La luminosa economía de China tiene su lado oscuro

El problema de inflación es un síntoma de los desbalances de la política económica china, que genera

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diciembre 15 de 2010 - 10:53 p.m.
2010-12-15

La inflación anual en China alcanzó en noviembre un máximo de 28 meses de 5,1 por ciento, liderado por un avance de 11,7 por ciento en los precios de los alimentos. Ante el rápido aumento en la inflación, el Banco Central anunció la semana pasada una nueva alza en los encajes bancarios (por tercera ocasión en un mes), luego de que en octubre aumentó la tasa de interés de referencia por primera vez en tres años.


Por su parte, el Gobierno ha anunciado medidas de control de precios, subsidios a las familias pobres, y castigos a los grupos que traten de limitar la oferta para beneficiarse de precios altos. No obstante, las expectativas de los analistas apuntan a un incremento sostenido en el promedio anual de la inflación hasta 2013, cuando alcanzaría 4,1 por ciento, superior a la meta de 3 por ciento del Banco Central. En estas medidas administrativas tendrán efectos marginales sobre los precios, dado que no atacan la causa principal del problema.


A esto se suma el hecho de que la inflación en China podría estar subestimada. Algunos expertos apuntan a un sesgo de hasta 7 por ciento, como resultado de una ponderación insuficiente de los componentes de transporte, energía y vivienda en la canasta de precios. Desde que fue establecida, en 1993, la canasta no ha presentado ajustes sustanciales, y la muestra de 120.000 hogares resulta poco representativa para un país con 1,3 mil millones de habitantes. Además, los datos reportados generan dudas: dos grandes supermercados en Shanghaí, declararon que los precios del arroz han aumentado entre 132 y 190 por ciento desde 2007, mientras que el Gobierno reporta que dicho incremento ha sido de 38 por ciento.


El problema de inflación en China es un síntoma de los desbalances de su política económica, que generan episodios de volatilidad y desvalorizaciones en los mercados mundiales, en momentos donde la recuperación global precisa del impulso de este país.


En primer lugar, la política de evitar la apreciación del Renminbi (RMB) ha inyectado liquidez al mercado mediante la compra de aproximadamente 1,2 mil millones de dólares diarios desde 2007. La venta de bonos y el aumento en los encajes bancarios han logrado recoger parte del exceso de RMB, pero no todo. En segundo lugar, el mantenimiento de una baja tasa de interés, a pesar del sólido crecimiento, genera fuertes presiones inflacionarias. La tasa de interés real se ubica actualmente en 0,6 por ciento y podría ser negativa de ser cierto que la inflación reportada está subestimada.


MANEJO DE LAS TASAS


En EE. UU., una tasa de interés real de 1,6 por ciento entre 2001 y 2005 favoreció la generación de la burbuja inmobiliaria. En China, el ‘pueblo fantasma’ de Ordon, donde se realizan construcciones a pesar de la indudable falta de residentes, evidencia distorsiones serias en el mercado inmobiliario. A nivel nacional, el valor de las propiedades como proporción del ingreso promedio anual disponible asciende a ocho veces. En Japón, este indicador alcanzó un máximo de nueve veces previo a la crisis inmobiliaria de los 90. La solución a estos problemas pareciera ser simple: subir las tasas de interés y dejar apreciar el RMB, pero este no es el caso en China.


Por un lado, subir las tasas de interés aliviaría la presión sobre los precios de los activos, principalmente en el mercado inmobiliario. No obstante, existen problemas que pueden obstaculizar la lucha contra la inflación al utilizar esta medida. El primero está relacionado con la distribución del capital en la economía. Puesto que la mayor parte de la población tiene sus activos en forma de depósitos de ahorro y no en opciones financieras como acciones, bonos o finca raíz, una subida en la tasa de interés aumentaría la rentabilidad de estos depósitos y podría generar un efecto riqueza positivo, que terminaría por aumentar el consumo de los hogares y presionar la inflación.
Otro problema es la deuda del Gobierno chino.

