Con lombrices, buscan 'aliviar' a Doña Juana

Con lombrices, buscan 'aliviar' a Doña Juana

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julio 04 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-04

Cuando se produjo el derrumbe de 800.000 toneladas de basura en el relleno de Doña Juana, el sábado 27 de septiembre de 1997, se destaparon varias cosas: las deficiencias en la disposición de las basuras, el peligro que representan los residuos líquidos (lixiviados), un nauseabundo olor que asfixió a la gente hasta varios meses después, pero también buenas ideas.

Para los habitantes de barrios y zonas semirrurales próximas al relleno, principalmente de las localidades de Usme y Ciudad Bolívar (sur de Bogotá) quedó al descubierto la necesidad de desarrollar estrategias que impidieran que un hecho así, una de las mayores tragedias ambientales que ha sufrido el Distrito Capital y el país, volviera a ocurrir. Algunos pensaron en lombrices.

La idea, en principio, fue quijotesca pues nadie podía imaginar cuántos de esos gusanos de la especie de los anélidos, que pesan en promedio un gramo, se necesitarían para enfrentar la creciente mole de basura que se alimenta con 6.000 toneladas diarias de residuos sólidos que producen 8 millones de bogotanos. Otros pensaron que las soluciones eran tarea de las autoridades y no podían quedar 'en manos' de unos organismos de color rojo oscuro, tan frágiles que mueren en pocos minutos si se exponen al sol.

Sin embargo, un grupo de ambientalistas empezó a darle cuerpo a la iniciativa y hoy avanzan en el proyecto, en la finca El Bosque, de la vereda Mochuelo, de Usme, ubicada en un valle formado por la cuenca media del río Tunjuelito, exactamente detrás del relleno que para muchos es uno de los más grandes del mundo.

Con lombrices 'eisenia foetida' y 'esisenia andrei', de la especie roja californiana (únicas que transforman materia orgánica en descomposición), trabajan literalmente sobre las espaldas de ese gigante de desperdicios que hace once años se movió por una recirculación de lixiviados iniciada el 12 de junio de 1997, que aceleró el proceso de inestabilidad del relleno hasta hacerlo fallar, según el diagnóstico que dieron en su momento Sadat Internacional, Arthur D'Little y la Universidad de los Andes, después de un estudio geotécnico y ambiental.

Un trabajo con lombrices y otros aliados

El grupo de ambientalistas no quiere que Doña Juana ni siquiera 'estornude'. Recuerdan que cuando colapsó, el sur de Bogotá vivió una grave emergencia sanitaria: los hospitales no dieron abasto por el alto volumen de personas que llegaron afectadas debido a los hedores y a las plagas generadas después de la falla. También saben que con sus lombrices no le harán "ni cosquillas" al monstruo, pero su estrategia no busca 'aliviarlo' interviniéndolo directamente, sino con aliados.

Para eso, crearon Abonarte, un proyecto de emprendimiento empresarial que básicamente transforma residuo orgánico de hogar y de plaza a través de la lombricultura.

Además de abonos y seis empleos (varios no formales, que incluyen a una habitante de calle y a una madre cabeza de familia), pretenden generar conciencia en la comunidad para que entienda que es posible anticipar los problemas originados de los desechos si hay una disposición organizada de las basuras desde sus casas. También quieren demostrar a los gobiernos locales y Distrital que esa puede ser una alternativa que podría ser contemplada.

"El proyecto empezó hace unos tres o cuatro años en forma de idea, de sueño, a partir de la experiencia de algunos compañeros ambientalistas que hicimos unas pruebas", recuerda Ana Mery González Suárez, técnica profesional en gestión de recursos naturales y gerente de la empresa. "Hicimos un curso de lombricultura y me enteré, por correo electrónico y periódico, que se había abierto una convocatoria para ideas de negocios".

Se trataba de la convocatoria nacional de Destapa Futuro, de Bavaria, de la que supo Ana Mery el último día. "Envié mi propuesta y salí seleccionada, primero entre los 600, luego entre los 300 y después entre los 60 premiados. Empezamos en serio el 20 de enero de 2007".

La empresa tiene un alto contenido pedagógico, ya que busca impactar a la ciudadanía para que seleccione la fuente (de los desechos). De esa manera, se puede capturar una gran cantidad de residuo orgánico para ser transformado en Abonarte, "pero también evitar que ese residuo orgánico vaya al relleno sanitario de Doña Juana", agrega Ana Mery.

