Mark Twain: mucho más que aventuras

Esta semana se cumplieron cien años de la muerte del escritor estadounidense.

Finanzas
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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

"Fue un profundo filósofo con la visión de un profeta", publicaba el diario San Francisco Call hace cien años tras conocerse la muerte, el 21 de abril de 1910, del escritor y periodista, Samuel Langhorne Clemens. O de Mark Twain, como fue conocido por la posteridad.

Su prolífico legado literario, con títulos como Las aventuras de Tom Sawyer, Huckleberry Finn o Príncipe y mendigo, le hizo acreedor del título de 'padre de la literatura norteamericana', tal y como le definió el escritor William Faulkner en 1955.

Ya en su obituario se consideraba que Mark Twain evolucionó de cómico bromista a "una de las grandes figuras literarias de su tiempo", aunque el reconocimiento de sus contemporáneos no dulcificara su final, marcado por las tragedias familiares y la pérdida de sus seres queridos.

Los orígenes de Twain dicen mucho de su obra posterior: nació el 30 de noviembre de 1835 en Florida (Missouri, Estados Unidos), pero fue al puerto de Hannibal, donde se trasladó con su familia a los cuatro años, el escenario al borde del Mississippi en el que se inspiran las correrías de Tom y de Huckleberry, en las que el autor plasmó muchas de sus vivencias tempranas.

Entre ellas, su relación con la esclavitud, que vivió de cerca en Mississippi, un estado que la permitía, y en su propia casa, ya que su padre tuvo un esclavo y uno de sus tíos tuvo varios, con los cuales el joven Sam pasaba largos ratos escuchando sus cuentos y sus cánticos espirituales.

Un tema recurrente en una extensa producción como escritor, pero que comenzó en sus artículos periodísticos, profesión a la que llegó tras un complicado periplo que, con apenas 18 años, le llevó a Nueva York, donde colaboró en distintas publicaciones.

En 1857 regresó a Mississippi y tras dedicarse a pilotar barcos por el río, el estallido de la Guerra Civil (1861-1865) le obligó a abandonar este trabajo y le condujo hacia Nevada, para buscar oro.

Volvió pronto al periodismo en el Territorial Enterprise, en Virginia, donde usó por primera vez el seudónimo con el que pasaría a la posteridad.

El primer punto de inflexión en su carrera como escritor llegó en 1865, con la publicación en diversos periódicos de un relato corto, La célebre rana saltarina del distrito de calaveras.

Twain consiguió un notable éxito con este cuento pero más aún con sus artículos de viajes, recopilados luego en un libro, Guía para viajeros inocentes (1869).

Mientras continuaba su carrera como periodista y comenzaba la de escritor, Twain se mudó a varias ciudades, se casó con Olivia Langdon y nació su primera hija, Susy, que murió a los dos años de difteria.

Un drama que le llevó a volcarse en la crítica social antes de centrarse en una pura ficción que, sin embargo, siempre tuvo fuerte trasfondo de realidad que demostraba la clara vocación antropológica del escritor.

En 1876 llegaron las aventuras de Tom Sawyer, que iba mucho más allá de la literatura infantil y juvenil en la que se encuadró en un principio y que apuntaba a la vertiente social que el escritor daría a sus libros.

Príncipe y mendigo (1881), Vida en el Mississippi (1883), Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889) o la que es sin duda su obra más famosa, Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), en la que satiriza la esclavitud que predominaba en los estados sureños.

Un tema clave y polémico en sus obras, que por un lado contienen duras críticas a la esclavitud, al tiempo que mantiene posturas que algunos críticos consideran ambiguas por su contenido racista. Entre 1890 y 1900, Twain y su familia se dedicaron a viajar por todo el mundo y el escritor fue testigo de las diferencias sociales, que plasmó en sus obras y desde 1901 hasta su muerte fue el presidente de la Liga Antiimperialista.

Una experiencia vital que le hizo tener un profundo conocimiento de la realidad en la que vivió y que plasmó en sus novelas. "Toda la literatura norteamericana empieza con él. No había nada antes. No hay nada después", señaló Ernest Hemingway.