¿En Medellín sí hay ‘narcoestética’?

Expertos y la fotógrafa que capturó las polémicas imágenes publicadas por The Guardian lo explican.

Esta fotografías hace parte de la serie 'Beauties', de Manuela Henao, publicada la semana pasada en The Guardian.

Manuela Henao

Esta fotografías hace parte de la serie 'Beauties', de Manuela Henao, publicada la semana pasada en The Guardian.

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abril 29 de 2015 - 12:19 p.m.
2015-04-29

Cuando la colombiana Manuela Henao obtuvo el año pasado la beca Joan Wakelin, otorgada por el diario inglés The Guardian para emprender un proyecto fotográfico de su interés, quiso explorar cómo se entiende la belleza en Medellín desde la perspectiva de la imagen. 

La iniciativa dio como fruto la serie fotográfica ‘Beauties’, ‘Bellezas’, que la semana pasada fue publicada por la versión digital del periódico londinense bajo el título 'Liposucción en adolescentes y piñatas de 'tetas': narcoestéticas en Colombia". 

El título, las 14 imágenes y un breve texto que reza: "En Colombia las niñas crecen en un mundo donde son vistas como objetos decorativos y donde la cirugía plástica manda", despertó una ola de indignación entre usuarios de redes sociales, así como comentarios de otros que, afirman, sí hay que preocuparse por fenómenos como el de las cirugías plásticas prematuras y el de la “cosificación” de la mujer, que no es más que cuando ellas ubican su cuerpo por fuera de sí mismas y lo convierten en una cosa que, como tal, puede venderse, comprarse, exhibirse y modificarse. 

Ángela María Jaramillo, sicóloga de la Corporación Vamos Mujer, dice que es absolutamente legítimo que una mujer quiera verse bella, e incluso, si tiene inconformidad con su cuerpo, tiene derecho a modificarlo. El problema tiene lugar cuando pone su cuerpo a disposición de la vista y el juicio del otro. “Esa es una forma de esclavitud muy dañina que le impide a las mujeres preguntarse por sí mismas y por sus deseos”, aclara.

No obstante, dice la sicóloga, “resulta muy desfavorable que a las mujeres antioqueñas se les asocie con narcotráfico y con formas voluptuosas, porque eso pone en riesgo muchas otras dimensiones que tenemos desde el trabajo científico, por ejemplo”, y añade que si a través de publicaciones periodísticas se introduce esa información con el argumento que de que la gente debe saberlo, “propongo que se equilibre con información de que hay otro tipo de mujeres en la ciudad y el departamento”, opina.

Por su parte, Orlando Arroyave, del departamento de Sicología de la Universidad de Antioquia, y quien se ha acercado al estudio del conflicto armado y de la estética en Medellín, cuenta que en la ciudad hay todo un cuestionamiento de la cultura “narca”, incluso, dice, la ciudad ha intentado zafarse de ese estereotipo y la reacción es cada vez más agresiva contra publicaciones que insisten en la idea.

Sin embargo, aclara, “toda la infraestructura cultural, socioeconómica y estética del narcotráfico todavía persiste aquí”.

Arroyave argumenta que nada más el poder de dominación de los llamados ‘combos’ en los barrios y la imposición de impuestos a pequeños comerciantes son infraestructuras mafiosas que aún permanecen, mientras en la estética continúa una idea “del exceso y el lujo como muestra de poder”.

Si bien la posición de Orlando Arroyave da luces sobre la vigencia de la ‘narcoestética’, también es cierto que Antioquia experimenta un cambio en la concepción de la mujer, y esto es evidente, por ejemplo, en el decadente interés por los reinados de belleza, una tradición bien arraigada en el departamento.

Lucrecia Ramírez, psiquiatra, especialista en salud mental femenina y esposa del gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, manifestó en otra ocasión para este diario que la causa de que los reinados ya no pesen como antes en la región es porque “la sociedad se hartó de que a las mujeres solo se les exaltara por su belleza”.

De hecho, los certámenes del departamento fueron asumidos por privados y, en su lugar, e incluso en la misma fecha y con los mismos dineros, se lanzó el Concurso Mujeres Jóvenes Talento, que no premia estatura, medidas, rostro y pelo, sino excelencia académica, habilidades artísticas y deportivas y liderazgo social.

Con la medida, a la que también se sumó la decisión de prohibir los reinados y desfiles de moda en las instituciones educativas oficiales de Antioquia por ser actividades “discriminatorias, humillantes y atentatorias de la dignidad femenina”, la Secretaría de Equidad de Género de Antioquia logró convencer a cerca de 80 alcaldes para que reemplazaran sus reinados por Mujeres Jóvenes Talento.

Sobre el debate que suscitó ‘Beauties’, la fotógrafa Manuela Henao aclara que su propósito no fue deslegitimar a la mujer de Medellín, sino mostrar que existe un uso elevado de la cirugía plástica y que, si bien la ciudad progresa, las mujeres deben hacerlo al mismo paso logrando confianza en sí mismas.

Para dar claridad a sus propósitos y argumentar el sentido de su proyecto, Manuela responde esta entrevista.

¿Qué es ‘Beauties’, el trabajo que usted publicó en The Guardian?

Es un reportaje documental, una investigación visual a largo plazo sobre la interpretación de la belleza en Medellín.

