¿Maldición minera?

De los mapas de América que se estudiaban en el colegio, había uno que planteaba un enigma indescifrable. No era el mapa político con su caprichosa asignación de colores, ni el físico con sus cordilleras en relieve. El mapa del desconcierto era el de la geografía económica, que nos decía que Venezuela y Ecuador eran ricos en petróleo y otros productos mineros, mientras Colombia poseía unas vastas llanuras desoladas. Y uno miraba una y otra vez el mapa, y no salía del asombro: minería en Venezuela, minería en Ecuador… ¿y en Colombia nada?

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julio 17 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-17

Lo que creíamos que era ausencia resultó ser simple ignorancia. Si hubiéramos visto entonces un mapa geológico, habríamos descubierto que el subsuelo colombiano estaba bastante inexplorado en comparación con el de los países vecinos. Por supuesto que aquí había desarrollos mineros que databan de la época de la colonia, pero buena parte de nuestro subsuelo era un misterio y siguió siéndolo hasta el final del siglo pasado, con excepción de algunos hallazgos petroleros en las escasas zonas del país donde se había podido explorar haciéndole el quite a la guerrilla. Y ahora que el Estado ha empezado a recuperar el control del territorio nacional, el país ha empezado a parecerse a los Beverly ricos, aquellos personajes televisivos de los años sesenta que de repente descubrieron que habían estado parados sobre un tesoro durante años sin darse cuenta. Hay que aclarar que Colombia no es aún una potencia minera: en los últimos años la producción de la minería, excluyendo hidrocarburos, no ha superado el 3 por ciento del PIB nacional. Pero también hay que tener presente que el auge de la minería es innegable: la mitad de la inversión extranjera que ha llegado al país en los últimos años ha ido a la minería, y en el primer trimestre de este año el sector fue el que más creció, duplicando el dinamismo del financiero y el de la construcción. Pero así como los Beverly ricos no sabían qué hacer con la riqueza que encontraron bajo sus pies, nosotros estamos pasmados ante los riesgos que conlleva el auge minero: mayor revaluación por acá, dilemas ambientales por allá, fiebre del oro más allá (¿vieron la impresionante foto de Zaragoza, Valle, que publicó El Tiempo el domingo pasado?). Estos riesgos han hecho que algunos fatalistas hayan empezado a decir que nos cayó una maldición minera. Seamos serios: si la minería fuera una maldición, Chile no tendría la economía ejemplar que tiene, en gran parte gracias a sus exportaciones de cobre; o Canadá no sería el país admirable que es, con su producción de potasio, uranio y aluminio; o Australia no estaría donde está, con la minería generando el 40 por ciento de sus exportaciones. La minería constituye una gran oportunidad para Colombia, y para aprovecharla se requieren políticas adecuadas que conjuren sus riesgos macroeconómicos y ambientales, sin dar al traste con la exploración y la explotación. Si países como Chile, Canadá o Australia han podido aprovechar la riqueza del subsuelo para beneficio de toda la economía, ¿por qué no vamos a poder nosotros? Para lograrlo es necesario que el próximo gobierno, sea novato o repitente, genere un superávit fiscal que permita ahorrar los nuevos recursos y neutralice la revaluación, y que además formule políticas claras y estables que garanticen una producción minera ambientalmente sostenible. Se oyen propuestas… '' La minería constituye una gran oportunidad para Colombia, y para aprovecharla se requieren políticas adecuadas que conjuren sus riesgos macroeconómicos y ambientales, sin dar al traste con la exploración y la explotación.WILABR

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