El manejo del presupuesto

Es común escuchar a un funcionario público de primer nivel, incluyendo a las directivas del Congreso, que debieron hacer determinado gasto, con el argumento de que “la plata había que gastarla o si no se perdía”.

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agosto 18 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-18

La verdad es que uno no entiende esa manera de pensar y actuar, sino sólo cuando se involucra o analiza la manera como se manejan los recursos públicos, pero en el fondo la cosa es muy simple: en el manejo de la plata por parte de las entidades, no existe el criterio de ahorro, sino el de gastar lo que se asigna en el presupuesto. Incluso en muchos de esos entes públicos es una señal de ineficiencia no ejecutar los dineros asignados en el presupuesto y también se cree que si no se gasta, se deja la sensación de que el dinero no se necesitaba. El artículo 89 del Decreto 111 de 1996, por el cual se recopilaron las leyes que conforman el Estatuto Orgánico del Presupuesto, dice textualmente: “Las apropiaciones incluidas en el Presupuesto General de la Nación son autorizaciones máximas de gasto que el Congreso aprueba para ser ejecutadas o comprometidas durante la vigencia fiscal respectiva. Después del 31 de diciembre de cada año estas autorizaciones expiran y en consecuencia, no podrán comprometerse, adicionarse, transferirse ni contracreditarse”. En los términos anteriores, comienza a final de año -en realidad en el segundo semestre- la fiebre de comprometer los recursos a como de lugar, perdiendo cualquier concepto de buena gestión o administración. Hay un temor de que desde el Ministerio de Hacienda se les quite la plata. La razón por la cual todos los que tienen la posibilidad de comprometer la responsabilidad de la Nación o de sus entes desentralizados corren a adquirir obligaciones antes del 31 de diciembre del año respectivo, es la previsión contenida en las llamadas reservas presupuestales que respaldan compromisos adquiridos pero no pagados. En los términos anteriores, resulta imposible crear en el sector público la conciencia de austeridad o eficiencia en el gasto y en esos términos resulta imposible corregir el faltante fiscal, de que tanto se habla. Quizás si se estableciera que en los últimos meses no se pudieran comprometer gastos por más del promedio del que se ha ejecutado en el año podría ponerse coto a la situación o alternativamente premiar a las entidades que ahorran dinero a los ciudadanos. A lo mejor es sólo una ilusión. Empresario exportador El mismo sistema presupuestal estimula el gasto y no el ahorro de los recursos públicos.

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