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La ley de las más fuertes

Terminé de trotar los rigurosos 10 kilómetros diarios; hice la rutina de abdominales, pectorales y pesas hercúleas, y entré a mi casa resoplando como un búfalo. Me recibió el hálito maligno de un estornudo.

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septiembre 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-05

“Creo que me va a dar gripa” -dijo La Mona acatarrada. “Eso te pasa por no hacer deporte” -le dije, mientras cumplía mi estiramiento felino. “Claro -me contestó-, seguramente. Y por no ser La Mujer Maravilla. O porque solo tengo fuerzas para trabajar toda la semana, llegar a organizar la comida, hacer mercado, pagar los servicios, buscar al plomero, al electricista y al albañil y comprar tejas en Home Center. Y cuidar al perro ese que le regaló a Sara”. “Basta -le dije-. Estás esparciendo el virus”. Dicho y hecho. A las tres de la tarde del domingo, mientras ella no paraba de estornudar sino para toser, comencé a sentir el cosquilleo en la garganta, la sigilosa gota de líquido impertinente bajándome por la nariz. “No me digas que te prendí la gripa, Superman…”. -No. El lunes a las seis de la mañana escuché sus pasos. “¿Te bañas o me baño?” -me dijo, con una voz típica de ultratumba. “¿Bañarme? -le pregunté temblando-. Mujer: no pegué el ojo en toda la noche. Estornudé, consumí una caja de kleenex, me duelen los huesos y tengo fiebre y escalofrío. ¿Cómo voy a bañarme?”. “Como yo -dijo ella-. Que tengo que irme a trabajar”. “Yo no puedo… Voy a llamar a Stellita para que me cancele las citas. Creo que me voy a morir”. No le importó. Se bañó, se arregló el pelo con el secador estrepitoso, se tomó un Pax día, ¡Y se fue a trabajar! Yo, mientras tanto, me debatí entre la vida, la muerte y los mocos. Casi no pude dormir. Y sin embargo, me levanté para esperarla. “Te falta el pasamontañas” -dijo en su voz escasa, solo porque previne la neumonía enfundado en las babuchas, con mi piyamita de dulceabrigo, las medias de lana, la bata acolchada, la bufanda y el gorrito de dormir. Y el termómetro bajo la lengua para monitorear la temperatura. “Estoy enfermo, mujer. Grave. ¿O crees que estoy fingiendo?”. “No. Te estás portando como todo un hombre. Como todos los hombres”. No le dije nada. Si mi mamita estuviera aquí... Solo el vickvaporub frotado en el pechito distinguió mi noche del verdadero infierno. Y tenía que escribir la columna de PORTAFOLIO. “Rosa María: va a tener que repetir a Mauricio Reina. No tengo cabeza para pensar, mucho menos para escribir. Estoy que me muero”. “Yo también -dijo Rosa María-. El viernes tuve un problema con la hernia discal, estuve hospitalizada y me dieron una semana de incapacidad. Pero tengo mucho trabajo, y aquí estoy”. Pensé: ¡qué afortunada es Rosa María en no tener una gripa como la mía! Sorbí mi aguadepanela calientita. Y llamé a la Prepagada. Me voy a morir. carlosgustavo.alvarezg@etb.com.co '' Solo tengo fuerzas para trabajar toda la semana, llegar a organizar la comida, hacer mercado, pagar los servicios, buscar al plomero, al electricista...”.WILABR

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