La mejor noticia

El impresionante golpe de mano, por medio del cual las Fuerzas Armadas de Colombia lograron el rescate de una quincena de secuestrados en poder de las Farc, es no solo un triunfo inmenso del Gobierno, sino una gran oportunidad para avanzar en el desarrollo y la concordia nacional. Y es que más allá del merecidísimo regreso a la libertad de Íngrid Betancourt, tres ciudadanos estadounidenses y un puñado de militares y policías, la noticia es un bálsamo reparador para una opinión que miraba preocupada la evolución reciente de los acontecimientos en materia política y económica. La razón, monda y lironda, es que la confianza ha sido un elemento clave en la recuperación del país a lo largo del último lustro. Sin embargo, las encuestas más recientes indicaban que ese buen talante se había venido perdiendo en los últimos meses.

POR:
julio 03 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-03

Ahora, en cambio, están dadas las condiciones para que comience un nuevo círculo virtuoso que debería tener su expresión práctica en mayor inversión, en mejor crecimiento y, ojalá, en la consecución definitiva de la paz. La semilla de esa posibilidad fue plantada gracias a la incuestionable cadena de éxitos militares, que han llevado a las Farc a la peor crisis de su historia, y que podrían desembocar en el desmoronamiento final de ese movimiento. No obstante, ningún operativo puede compararse con la limpieza en la ejecución del plan del día de ayer cuando, dando muestra de una extraordinaria sangre fría, un grupo de miembros del Ejército consiguió sin violencia la liberación de los rehenes, quienes pensaban que iban a ser trasladados de un lugar a otro. Con razón el ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, afirmó que lo ocurrido no tiene paralelo en el mundo. Una vez más, volvió a quedar demostrado que la inteligencia es siempre superior a la fuerza. También quedó evidenciado que la dignidad de las víctimas contrasta con la sevicia de sus captores. Las primeras declaraciones de Íngrid Betancourt, y de los demás fueron un ejemplo tanto para los colombianos, como para los cientos de miles de personas de todo el mundo que se interesaron por su suerte. Tal como dijo la ex candidata presidencial al llegar a Bogotá, “estamos del lado de los buenos”. En consecuencia, para quienes de hecho han vuelto a nacer, viene un largo proceso de recuperación física y de reencuentro con sus familias. Pero así como la vida de los que recobraron la libertad regresa lentamente a la normalidad, es necesario continuar el trabajo en varios frentes, siendo el primero de ellos el retorno de los demás rehenes en el menor tiempo posible. Para lograrlo, será necesario tender puentes con las Farc, sin disminuir la presión armada que ha cambiado de manera radical la dinámica del conflicto. Como nunca antes en su historia, los integrantes del grupo subversivo deberían caer en cuenta de que su lucha no tiene justificación ética, ni tampoco militar. Mientras eso ocurre, es indudable que viene una oleada favorable para el Gobierno y para Colombia, pues lo sucedido es fundamental para desvirtuar la imagen de que el país es un territorio sin Dios ni ley. Ese mensaje debería sonar con especial fortaleza no solo en Europa, en donde la guerrilla es mirada con simpatía por sectores de la opinión, sino particularmente en Venezuela y Ecuador, cuyas actitudes equívocas han creado tantos inconvenientes en el pasado. También el presidente Álvaro Uribe, quien merece todos los reconocimientos por el triunfo alcanzado, debería adoptar un tono más conciliador con sus críticos. En las actuales circunstancias, mantener la confrontación con la Corte Suprema de Justicia no tiene razón de ser, como tampoco hablar de un referendo que confirme el mandato de un jefe del Estado que tiene su lugar asegurado en la historia y que, en todo caso, cuenta con un respaldo ampliamente mayoritario del pueblo colombiano. En cambio, un ambiente de concordia es más propicio para completar las tareas pendientes y preparar el terreno para la llegada de una paz que ha sido esquiva y ahora se ve más cercana que nunca. ''El rescate de Íngrid Betancourt y otros 14 secuestrados debería convencer de una vez por todas a las Farc, que su lucha no tiene justificación ética, ni tampoco militar.WILABR

Siga bajando para encontrar más contenido