Liberales 'Uníos'

Liberales 'Uníos'

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diciembre 09 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-09

El Partido Liberal convoca una convención y llama a la a la unión de los que considera su fragmentos. ¡Vaya resurrección! Atrás quedaron los apenas 440.00l (4,4%) votos y el sexto lugar en la primera vuelta de su candidato presidencial Rafael Pardo hace año y medio. El lánguido resultado de Pardo no fue accidental. El liberalismo venía de capa caída desde 1998. El partido que dominó la vida electoral de Colombia desde 1934 obtuvo 3'650.000 en 1998, cuando se perdió la presidencia por un suspiro, 3'500.000 en el 2002, cuando arrasó el huracán Uribe y pálidos 1'400.000 en el 2006, cuando sacó la mitad de los votos que el Polo Democrático. Las tres derrotas fueron encajadas por Horacio Serpa, quien reencauchado en sus lares santandereanos no pierde las esperanzas. El partido iba en picada desde la catástrofe política Ernesto Samper (1994-98) y el proceso 8.000 que lo resquebrajaron. Por los vericuetos del yo-no-sé-que-hacer se deslizó hacia la esquizofrenia. El momento más enrevesado se dio con la copresidencia en la dirección liberal de Piedad Córdoba y Juan Manuel López en el 2003-2005, como quien dice un pie en las Farc y otro en Auc. Ambos andan hoy en otros menesteres. La cordura regresó con César Gaviria, que, desempacado de la OEA, se hizo cargo (2005-2009) de un partido desmoralizado y llevando palo. Subsistían, sin embargo, fortalezas regionales. Muchos caciques migraron hacia 'La U', el partido del poder, pero algunos permanecieron fieles por conveniencia lugareña o por atavismo. Con ellos se reinició la reconstrucción. La paciencia del ex presidente para sobrellevar la sequía fue admirable. Complicado peregrinaje con un personal largamente acostumbrado a pelechar bajo la sombrilla burocrática. Para oponerse a Álvaro Uribe hacían falta ijares bien guarnecidos. La espuela tallaba. Y en efecto, el liberalismo sólo logró elegir el 17% del Senado en las elecciones del 2010, su participación más reducida desde 1930. Resulta curioso que pocos duden del derecho liberal a reclamar hijos pródigos. La idea parece natural. Bastaría quizá el claxon del presidente Santos, aunque hagan falta también planteamientos decantados para ocupar, como pretende, el centro del abanico político. Lo más complicado será acomodar a la izquierda liberal en el partido policlasista de antaño que se intenta reconformar. Antes no existía más alternativa que el comunismo. Los que se sentían incómodos en compañía de la burguesía derechista que financiaba el partido no tenían para dónde coger. Ahora canta todo el rebaño de sirenas de la izquierda democrática, que va desde el verde hasta el petrorosado. En 1701, don Sancho Jimeno, el paladín de Cartagena contra los bucaneros unos años antes, no sabía de espectros ideológicos. O se era leal a los Borbones como él, o se juraba al pretendiente postulado por los austriacos. Nadie más podía heredar la corona que había quedado vacante con la muerte sin hijos de Carlos II. En mejores épocas para el liberalismo, siempre era posible refugiarse en el editorial del periódico El Tiempo. Un día de elecciones cualquiera sonaba la trompeta y hasta los más díscolos salían a formar detrás del trapo rojo. Todo volvía a su cauce. Los tiempos han cambiado. Aparte de aferrarse al poder como único abrigo, tal como lo ha hecho sin más esperanza el conservatismo, habrá que ser creativo para atraer al creciente y sin amarres electorado urbano. El centro no es un lugar es una idea. Rodolfo Segovia Ex ministro - Historiador rsegovia@axesat.com

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