Las marcas que dejó un ataque terrorista a EE. UU.

El horror desatado en Nueva York y Washington por aquellos atentados del 11 de septiembre del 2001, que dejaron más de 3.000 muertos, traumatizó al público y desató una "guerra contra el terror" que puso a prueba al sistema legal de Estados Unidos, envió a soldados de ese país a morir en tierras musulmanas y a la larga afectó el poder global de esta nación.

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septiembre 03 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-03

En los angustiosos días de luto por los atentados, la frase "todo ha cambiado" parecía estar en boca de todos en un país unido por el horror y que luego fue a la guerra, en primer lugar, contra la guarida afgana de Bin Laden. Una década después, casi 100.000 efectivos norteamericanos permanecen en Afganistán y cerca de 7.500 soldados estadounidenses y aliados han muerto allí y en Irak, en guerras financiadas por créditos que dejaron a EE. UU. con las cuentas en rojo. ¿Se puede entonces decir que Bin Laden -pese a que fue eliminado el 2 de mayo por un comando Seal de la marina- ganó el pulso contra Estados Unidos? El 10 de septiembre del 2001 la única superpotencia del mundo disfrutaba de un liderazgo incuestionable, llena de dinero y con un crecimiento económico que ahora luce como una alejada época de oro. "Bin Laden sí obtuvo una gran victoria", dijo Julian Zelizer, un historiador político de la Universidad de Princeton. "Simplemente como una acción terrorista pura, como pura acción criminal, fue un éxito. Realmente reveló millones de agujeros en la seguridad nacional del país, fue psicológicamente devastador para la nación y devastador en costos humanos". EL IMPACTO El temor que se observó en el rostro del entonces presidente George W. Bush cuando se enteró de los ataques mientras se encontraba en una escuela de Florida reflejó el profundo trauma en el que había caído el país. Algunos analistas creen que la veloz declaración de guerra global al terrorismo generó consecuencias que causaron más daño a Estados Unidos que los propios atentados. "Hubo un momento, causado por el estrés postraumático nacional, que llevó (...) a una respuesta equivocada de la administración Bush", dijo David Rothkopf, del Carnegie Endowment for International Peace. "El pánico, la reacción exagerada y el comprometer nuestros valores (...) causó más daño que el propio Bin Laden". TERRENO PANTANOSO En un catártico discurso al Congreso, Bush dijo que ningún terrorista jamás volvería a estar seguro en ningún lugar, una promesa que sirvió de apoyo a una denominada doctrina de guerra preventiva. El resultado: diez años en Afganistán, una invasión a Irak justificada por armas de destrucción masiva que nunca fueron halladas y que alejó a Washington de sus aliados, además de abusos contra prisioneros en Abu Ghraib que mancharon la imagen de EE. UU. en el exterior. Duros interrogatorios contra sospechosos de terrorismo -tortura para los críticos- dañaron la credibilidad de la constitución estadounidense. El sistema político sigue aún convulsionado sobre cómo tratar a los "combatientes enemigos", mientras los sospechosos languidecen en la prisión de Guantánamo (Cuba). Billones de dólares en guerras sin financiación dejaron a EE. UU. debilitado cuando estalló la burbuja inmobiliaria y disparó la peor recesión desde la Gran Depresión. Sin embargo, los sueños de Bin Laden de lanzar una guerra santa internacional no lograron materializarse. - Otras amenazas latentes La mayor amenaza para el dominio global de EE. UU. no estaría en Bin Laden, sino más bien en tendencias de largo plazo preexistentes al líder de Al Qaida. "El 9/11 es un incidente importante (... pero) no es causal de ninguno de los grandes cambios en la geopolítica ni en la geoeconomía", según Rothkopf. De hecho, el surgimiento económico, diplomático y estratégico de China, India y Brasil podría hacer menguar el poder de Estados Unidos a nivel global más de lo que lo hizo Bin Laden. El predominio occidental también se ve amenazado por los crecientes déficits y el envejecimiento poblacional, en una década marcada por recesiones y alto desempleo.HELGON

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