 

Las cifras son oscuras y poco confiables; muchos de los préstamos ocurren fuera de los balances contables y mediante acuerdos con el sector privado, pero expertos estiman una deuda pública del 70-100 por ciento del PIB.
Aumentar las tasas de interés ejercería gran presión sobre las finanzas públicas, que se ven limitadas para aumentar su recaudo: i) la alta inequidad (el Gini de China es 0,48) y el bajo ingreso per cápita (6,838 dólares) dificultan un aumento de la recaudación mediante impuestos a la renta; ii) un incremento en impuestos a las ventas o a las importaciones empeorarían la inflación; y iii) mayores impuestos a la renta corporativa desincentivarían la inversión, lo que entra en conflicto con la política que busca el Estado.

 

En caso de que el Gobierno decidiera imprimir dinero para hacer frente a sus obligaciones, la inflación se incrementaría aún más. Por último, un aumento en las tasas de interés haría poco por disminuir los precios de los alimentos, que están fuertemente relacionados con el contexto internacional.
En caso de que el Gobierno decidiera imprimir dinero para hacer frente a sus obligaciones, la inflación se incrementaría aún más. Por último, un aumento en las tasas de interés haría poco por disminuir los precios de los alimentos, que están muy relacionados con el contexto internacional.


Respecto a permitir una apreciación del RMB, esta medida podría ser más efectiva para combatir la inflación de los alimentos y parcialmente la del sector inmobiliario. Una revaluación de la moneda local compensaría el aumento de los precios internacionales que se miden en dólares. Lo anterior disminuiría las presiones sobre los precios de alimentos y de insumos de construcción, como el cobre y el acero.


Sin embargo, los desbalances de la economía China también se hacen evidentes al considerar esta medida. Además del efecto negativo sobre las exportaciones, existe un costo asociado a la alta exposición cambiaria del Banco Central. El nivel actual de las reservas internacionales (2,7 billones de dólares) implica que una apreciación de tan sólo 2 por ciento afectaría el balance del Banco en 352.000 millones de RMB (1,1 por ciento del PIB). Esto impone gran presión sobre el Banco Central para evitar una revaluación significativa del RMB.


Pese a estos obstáculos, tarde o temprano China deberá rebalancear su economía o esperar un ajuste fuerte por parte del mercado. Esto ya sucedió con Japón, que en los 80 se perfilaba para ser la primera economía global y terminó estancándose en dos décadas de bajo crecimiento económico.
Lo anterior se relaciona con el modelo de crecimiento económico que ha adoptado China, en el cual se incentivan notablemente las exportaciones.

 

Para que una economía pueda generar los excedentes necesarios para exportar, el ahorro debe ser mayor a la inversión. En consecuencia, a medida que crece la inversión (mayores flujos de capital), el ahorro debe aumentar para mantener el superávit comercial. Esto implica que el consumo debe caer como porcentaje del PIB.


Para lograr esto, las autoridades Chinas han adoptado políticas en las que se genera una transferencia de ingresos del consumidor al sector productivo local y a los exportadores: i) las bajas tasas de interés subsidian la inversión por parte de los productores, mientras que penalizan los rendimientos del ahorro de los hogares; y ii) la tasa de cambio subvalorada disminuye el valor real de ingresos y salarios de los consumidores, mientras que subsidia los ingresos y la producción de los exportadores. Como es evidente, estos dos factores impulsan un crecimiento del PIB mayor que el del consumo de los hogares.


El rebalanceo que China debe hacer consiste en aumentar la tasa de consumo (reducir la tasa de ahorro), que deberá crecer a una tasa mayor que la del PIB. Sin embargo, dicho país corre el riesgo de que los ajustes necesarios no se den por el lado positivo (que la tasa de consumo aumente mediante una aceleración del crecimiento del consumo privado), sino por el lado negativo (que la tasa de consumo aumente, pero porque el PIB se contraiga más que el consumo privado).


Si la desaceleración en China ocurre mediante un ajuste gradual en la tasa de cambio, que devuelva el poder adquisitivo al consumidor chino y le permita acceder a los bienes del mercado global, el crecimiento económico global se verá impulsado por el incremento en la demanda China, aunque su sector exportador se esté desacelerando. Si por el contrario, China insiste en llevar a cabo políticas no sostenibles en el largo plazo, puede terminar enfrentando una corrección robusta en su senda de crecimiento, afectando negativamente el desempeño de la economía global.

 

2.7 billones de dólares suman las reservas internacionales de China, las más altas del mundo.

 

SERGIO MARIO FERRO Y ANDRÉS PARDO AMÉZQUITA*
Especial para PORTAFOLIO
 


* Investigaciones Económicas Corficolombiana
 

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