¿Cuál fue la intención y el enfoque inicial?

Mi interés nace de sentir que existe una realidad latente que necesita ser señalada, entendida y racionalizada. Y es que, aunque puede ser generalizada al resto del mundo, en Medellín existe un uso muy elevado de la cirugía plástica entre las mujeres, sin distinciones de clase social o edad.

Me pareció interesante captar en imágenes los distintos factores sociales y culturales que llevan a las mujeres a querer cambiar sus cuerpos a través de la cirugía. Y ese es el planteamiento visual de la serie ‘Beauties’: ¿Qué rodea a estas mujeres?, ¿cómo es la sociedad a su alrededor?, ¿cómo se refleja eso en ellas? Contesté esas preguntas con imágenes.

¿Cómo fue la investigación, la búsqueda de personajes y espacios para este trabajo?

Los estudios de género de Naomi Wolf en su libro ‘The Beauty Myth’ han sido una gran inspiración para este trabajo.

Tenía claro que era necesario enfocarme mucho en la mujer como género, en cómo se manifiesta lo femenino en la ciudad, cuáles son los símbolos o referentes de la mujer, cómo se trata el cuerpo femenino en todos los niveles. También escuché muchas opiniones sobre la belleza de cirujanos y distintas personas con miradas relevantes en el tema. Poco a poco todo esto empezó a formar un cuerpo de trabajo y un hilo conductor en la serie.

¿Hay un hilo narrativo entre las fotografías que están en The Guardian?

Para mí como fotógrafa, con un proyecto al que he mimado tanto, me resulta difícil estar complacida con la selección de fotografías que cualquier otro pueda hacer de mi serie. En un medio como The Guardian, esa selección y resultado final pasan a ser decisión del editor del periódico, así que es inevitable perder un poco del significado y del hilo narrativo de la serie.

¿Qué halló en su búsqueda?

La opinión que más creció en mí fue que existe una cantidad tremenda de presión sobre las mujeres, mires a donde mires hay referentes extra-sexualizados del cuerpo femenino. Encontré mucha preocupación de las mujeres por la belleza y una gran normalización de la cirugía plástica.

¿Quiénes son esas mujeres de tu trabajo y cuáles son las historias de esos espacios que también capturas?

Ellas estudian, trabajan, llevan vidas como cualquier otra mujer de Medellín. Son personas que no han tenido otras razones para operarse que el sentirse mejor con sus propios cuerpos. Con ellas buscaba reflejar cómo toda una aglomeración de factores culturales se reflejan en una sola persona y, de la misma manera, mediante sus retratos, captar cual es la interpretación de lo femenino en Medellín.

Al final de un trabajo fotográfico, casi siempre queda la sensación de que faltó una imagen. ¿Sucedió con su trabajo?

Me hubiese gustado poder cubrir cómo generaciones de mujeres mayores adaptaron sus cuerpos y objetivos de vida de acuerdo a lo que las rodeaba en su ámbito social. Son estas mujeres, las que ahora tienen entre 40 y 50 años, quienes realmente tuvieron una influencia directa de la cultura narco, ya no en fuentes indirectas, como telenovelas, sino de primera mano, en sus propias comunidades y en sus propias carnes.

Usted habla del término ‘narcoestética’. ¿A qué se refiere y cómo cree que influyó la cultura narco en la identidad de la mujer de Medellín?

Cuando algo tan grande pasa en una sociedad es inevitable que afecte a todos los ámbitos de la cultura. En lo que a mi reportaje concierne, durante mucho tiempo, se implantó un modelo de belleza en el que el cuerpo de las mujeres se convirtió en un reflejo de un estilo de vida de ostentación. Eso inevitablemente afecta a toda una generación de mujeres que tomó referentes de esa cultura. En el momento actual, esa historia se encuentra diluida e impregnada en la interpretación de la belleza en Medellín. Es a esto a lo que hace referencia el término ‘narcoéstetica’.

La galería de The Guardian abre diciendo que "En Colombia las niñas crecen en un mundo donde son vistas como objetos decorativos y donde la cirugía plástica manda". ¿Cómo argumentas esta idea?

Pienso que esa frase hace referencia de una forma cruda a que es necesario interesarse más por cómo cuidamos la integridad y la imagen de la mujer y qué referentes patrocinamos para las niñas. Considero que es de extrema importancia rechazar modelos de comportamiento como los que se exhiben en las telenovelas populares. Si se rechazara esto con tanta vehemencia como se piden explicaciones por titulares así, entonces sería una batalla ganada.

¿Cómo romper esas herencias nocivas del narcotráfico? ¿Es posible desde la fotografía?

A mi parecer, existe una barrera inmensa. Este no es un tema de grandes titulares o de frases fáciles. Es complicado comunicar ideas tan sutiles y elaboradas a través de la fotografía. Me hubiese gustado ver más reflexión en los medios acerca de cuál es la problemática que expone esta serie fotográfica y abordarla de una forma en que el público en general pudiese entender más allá del titular, porque al final, con grandes palabras, el significado de estas fotografías se va diluyendo entre el ruido y la confusión. Todo esto hubiera empezado por pedir mi consentimiento y el de las chicas en los retratos para utilizar las fotografías en sus publicaciones.

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