Hoy tienen organizada una red de cien hogares, varios supermercados y algunas panaderías de Usme. "Nosotros les entregamos una caneca limpia, recubierta en su interior con bocashi (salvado de trigo inoculado con microorganismos eficientes) en la que ellos echan los desperdicios orgánicos, después los recogemos, los traemos a la planta, los picamos y los ponemos a compostar entre 15 y 20 días (compost es el humus obtenido de manera natural por descomposición bioquímica)", explica.

Lombrices en acción

Cuando las condiciones (de p.h. y humedad, básicamente) están estabilizadas, mezclan ese humus con contenido ruminal (última comida de la vaca antes de ser sacrificada; es, exactamente, el contenido de la panza; no es estiércol), que también ha sido compostado por separado con cáscara de huevo molido proveído por las panaderías. Todo se lo dan a las lombrices.

"Aplicamos una metodología de lombricultura patentada en Brasil. Es única en el mundo y en este momento nosotros somos los únicos que la tenemos en Colombia. Es una metodología que busca, fundamentalmente, controlar todo el tiempo del proceso el ambiente, evitar que se contamine por cualquier medio el sustrato, que no pierda nutrientes por volatilización y, además, aprovechar el espacio verticalmente", cuenta Ana Mery.

Se trata, básicamente, de varios estantes modulares conformados por canastas de material sintético ubicadas en varios niveles. De un nivel a otro, el residuo orgánico, por acción de las lombrices, se va convirtiendo en  abono final, que es tamizado y empacado para su distribución.

La empresa trabaja con 800 kilos de lombriz. Por canasta, se utilizan tres kilos que equivaldrían a 3.000 lombrices, si se tiene en cuenta que cada lombriz adulta pesa un gramo. Pero la concentración de lombrices es del 20 por ciento. "Cuando uno compra una tonelada de lombriz, en realidad está comprando trescientos kilos de lombrices; lo demás es el sustrato donde ellas viven", explica.

Esos anélidos son el recurso más preciado de la empresa y por eso los tratan con mucho cuidado. En la finca El Bosque tienen un espacio que llaman la 'sala-cuna', reservado para el pie de cría. Allí crecen las lombrices antes de ser involucradas en el proceso de producción.

"Se traen pequeñitas y se alimentan igual que las otras, pero no se cosechan. Esta es un área restringida, está en condiciones ambientales controladas porque de ello depende que tengamos lombriz para siempre", dice Ana Mery. "Ellas son sensibles, vulnerables, y les preparamos alimentos con melaza, porque contiene potasio", agrega con un dejo de afecto.

La empresa recoge 18 toneladas de residuos orgánicos al mes y solamente el 25 por ciento es el humus final que debe tener, máximo, el 20 por ciento de humedad.

"La lombribasa viene siendo el estiércol de la lombriz y lo que la hace particularmente interesante es que el tracto digestivo de la lombriz enriquece ese abono con unos componentes que no son desarrollados sino por la lombriz. Hace los nutrientes más asimilables al suelo", explica la ingeniera de alimentos Lucely Guerra Guerra, otra socia de la empresa.

"Lo que vendemos finalmente es humus o lombrinasa, un fertilizante orgánico y acondicionador de suelos especial para todo tipo de producto, pero más para arveja y hortalizas. Actualmente, estamos haciendo una prueba con papas en Sumapaz, que está dando buenos resultados", dice Ana Mery.

Ahora tienen una producción mensual de tres toneladas de lombrinasa, cada una de las cuales cuesta 625.000 pesos. Si la venden por kilo, vale 2.500 pesos. Su producción por el momento es esa, pero deben llegar a 10 toneladas mensuales, que es la capacidad del montaje de las instalaciones.

"Como los socios tenemos un fuerte arraigo local, estamos trabajando con un productor de papa y dos de arveja de Usme, Ciudad Bolívar y Sumapaz. Ellos utilizan mucho abono y nuestras tres toneladas fácilmente las consume un solo cliente", dice Ana Mery.

Esos agricultores también prefieren la lombrinaza porque con los actuales costos del petróleo el precio de los agroquímicos está disparado. "Nuestro producto es 25 por ciento más económico al productor, al suelo y al cultivo. El 25 por ciento del costo de un bulto de agroquímicos es el costo de un bulto neto de nuestro abono", explica.

Así, Abonarte ha conformado toda una cadena humana con un eslabón especial de lombrices, con la que pretende no sólo producir abonos, sino ideas y alternativas para que Doña Juana no se vuelva a mover.

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