Luto cultural

Luto cultural

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diciembre 22 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-22

Un año antes de su muerte, la cual tuvo lugar hace pocos días, Cesária Évora presentó el que sería su último álbum. En las diecisiete canciones interpretadas a dúo con artistas de la talla de Caetano Veloso, Bonnie Raitt, Marisa Monte o Tania Libertad, sus sesenta y nueve años se mimetizaron en una voz sólida, que sin mayor esfuerzo hipnotizaba a cualquier audiencia. La historia detrás de la diva de los pies descalzos, como fue bautizada, cuando a los cuarenta y siete años de edad conoció la fama de la mano de su mentor y productor José Da Silva, es una odisea del talento. Nacida en la pobreza de Mindelo, una pequeña población situada en una de las diez islas que conforman Cabo Verde, experimentó la escasez de oportunidades. Su madre una cocinera alegre y su padre un violinista inspirado por ideales, quien falleció cuando Cesária apenas contaba con 7 años, procuraron enseñarle la alegría de la música. Con la ausencia del padre y la necesidad del trabajo, su madre la internó en un orfanato. El mismo lugar que sin proponérselo le brindo la entrada a un coro y fue haciendo de la música el laboratorio experimental de sus emociones. Con la adultez vino la política, el activismo social, los bares y su eterno acompañante: el tabaco. Años después con la melancolía en el amor y agobiada por el alcoholismo se retiró del cantó por diez años hasta que en 1988, nació para el mundo su grandeza, hasta entonces sentenciada al anonimato. Más de diez producciones, millones de copias vendidas y la conquista de trofeos hasta culminar en el grammy, hicieron de Cesária Évora un símbolo noble del poder de la cultura y una demostración fehaciente del matrimonio exitoso entre el talento y la oportunidad. Días después de la partida de la voz de Cabo Verde, las calles de Praga también experimentaron el luto. Václav Havel, el dramaturgo demoledor extraviado en la política se despedía del mundo terrenal. Su vida dedicada a las letras, las cuales convirtió en un arma letal contra la opresión, el totalitarismo comunista y sencillamente el dogmatismo ideológico, será siempre un referente. Con Havel muere el hombre y sobrevive la leyenda del escritor convertido en el último presidente de Checoslovaquia y el primer gobernante de la República Checa. Defensor de las libertades individuales, la iniciativa privada, el sentido comunitario del ser humano y la lucha no violenta, logró construir una revolución de terciopelo que doblegó el acero comunista. Como Presidente llevó a su país a una transformación histórica que permitió su pronta inserción en la economía mundial y su exitosa transformación productiva. Havel murió en el último acto de su gran obra de vida donde la cultura cambió la política. Cesária, mientras tanto, hizo de su voz un testimonio incuestionable de cómo la cultura también combate la pobreza. Se despiden dos grandes y sobrevive alegremente su memoria, aunque la cultura por un instante se vestirá de luto. Analista - Consultor internacional ivanduquemarquez@gmail.com Iván Duque Márquez*

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