¿Qué les pasa a los liberales?

La verdad es que ser liberal o haberlo sido parece marcar. Hasta a Uribe, que se había salido del redil, le salió el liberal que todavía le quedaba por dentro el día que le tocó decidir que hacía...

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marzo 14 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-14

La selección por parte de Juan Manuel Santos de Angelino Garzón, un ex miembro del Partido Comunista, líder sindicalista de izquierda, pero al mismo tiempo ex ministro de Estado, ex colega y ex gobernador, como compañero de fórmula ha provocado muchos comentarios y actitudes.

También ha suscitado especulación sobre las intenciones del candidato, cuya astucia y habilidad para pasar de ser enemigo a ser aliado, y viceversa, son bien conocidas. Las interpretaciones que surgen del lado de la derecha para explicar dicha selección van desde el rechazo absoluto hasta la más profunda admiración por la sagacidad de Santos.

En la mitad están quienes creen que aunque puede ser una hábil táctica electorera demuestra una falta de consistencia y de compromiso con los programas, y las ideas que los hace dudar de la capacidad del candidato para continuar en pro de los objetivos que persiguió Uribe durante sus dos administraciones. En la izquierda se dice que fue una jugada oportunista.

Cualquiera que sea la interpretación correcta, lo cierto es que la decisión parece haber caído bastante bien en general, aunque en la derecha estén todavía rechinando los dientes y se expresen quejas en voz baja. Pero quizás, entre todas las interpretaciones, ha hecho falta una más sencilla: que Santos es liberal y que se siente incómodo en la extrema derecha. Algunos lectores deben haber soltado la carcajada en este punto, pero es en serio que lo digo.

Cuando fui candidato a la Alcaldía de Bogotá, muy recientemente salido del Ministerio de Hacienda, hubo personas que me apoyaron y que aportaron recursos a la campaña, porque pensaban que el programa que propondría sería de corte neoliberal. Cuando se hizo evidente que no lo era, uno de ellos se quejó y pidió que se hiciera más énfasis en temas de 'ley y orden' y que dejara tanta tontería social.

Es que los liberales tenemos adentro un dispositivo social demócrata, que toma el control en los momentos más oportunos y en los más inoportunos. A Rafael Pardo le sucedió al día siguiente de haber hecho un pacto con Germán Vargas, que posiblemente lo puso a pensar que se había aliado con el ala derecha del antiguo liberalismo, pero el diablillo de izquierda debió salir a dictarle la carta dirigida a Petro, que le puso fin a esa alianza y lo dejó confortablemente solo, a cargo de una clientela liberal reducida, pero ideológicamente homogénea.

Lo que es verdaderamente singular es que Vargas Lleras también tiene un super ego social demócrata que le da línea. Durante la entrevista con el diario La República, en la que participé como sparring, me sorprendía cada rato con propuestas y posiciones que no correspondían a un candidato de derecha, sino a alguien comprometido con una política económica y social de centro izquierda (intervención del Estado, controles al gran capital, compromiso con la seguridad social, la salud, la educación, políticas de tierras, reforma urbana y desarrollo agrario, y mucha preocupación con los problemas sociales.

Le pregunté por qué se había salido del libreto que lo había hecho popular, que era de apoyo a la fuerza pública y precursor de la 'Seguridad Democrática'. No recuerdo bien que respondió, pero no se sentía incómodo con sus políticas sociales ni por haber ampliado su alcance ideológico. La verdad es que ser liberal o haberlo sido parece marcar. Hasta a Uribe, que se había salido del redil, le salió el liberal que todavía le quedaba por dentro el día que le tocó decidir que hacía ante la decisión de la Corte Constitucional.

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