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Del Leoncio Prado a la ‘niña mala’

Aún recuerdo la cara de sorpresa del taxista limeño, por allá a comienzos de los años sesenta, cuando al llegar a media noche al aeropuerto de Lima le dije: “antes de ir al centro de la cuidad quiero que me lleve, por favor, al Callao a conocer el colegio militar Leoncio Prado”.

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mayo 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-30

Tal era el asombro que en nuestra generación causó la publicación de la novela La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa gran parte de la cual se desarrolla en la academia militar Leoncio Prado. A juicio de muchos ésta fue una obra fundamental que abrió una época pues fue la primera novela estrictamente urbana que se escribió en América latina. Por supuesto, en aquella hora de la madrugada, apenas pude vislumbrar entre la brumosa garúa limeña un inmenso muro y un portalón anodino. Desde la publicación de La ciudad y los perros en 1962 hasta su última novela -Travesuras de la niña mala- han transcurrido 44 años. Y desde la de Los jefes, su primera obra, Vargas Llosa ha construido en este ya casi medio siglo una producción literaria de dimensión descomunal. Se ha convertido en una especie de Balzac latinoamericano que nos ha ido dejando testimonios inapreciables de su época, de su mundo, y de su región. Desde la inolvidable Casa Verde hasta testimonios soberbios de dictaduras y de regímenes autoritarios de su país y de América latina como son Conversaciones en la catedral y La fiesta del Chivo. Desde novelas que han sido llevadas al cine con fortuna como Pantaleón y las visitadoras hasta las que entraron en el ámbito de las telenovelas como lo fue acá en Colombia La tía Julia y el escribidor impecablemente interpretado por Carlos Muñoz. Desde los lúcidos ensayos que le inspiró su incursión en la política recogidos en El pez en el agua hasta los que periódicamente escribe en el País de Madrid. En fin, de la crítica literaria al teatro, del ensayo a la novela, la obra de Vargas Llosa alcanza una dimensión verdaderamente colosal. No sé si su última novela -Travesuras de la niña mala- esté entre sus mejores producciones. Tal vez no esté entre ellas. Siendo una buena obra quizás no sea su más elaborada creación. Pero es un peldaño más en ese formidable edificio que ha ido construyendo Vargas Llosa con admirable disciplina a lo largo de cinco décadas. En esta simpática novela que en cierta manera retrasa los escenarios europeos donde ha transcurrido buena parte de la vida del novelista: París, Londres, Madrid, con el fondo brumoso de Lima como telón de fondo, vemos recreado -con una precisión que sólo advierte al instante la generación a la que la deslumbró en su momento la publicación de la La ciudad y los perros- el ambiente de aquellos inolvidables años sesenta y setenta del siglo pasado. La revista Arcadia publicó hace algunas semanas un documentado artículo en el que demostraba “¿Por qué no le van a dar el Nobel a Vargas Llosa?”. Debo confesar que al terminar de leer las Travesuras de la niña mala me quedó la sensación contraria. Es decir, la de que los ignotos jurados de Estocolmo sí van a darle algún día el Premio Nobel a Vargas Llosa. Sería lo justo. Ex ministro de Hacienda "De la crítica literaria al teatro, del ensayo a la novela, la obra de Vargas Llosa alcanza una dimensión verdaderamente colosal”.

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