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Máscaras

Uno de los bailes más llamativos en algunas regiones chinas es el Baile de las Máscaras. Los danzantes van cambiando antifaces con habilidad pasmosa, mientras se mueven con gracia y talento. Uno se queda perplejo con la rapidez y el efecto de cada transformación. Entonces se piensa en lo tentador que resulta esconder el verdadero ser para fingir lo que no se es.

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mayo 19 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-19

Con razón dice el pensador Gilbert Brenson: “Te pones una máscara para tapar tu realidad y atraer a la gente. Luego descubres que sólo atraes a otros enmascarados y alejas a los demás debido a un estorbo: la máscara. Usas la máscara para que los otros no vean tus debilidades y descubres algo frustrante: al no ver tu humanidad, los demás no te quieren por lo que eres, sino por la máscara”. Para no sufrir con ese desvarío el desafío es cuidar mente, alma y cuerpo en este breve tránsito por este planeta. Una labor de escultura y orfebrería que pide entrega, dedicación y sentido de trascendencia. Sólo así, conectado con Dios y a través de mucha disciplina, conquistas el equilibrio y la serenidad. En palabras de Buda, el sabio toma consciencia y se ilumina al silenciar el deseo y las ambiciones. “¿Cuáles son las raíces de lo superficial? Pregunta él, y responde: la avidez, el odio y la ofuscación”. Si las cortas posees un cuerpo saludable una mente poderosa y un espíritu amoroso y pacífico. Y sigue diciendo Buda: “Las raíces de lo provechoso son la generosidad, la compasión y la sabiduría”. En suma, el mismo mensaje de Jesús: llenar la vida de sentido con un amor rico en buenos frutos que se ven en tus relaciones. Afirman los sabios que la vida es una escuela y las relaciones son la universidad de una carrera llamada amor. Las relaciones de pareja y familiares son el campo de trabajo para evolucionar espiritualmente y no es fácil hacerlo. De hecho si miras a tu alrededor, ¿cuántas parejas conoces centradas, armónicas y felices? Al parecer sólo una escasa minoría, ya que vagamos lejos del amor en una sociedad atrapada en lo material y lejos de Dios. Ojo, sin relaciones estás muerto, le tienes miedo al amor y sufres con el alma mutilada. Necesitas ser vulnerable y arriesgarte a amar con el amor real, no el de las canciones y las telenovelas. Tu capacidad de relacionarte depende de tu nivel de conciencia, de llegar a la comprensión de ti mismo. Asume esa labor y no sigas encerrado en una prisión que tú mismo construiste. No es fácil amar, pero ese es el reto. Como dijo Einstein: “Trata de convertirte en una persona valiosa, no en un ser exitoso”. Tu felicidad no depende de adquirir poder o riquezas, y ya habrás comprobado que hay poderosos que no valen nada, y seres humildes con un inmenso valor. La valía de un ser humano está en su sencillez más que en su grandeza; está en su amor, no en sus posesiones ni su fama. Escritor Conferencista "Conectado con Dios y a través de mucha disciplina, conquistas el equilibrio y la serenidad”.

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