Legalizar, no hay otro camino

En toda España se fuma marihuana legalmente. O por lo menos, toleradamente. La semana pasada estaba en una hermosa plaza de una capital provincial de ese país, conversando con varios concejales de la ciudad y al lado nuestro había un grupo de jóvenes, armando sendos ‘porros’. Pregunté y me dijeron: es legal.

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agosto 11 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-11

Era un festival de verano y en la plaza, donde se presentaban varios grupos musicales, había unas 3 mil personas, en su mayoría adolescentes. Literalmente, la plaza entera olía a marihuana. Si esto ocurre aquí -pensé- algo similar pasa en toda España, en toda Europa y también en aquellos estados de Estados Unidos donde es legal la dosis personal de marihuana. Y hace dos semanas se publicó en Colombia un estudio donde se demuestra que entre nosotros ha aumentado el consumo de marihuana y cocaína. Es una realidad palpable en todo el mundo -el aumento y consumo tolerado de ciertas drogas- con un pequeño detalle: en Colombia todavía se mueren soldados, policías, autoridades y ciudadanos del común, en la lucha contra el narcotráfico. El mundo vive una ficción según la cual en los países desarrollados se tolera la dosis personal de una droga que en todos sus pasos anteriores, venta, comercio y siembra, es ilegal. De acuerdo con la Corte Constitucional, en Colombia también es permitida la dosis personal. ¿A quién le conviene esa prohibición? A los narcotraficantes y a sus socios, guerrillas y paramilitares en el caso colombiano, que venden su producto a precios millonarios por tratarse, precisamente, de un comercio ilegal. Hace 20 años Colombia, con su Gobierno a la cabeza, inició una cruzada internacional en la prensa de Estados Unidos y Europa, y en todos los foros internacionales, para que el mundo entendiera que el narcotráfico no era un problema exclusivo de los países productores sino también de los consumidores. Ese discurso tuvo acogida y desde entonces las políticas internacionales de lucha contra las drogas se equilibraron. Pues bien, hoy hay que reconocer que el escenario cambió. Que en vez de disminuir, el consumo de drogas aumentó. Se impone un cambio de fondo de las políticas antidrogas a partir de una legalización de toda la cadena desde la siembra hasta el consumo. Hay que cambiar el enfoque: ver el problema de la drogadicción como un asunto de salud pública y no como una cuestión criminal. Así, todos los recursos que hoy se gastan en lucha contra el narcotráfico se pueden invertir en campañas de prevención y tratamientos para adictos. Esto representa un cambio de paradigma y nadie mejor que Colombia y su Gobierno para liderar este proceso. Un país que ha enfrentado el narcotráfico con decisión, sacrificio, efectividad y dignidad. Un país y una sociedad que han sido víctimas de la corrupción y la violencia de los narcos, pero que al mismo tiempo los han enfrentado y doblegado sin vacilación. En esa plaza española, en medio de la discusión con varias personas, llegué al argumento más duro posible. Les dije: detrás de cada porro de marihuana que hoy se está fumado aquí, hay sangre de policías colombianos. Era el mismo argumento, palabra por palabra, con el que hace 20 años se logró sacudir al Gobierno y al Congreso de Estados Unidos para que entendieran que eran co-responsables en la lucha contra el narcotráfico. Hoy ese argumento ya no sacude a nadie. Aunque sigue siendo cierto, la realidad es el crecimiento del consumo de drogas en todo el mundo. Lo que hay que hacer es poner el problema sobre la mesa tal como ocurre hoy y hacerlo con sinceridad. Una tarea interesante para la nueva canciller, María Consuelo Araújo. Politólogo, periodista "Lo que hay que hacer es poner el problema sobre la mesa tal como ocurre hoy y hacerlo con sinceridad”.

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