El lujo de narcos mexicanos es exhibido en un museo del D.F.

El cuerpo disecado de ‘Zuyaqui’, el perro que más droga ha detectado en México, monta guardia sobre las pistolas de oro y brillantes con logotipo de Versace de los señores del narcotráfico en el militar Museo del Enervante.

POR:
enero 12 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-12

Cerca de dos decenas de armas doradas, algunas con más de cien pequeños diamantes en la culata y otras con el nombre del sicario -como ‘El Matadore’ o ‘El Embajador’- grabado en el cañón, duermen en sus vitrinas, en el corazón de la sede de la Secretaría de la Defensa Nacional en la capital mexicana. No todos los sicarios pueden acceder a un arma así, no sólo por que cuestan entre 20.000 y 30.000 dólares (el precio de dos kilos de cocaína, aproximadamente), sino porque depende del rango y el respeto que se hayan ganado, explicó el guía del recinto. “Con frecuencia encontramos en las armas de fuego grabados de animales salvajes y joyería ostentosa, como oro, brillantes, rubíes, esmeraldas, marfil, motivos alusivos a personajes históricos y decorados artísticos”, dice. Está claro que el narcotraficante busca volcar en el arma su personalidad o parte de su manera de pensar, y la ostentación. El lujo de la narcocultura lo exhiben toda clase de objetos incautados a capos y lugartenientes detenidos, como el celular de oro de Daniel Pérez Rojas, ‘El Cachetes’, del grupo de sicarios Los Zetas, brazo armado del cartel del Golfo. La seña de identidad de sus miembros, un dije también de oro en forma de moneda con una Z grabada, también está allí. A su lado reposan las gafas Christian Dior con patillas doradas de Benjamín Arellano Félix, ‘El Tigrillo’, líder del cartel de Tijuana. Colgado en la pared está el sombrero blanco norteño de ‘El J.T.’, Javier Torres Félix, operador del cartel de Sinaloa, muy cercano a su cúpula. Lugar de estudio para militares y criminólogos El museo guarda también armamento con menos florituras que las pistolas de oro, pero bastante más mortífero, como el AK-47, rifle de asalto por excelencia del crimen organizado, al que se apoda ‘cuerno de chivo’ por su cargador curvado. El museo, que no está abierto al público, tiene un fin didáctico, para los propios militares y para la formación de profesionales como abogados y criminólogos. En sus salas se detallan todas las acciones del Ejército en la lucha contra las drogas y continuamen- te llegan objetos y fotos de detenciones y decomisos. HERJOS

Siga bajando para encontrar más contenido