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Liberales: otros cuatro años en el desierto

Había un historiador en Bucaramanga famoso por sus apuntes. Cuando alguien le pedía que narrara la famosa batalla de Palonegro, la más cruel y prolongada de la Guerra de los Mil Días, el historiador contestaba: Mijito, cómo la quiere, ¿ganando los liberales o ganando los conservadores?

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mayo 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-30

Poco antes de morir, el expresidente Julio César Turbay Ayala se reunió con los dirigentes de un instituto adscrito al Partido Liberal. Ellos le llevaban una carta de invitación protocolaria a una de las tantas "cumbres" políticas. Todo indicaba que el intercambio de palabras no duraría más de quince minutos. Duró tres horas. Turbay les dictó lo que ellos consideraron una valiosa clase de pragmatismo político. Empezó con analizar el Gobierno de Olaya Herrera; por qué entró en crisis el segundo gobierno de López Pumarejo; cuáles fueron las causas de la división entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Y cuando llegó al enfrentamiento entre Álvaro Uribe y el Partido Liberal, dio su sentencia final: El Liberalismo no aguanta ocho años en el asfalto. Por eso debía unirse al Presidente. Entre argumento y argumento, Turbay tomaba puntualmente sus pastillas, mientras su secretaria lo interrumpía de manera discreta cada cierto tiempo con el viejo truco que le ayudaba a terminar diplomáticamente las reuniones: "Presidente, tiene una llamada de Palacio". Pero el ex presidente contestaba con suavidad: “Diga que yo llamo más tarde”. Estas anécdotas ilustran el confuso panorama político en que quedó el Partido Liberal luego de su tercera derrota consecutiva en unas elecciones presidenciales. El representante Luis Fernando Velasco, contrario a lo que pensaba Turbay, no dudó en afirmar: "El desierto purifica". El expresidente Alfonso López Michelsen selló ayer el debate sobre si había que entregarle o no a Uribe las llaves del Partido. "Ya las tiene", respondió. Y basó su tesis en que buena parte de quienes antes integraban el Liberalismo, ahora están bajo la sombra del Presidente. Para López, el Partido debe hacerle oposición al Gobierno, a las políticas sociales, económicas, no a las personas. Además, contrario a lo que en coro se está afirmando en todos los medios, no cree que Serpa esté muerto políticamente. Citó el caso de Alan García, que resucitó y puede ganar la Presidencia de Perú, luego de haber salido expulsado y exiliado de su país. "Eso no significa que yo esté anunciando la cuarta candidatura de Serpa", puntualizó López. Algunos parlamentarios del Liberalismo prefieren, como el historiador bumangués, ver las cosas del lado positivo. Consideran que mantenerse en la oposición es, políticamente, más rentable a mediano plazo que colgarse de últimas en el tren victorioso del Gobierno, "donde, como están las cosas y con tantos invitados de última hora, nos mandan a comer a la cocina", dijo un senador oficialista. "Ya hemos atravesado más de la mitad del desierto", dijo otro congresista al comentar las palabras de Velasco. Se refiere al análisis que se ha hecho en las poco concurridas reuniones de parlamentarios liberales que se dieron antes de las elecciones. La tesis que más ha pegado es que el uribismo se va a fraccionar de manera inevitable. No hay forma de reconciliar a personalidades tan disímiles como Germán Vargas Lleras y Juan Manuel Santos. Y que el desgaste en el ejercicio del poder será de tal magnitud,que nuevamente el electorado va a mirar hacia el Partido Liberal como lo hizo en más de medio siglo. Mejor dicho, aspiran a que la batalla de Palonegro la vuelvan a contar del lado de los liberales. Ante la crisis del bipartidismo: muchos saben como montarse al tren ganador En una reciente reunión promovida por dirigentes del Polo Democrático, un muchacho universitario, hijo de uno de los líderes asesinados de la Unión Patriótica, decía que si Carlos Gaviria ganara la Presidencia, no tendría con quién gobernar porque en la izquierda no hay suficientes líderes. “Tranquilo, que si Gaviria gana Carlos Holguín se vuelve del Polo”, le respondió otro de los asistentes. Más que una simple anécdota, el hecho retrata el pragmatismo que se apoderó de la política colombiana. La crisis de los partidos es tan solo la crisis de los “cascarones” jurídicos llamados Partido Liberal y Partido Conservador. La mayoría de los liberales y todos los conservadores forman parte de la coalición de Gobierno. Lo hacen bajo diferentes denominaciones: Alas Equipo Colombia, Cambio Radical, el Partido de la U, Convergencia Democrática, y también Partido Conservador. Lo que sí murió fue el bipartidismo entendido como la alternación del poder entre liberales y conservadores, tal como quedó proyectado en el Frente Nacional, nombre que por cierto no le dice nada a las jóvenes generaciones. Una persona de 30 años nació cuando ya se había acabado el famoso acuerdo de Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo. Es decir, está en vías de extinción el sentimiento que hacía que una persona votara por un candidato por el solo hecho de ser liberal o de ser conservador. Que Álvaro Uribe es de origen liberal tiene sin cuidado a la mayoría de los 7,3 millones de personas que votaron por él el domingo. En cambio, Serpa intentó a última hora valerse del sentimiento liberal, también llamado “el trapo rojo”. Su estrategia fracasó. Ese sentimiento alcanzó a despertar el fervor en otras épocas. Sobre todo cuando el contrincante por el conservatismo era Álvaro Gómez, a quien asociaban con las épocas de terror de la violencia. Serpa, si llegare a insistir como lo hizo Gómez, va a ser inevitablemente asociado con la vieja política, así los más veteranos representantes de la vieja política estén ahora del lado de Uribe. El Presidente tiene bajo su alero casi a todos los que estuvieron con Serpa cuando éste tenía 42 puntos en las encuestas, finalizando 2001. Allí están Luis Guillermo Vélez, quien era el jefe de la Dirección Liberal de ese entonces, y Aurelio Iragorri, veterano barón electoral del Cauca. El senador Víctor Renán Barco, considerado uno de los mayores “activos” del Liberalismo en el Congreso, constituye un clásico ejemplo del desorden partidista. Ha estado en la coalición uribista desde el comienzo del Gobierno, pero en las elecciones parlamentarias prefirió regresar a su partido. Así que si el Liberalismo se declara en oposición, por ejemplo a la reforma tributaria, y todos sus congresistas deben votar en contra, no se sabe qué camino va a adoptar Víctor Renán. El Partido Conservador, entre tanto, ha sido aun más pragmático. Sabe que solo no llega al poder. Cuando lo ha hecho en la historia reciente, es decir, con el triunfo de Belisario Betancur y de Andrés Pastrana, ha sido gracias a coaliciones. Así que la crisis del bipartidismo se venía cocinando hace no menos de veinte años. Y lo que ocurrió el domingo pasado fue el hervor final que hará replantear la organización de las colectividades que se dice fueron inspiradas por Bolívar y Santander."Tranquilo, que si Gaviria gana, Carlos Holguín se vuelve del Polo Democrático”

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