Mejores cuentas

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noviembre 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-14

Es indudable que a lo largo de los últimos años, más allá de sus alzas y bajas, la economía colombiana se ha hecho mucho más moderna y globalizada. Hechos tales como el peso creciente del comercio exterior en el Producto Interno Bruto o el fuerte crecimiento de la inversión extranjera se han combinado para que haya mayor claridad sobre las posibilidades que tiene el país en el concierto global. Sin embargo, muchos de esos esfuerzos pueden tener resultados limitados de no contar con normas modernas, acordes con lo que sucede en otras latitudes.

Por ese motivo es que resulta trascendental un proyecto de ley impulsado por el representante Simón Gaviria, que la semana pasada completó su trámite en la Cámara y al que le falta el paso por el Senado de la República. La iniciativa busca que en el término de dos años Colombia adopte las Normas Internacionales de Información Financiera, más conocidas como NIIF. Puesto en palabras simples, se trata de adaptar los estándares de contabilidad que rigen en el territorio nacional y hacerlos acordes con los que ya son utilizados en buena parte del mundo.

El tema es abstruso y técnico, pero eso no lo hace menos importante. Para utilizar una metáfora, el lenguaje que se utiliza para presentar los estados financieros de las empresas que operan en Colombia es exclusivo del país, con lo cual es como si existiera un dialecto que tiene que ser traducido para quienes vienen de afuera o quieren traspasar la frontera. Uno de tantos ejemplos recientes fue el de Ecopetrol, que debió hacer un esfuerzo importante para reformar la manera de mostrar sus cifras cuando decidió inscribir sus ADR en la Bolsa de Nueva York. De haber existido los NIIF eso no habría sido necesario, pues Wall Street acepta los estándares mundiales.

Ante la llegada del nuevo lenguaje, algunos integrantes del gremio de la contaduría han expresado sus reservas. Sin embargo, esa es una posición equivocada, pues a cambio de comodidad en el corto plazo, se pueden sacrificar grandes ganancias para la profesión en el mediano y en el largo término.

Por otra parte, la iniciativa es el resultado de un largo proceso de consenso que no fue nada fácil en el comienzo, y que contó con el concurso entusiasta del Ministerio de Comercio Exterior y de otras instancias del Gobierno. Así las cosas, lo que se plantea es una adopción gradual de las normas y la designación de un ente único que estaría a cargo del proceso de expedición de los nuevos parámetros y que sería un cuerpo colegiado, con lo cual se borraría la multiplicidad de voces que existe hoy. Esa labor debe venir acompañada de un gran esfuerzo de capacitación, pero casos recientes, como la asistencia multitudinaria de personas a un foro sobre el tema organizado por Deloitte, el Grupo Planeta y PORTAFOLIO, demuestra que existe un enorme interés.

Pero el objetivo de contar con un lenguaje común y universal a la hora de mostrar un balance o un estado de pérdidas y ganancias, vale la pena más allá de los sacrificios. La razón es que tanto los administradores de las empresas, como los reguladores y el fisco van a tener mejor información y más herramientas de análisis y reacción. Dicho en otras palabras, adjetivos como comparabilidad, uniformidad y transparencia empiezan a ser utilizados con más frecuencia.

Además, con miras al futuro, se adoptaría un esquema flexible en el que van a imperar la búsqueda del consenso y la respuesta ágil ante las dudas. Como si esos no fueran argumentos suficientes, también hay posibilidades a la hora de atraer inversión extranjera, así como ofrecer servicios de tercerización. Sabidas son las capacidades de los contadores colombianos y su ánimo de trabajo. Ahora de lo que se trata es de darles herramientas para que amplíen sus horizontes, en beneficio del país y de la misma profesión. Igualmente, las empresas nacionales van a salir de un proceso retador, pero al cabo del cual las recompensas superarán ampliamente a los costos. 

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