida muy activa como diplomático, asesor político, novelista y profesor. Gozó de una gran audiencia internacional y varias universidades de Europa y Estados Unidos le otorgaron grados honoríficos. "Tenía mucha fe en la intervención del Estado y en la posibilidad de planear centralmente las economías”.En su libro sobre ‘El Capitalismo Americano’ señaló que el poder de las grandes empresas se podía balancear con la acción de los sindicatos y con la intervención estatal”.Diego Pizano, ex consejero económico de la Presidencia de la República.

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