Malos samaritanos y pecadores

Casi veinte años después de haberse iniciado el proceso de apertura económica en Colombia, hay quienes siguen argumentando en su contra señalando que esta debió ser gradual y selectiva.

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septiembre 15 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-15

Aunque pareciera absurdo que casi dos décadas después el debate continúe, aún en la academia internacional hay quienes siguen cuestionando el proceso de apertura económica realizado por varios países bajo el paraguas del ‘Consenso de Washington’. Uno de los intelectuales que más ha enfilado baterías contra este grupo de reformas es el prestigioso economista coreano Ha-Joon Chang, ganador del Premio Leontief en el año 2005. En su último libro titulado Malos samaritanos: el mito del libre comercio y la historia secreta del capitalismo, Chang se despacha en contra de la apertura comercial y financiera, las privatizaciones y la desregulación de la inversión extranjera. Medidas que, según él, son promovidas y no siempre aplicadas por los países industrializados. Sus críticas principalmente apuntan a defender el proteccionismo y la gradualidad de la apertura económica en los países en desarrollo. Para ello destaca algunos ejemplos históricos. Uno de los más interesantes tiene que ver con un libro publicado por Daniel Defoe -el mismo autor de Robinson Crusoe- en 1728 bajo el nombre de A plan for the English Commerce. El texto describe cómo los monarcas ingleses de la casa Tudor, especialmente Enrique VII e Isabel I, utilizaron políticas proteccionistas para transformar la economía hacia sectores industriales. Otro de los ejemplos a los que Chang hace referencia es el ‘Reporte sobre Manufacturas’, elaborado por Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de los Estados Unidos, en 1791. Entre las propuestas proteccionistas de Hamilton, que posteriormente fueron adoptadas por el gobierno norteamericano, estuvo la fijación de impuestos y restricciones a ciertas importaciones, prohibición a la exportación de algunas materias primas, exenciones tributarias y financiamiento de fomento industrial. Entre los ejemplos contemporáneos de Chang está el caso de Corea, país que se desarrolló mediante los estímulos a sectores estratégicos. Pero si los críticos del modelo aperturista tienen argumentos históricos, las razones de los gobiernos latinoamericanos para haber iniciado un proceso de apertura económica fueron incontrovertibles. El modelo proteccionista y los sistemas de control de importaciones dejaron muchas calamidades. Entre ellas, industrias ‘ociosas’ dependientes de beneficios estatales, una cultura rentista en busca de estímulos sectoriales y un consumidor condenado a adquirir productos caros y de mala calidad. En el caso colombiano, la ‘Apertura Económica’ se basó, entre otras, en la liberalización comercial, la abolición del control de cambios, y la reforma al régimen de inversión extranjera y desregulación del sector portuario. Los impactos de estas decisiones no se hicieron esperar y así como hubo ganadores, el sector agrícola y la industria manufacturera fueron los grandes perdedores durante los primeros años del auge reformista. Pero endilgarle a la apertura la culpa de lo ocurrido y añorar el modelo proteccionista sería un error. Quizás el pecado colombiano y latinoamericano estuvo en no medir los riesgos de competir abiertamente en sectores donde los países industrializados aún mantenían regímenes de subsidios. Para la muestra el caso del sector agrícola. Pero esto no quiere decir que la apertura en sí misma haya sido mala. Lo que demuestra es que se requiere mayor apertura económica de los países industrializados. Evaluar si la ‘Apertura Económica’ en Colombia debió ser gradual y selectiva será un debate cuya importancia se limitará a estudiantes e historiadores. La verdad es que las reformas emprendidas en Colombia durante los años noventa sentaron las bases para que nuestro país tuviera una economía moderna. El problema, como lo han planteado los economistas Roberto Steiner y Sebastian Edwards en su libro La revolución incompleta, es que varias reformas se mantuvieron inconclusas por muchos años, en gran parte por la oposición de sectores poderosos que se negaron a deponer los privilegios alcanzados en la era proteccionista. Hoy en día, América Latina tiene dos grupos de samaritanos. Quienes creen en el libre comercio y han profundizado sus reformas de cara a la globalización y quienes han regresado al proteccionismo del pasado. Los dos enfoques son legítimos, pero por más dolorosa que hayan sido las lecciones de los noventa y el proceso de ajuste a la economía global, los del primer grupo han demostrado que están del lado correcto de la historia. '' Las reformas emprendidas en Colombia en los noventa sentaron las bases para que el país tuviera una economía moderna. Hoy, A. Latina tiene dos grupos de samaritanos: quienes creen en el libre comercio y han profundizado sus reformas y quienes han regresado al proteccionismo del pasado”. Iván Duque Márquez, consejero por Colombia y Ecuador ante el BID. '' Endilgarle a la apertura la culpa de lo ocurrido y añorar el modelo proteccionista sería un error. El pecado estuvo en no medir los riesgos”.WILABR

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