Libertad, diversidad y democracia

Es la oportunidad de crear reglas claras e instituciones fuertes que generen equilibrios y una democracia ampliada.

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noviembre 05 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-05

Todo es nuevo y sorprendente en Estados Unidos de Norteamérica.

De una parte, era prácticamente imposible pensar hasta hace unos años que un hombre de color accedería al poder y, de la otra, que lo haría no solo con un apoyo importante del pueblo norteamericano, sino con una mayoría en el Congreso que le permitirá proponer y realizar cambios fundamentales en política y en economía.

Los retos que enfrentará son inmensos:

En el actual contexto de crisis mundial, con Estados Unidos y Europa en recesión o al borde de ella, y con China, India y Rusia asumiendo el nuevo papel que les corresponde en la economía y en la política mundiales, deberá reconocer el fin del unipolarismo vigente desde la caída del muro de Berlín y buscar arreglos globales que conduzcan a una nueva arquitectura financiera, comercial y política.

Es la oportunidad de crear reglas claras e instituciones fuertes que generen equilibrios y una democracia ampliada en el ámbito multilateral. También existe una crisis ética y de valores y el papel de Estados Unidos ha sido relevante en la pérdida de credibilidad en el respeto a los derechos humanos en el mundo.

La guerra de Irak, los detenidos en Guantánamo, las incursiones en diferentes partes del mundo, con la política de perseguir el terrorismo esté donde esté y las fundadas sospechas de que los intereses económicos de unos pocos están por encima de cualquier derecho que corresponda a los colectivos, son todos aspectos que deberán ser enfrentados por el nuevo mandatario, quién tendrá que apoyar los principios y programas establecidos en las Naciones Unidas, antes que pretender fortalecer el papel de certificador internacional unilateral de los derechos humanos, cuando la verdadera calentura está en sus sabanas.

Con Latinoamérica las relaciones deberían recuperar el nivel de diálogo y de cooperación que se ha perdido por la agenda desarrollada por el presidente Bush, limitada a exigir el apoyo en su lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, así como la imposición de acuerdos bilaterales para proteger el capital trasnacional norteamericano, como único objetivo económico y comercial.

El diálogo con Suramérica podría incluir aspectos relativos al desarrollo y priorizar temas sustantivos de la agenda global como las migraciones, la biodiversidad y el desarrollo sostenible.

Finalmente, los mayores cambios se verán en la agenda con nuestro país. Aunque continuará existiendo una alianza estratégica importante, tristemente alrededor de la lucha contra el narcotráfico, en todo lo demás habrá que reconstruir la confianza y especialmente el respeto a los derechos humanos.

Ya no habrá más un Plan Colombia como el que conocemos y lo que quede de él tendrá un énfasis más social que militar, con mayores condicionalidades y, seguramente, el Tratado de Libre Comercio demorará meses en su aprobación, si es que se aprueba.

Pasaremos de ser la punta de lanza de la política norteamericana en la región a un país que deberá superar la desconfianza que le merecemos al nuevo Congreso y al Presidente norteamericano.
Libertad, diversidad y democracia, esos serán hacia el futuro los valores compartidos y no únicamente lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

germanumana201@hotmail.com 

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