Una medida sin Éxito

Esta vez entre el dicho y el hecho sólo pasaron 48 horas. Así lo comprobó ayer la empresa venezolana Cativen, que opera en el vecino país seis hipermercados Éxito, al ver llegar a las autoridades que anunciaron la ocupación de los almacenes, los cuales tienen la misma identidad que su homóloga colombiana.

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enero 20 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-20

La razón es que en ambas naciones el socio mayoritario de las respectivas sociedades operadoras es el conglomerado francés Casino, uno de los principales gigantes en el mundo en el segmento de ventas al detal. No obstante, por ser un emblema querido y admirado, la decisión produjo un impacto explicable en la opinión, pues para muchos todo forma parte del endurecimiento del gobierno de la Revolución Bolivariana hacia lo que tenga que ver con este lado de la frontera. Pero en este caso la nacionalidad pesó poco. Los problemas comenzaron tan pronto tuvo lugar la fuerte devaluación del bolívar en los primeros días del 2010. Fue en ese momento que, para contestar las críticas que advertían aumentos en los precios de los diferentes artículos, Hugo Chávez notificó medidas ejemplares contra quienes fueran acusados de especulación. Acto seguido, Éxito fue uno de más de seis docenas de establecimientos clausurados durante 24 horas por supuestamente alterar el valor de unos bienes que, en todo caso, no eran de primera necesidad. Ese primer apretón fue seguido por la promesa del Mandatario, hecha durante el fin de semana, de expropiar la cadena. Con ese objetivo el Gobierno se encuentra cambiando la norma que rige las nacionalizaciones, algo que será muy fácil si se tiene en cuenta que el legislativo está integrado por personas afectas al Palacio de Miraflores. De tal manera, la ocupación es tan solo el preámbulo de un desenlace anunciado. En respuesta, Casino afirmó que el impacto de la decisión sobre sus ventas sería marginal. Por su parte, el Éxito dijo desde Colombia que posee una participación minoritaria en Cativen que asciende en libros a 162.213 millones de pesos y que esta se encuentra totalmente provisionada en el balance de la firma. Falta ver, además, qué ocurre con los 35 supermercados Cada, que también forman parte de la sociedad venezolana y cuya suerte todavía se desconoce. Mientras eses dudas puntuales se despejan, los analistas enmarcan las decisiones dentro de la estrategia del Gobierno chavista que está dispuesto a utilizar todos los medios a su alcance para mantener sus mayorías en las elecciones legislativas de septiembre. De un lado, echarles la culpa de la carestía a los comerciantes es una táctica que tiene efecto entre diversos sectores de la población, sobre todo cuando la inflación interna es una de las más altas del mundo. Del otro, la determinación le da al Estado un instrumento para meterse de lleno en la comercialización de productos, mediante un impulso a la Corporación de Mercados Socialistas (Comerso), un ente público que vendería los productos agrícolas que provengan de casi 600 fundos que han pasado a manos públicas. Y es que en estos asuntos no se puede olvidar que Hugo Chávez ha promovido una estrategia de nacionalizaciones muy grande. No sólo la industria petrolera, sino las empresas que tienen que ver con telecomunicaciones, electricidad, cemento, acero, alimentos, banca y ahora el comercio han empezado a sentir cada vez más la presencia estatal. En algunos casos el Socialismo del Siglo XXI ha ocupado todo el espacio mediante la readquisición hecha a sus dueños o la simple expropiación, mientras que en otros el Gobierno compite con cartas marcadas. Todo forma parte de un proyecto encaminado a quitarle espacio al sector privado. El problema de ese método, es que no garantiza que los servicios entregados sean los mejores. Los racionamientos de electricidad que tan mal les caen a los venezolanos son culpa de la sequía, pero también de la falta de planeación y mantenimiento de las plantas. Ahora, en el caso del Éxito, va a ser difícil que bajen los precios en un segmento conocido por sus márgenes estrechos. Eso, aparte de un previsible empeoramiento de la calidad de los productos y del servicio, llevará a que, una vez más, sean los consumidores venezolanos los que paguen los platos rotos. LOPJUA

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