Más de 30 millones de cuentas de ahorro están abandonadas

Según la Superfinanciera, 4 de cada 10 colombianos no usan sus productos financieros y Un solo banco tiene un millón de cuentas inactivas.

En Colombia, las cuentas de ahorro son las preferidas a la hora de adquirir un vínculo con el sector financiero.

La carencia de productos que satisfagan las necesidades de los clientes y la falta de gestión de las propias entidades son algunas de las razones de la resistencia a usar esos productos.

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Portafolio
julio 16 de 2017 - 11:03 a.m.
2017-07-16

A pesar del crecimiento de la población bancarizada en Colombia, cerca de 8,5 millones de los colombianos no hacen un uso frecuente de sus productos financieros y en los últimos seis meses, no han realizado ningún movimiento de estos, lo que equivale, de alguna manera, a dejarlos abandonados, con los riesgos que esto implica.

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Esto quiere decir que 4 de cada 10 colombianos no usan sus productos financieros y, si se trata de sus cuentas de ahorro, poco más de la mitad de las 62,1 millones existentes, 33,7 millones, no presentaron movimiento en los últimos seis meses, según el ‘Informe de inclusión financiera 2016’, del programa Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera.

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Un solo banco tiene en su haber un millón de cuentas inactivas, según lo manifestó el propio presidente de la entidad, quien además dijo que estaban en mora de adelantar una ‘limpieza’ para conocer la realidad de su portafolio de clientes.

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La alta preferencia de los colombianos por el dinero en efectivo, la vieja costumbre de ahorrar en alcancías, ‘cadenas’ o ‘natilleras’ o bajo el colchón; el frecuente olvido al que se someten las cuentas que ya no se usan; la carencia de productos que satisfagan las necesidades de los clientes, así como la falta de gestión de las propias entidades se cuentan entre las principales razones por las que se mantiene la resistencia a usar esos productos.

La costumbre de tomar productos de la banca para luego dejarlos a su suerte, lejos de disminuir, parece ir en aumento con el paso del tiempo y la llegada de un mayor número de personas al circuito financiero.

Mientras que en el 2012 el número de cuentas de ahorro inactivas era del 47,5 por ciento del total, el año pasado ese porcentaje aumentó a 54,2 por ciento, revela el mismo informe.

“Hay una meta muy importante en el Plan de Desarrollo y es mejorar el uso de los productos financieros; el objetivo no solo es que las personas lleguen a la banca, sino que utilicen sus productos, pero para ello es indispensable que las entidades tengan una oferta más acorde con las necesidades de las personas”, dice Juliana Álvarez Gallego, directora de Banca de las Oportunidades.

Este es un fenómeno generalizado en todo el país, siendo Pasto la ciudad donde se percibe un menor uso de los productos financieros y cuentas por los titulares. Allí, por ejemplo, cinco de cada 10 productos se encuentran inactivos, frente a solo uno, que es el registro de Bucaramanga, o dos, el de Bogotá.

Juliana Lagos, directora de Investigación y Desarrollo de la Superfinanciera, les hizo un llamado a las entidades para que dirijan sus esfuerzos a disminuir esa tasa de inactividad.

“Hay que propender por que exista una inclusión financiera que sea sostenible, y para ello se requieren productos que generen valor agregado al consumidor y entidades que promuevan su uso frecuente”, dijo.

Esa meta debe involucrar también los productos de crédito, cuya colocación no solo demanda un alto grado de responsabilidad de las entidades sino de ingenio e innovación, pues deben ajustarse muy bien a las necesidades propias de las personas.

Para superar esa problemática, el Gobierno identificó cinco grandes retos, como elevar el uso activo de los productos financieros, cerrar las brechas de acceso y uso de servicios financieros formales entre las áreas urbanas y las rurales del país; promover alternativas de acceso a financiamiento y desarrollo de las pequeñas y medianas empresas; crear un ecosistema que promueva las transacciones electrónicas y poner en marcha una estrategia de educación económica y financiera.

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