A la memoria de Gustavo Gaviria

Al doctor Gustavo Gaviria González lo ‘divisé’ cuando yo era pequeño y él ya era un gran hombre de Estado, habitando su casa de La Merced, diagonal al San Bartolo, arriba de la Maratea.

El fallecido empresario Gustavo Gaviria, en 1973.

Archivo Portafolio.co

El fallecido empresario Gustavo Gaviria, en 1973.

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octubre 11 de 2012 - 03:52 a.m.
2012-10-11

Para los políticos, él era el gran ‘componedor’ y emisario de ‘última instancia’ del doctor Carlos Lleras Restrepo.

A pesar de su gran conocimiento político y económico, con especial sabiduría en el mundo del café, nunca aceptó ser miembro de su gabinete, pues, como él mismo me lo explicaría, esa era su ventaja frente al mundo político, su condición de no ser funcionario público.

Esa doble condición de ‘independiente’ entre los políticos y de gobernante sin cartera, además, le permitía hablarle al oído al presidente Lleras, aconsejarle, por ejemplo, no buscar su reelección. Décadas después, como mentor de Luis Carlos Galán y con gran ascendencia sobre el mundo cafetero y el Partido Liberal, replicaría su esquema de asesor en la sombra del presidente Gaviria, tras impulsarlo como el heredero natural del asesinado Galán.

Gustavo venía insistiendo en que por fin le había llegado la mayoría de edad profesional y decía estar ansioso por tomar la vida con más calma y reposo.

Pero hasta hace unos pocos años, lúcido y jovial, impulsaba los negocios de bolsa, su sector cafetero y sus columnas, llenas de inquietudes empresariales y su genuina preocupación por el país, amén de su gusto por el tango y el buen vino.

Cuando su hijo mayor, Gustavo Gaviria Ángel, decidió unirse al equipo económico de la administración Pastrana como su representante ante el Banco Mundial en Washington, Gustavo Gaviria-padre, como lo conocíamos cariñosamente entre los economistas, sacó más fuerzas que nunca para ponerse al frente de sus negocios.

Al doctor Gaviria González lo conocí con mayor profundidad en su calidad de empresario a principios de los noventa, cuando ya regentaba como uno de los ‘decanos’ cafeteros más exitosos y reconocidos, después de haber sido directivo, por muchos años, de la Asociación Colombiana de Exportadores de Café (Asoexport).

Su conocida empresa Gavi-Café había penetrado el complejo mundo de las comercializadoras globales: en asocio con la empresa de Bernard Rothfos, el doctor Gaviria González dio origen a una de las trilladoras más modernas del país. En asocio con sus hijos y la Mitsubishi del Japón, creó Industrias Aliadas, dedicada a la producción y exportación de extractos de café y de café soluble.

A los doctores Gabriel Rosas (entonces presidente de Asoexport), Jorge Cárdenas Gutiérrez (entonces gerente de la Federación Nacional de Cafeteros) y a mí, como asesor cafetero del Gobierno en esos años (1993-1995) nos consta el papel de liderazgo que desempeñó a través de sus firmas cafeteras, su arraigo en las zonas cafeteras del Quindío, el Tolima y en las zonas aledañas.

El doctor Gaviria formó parte de ese selecto grupo de dirigentes empresariales que ayudaron a organizar una sociedad civil fuerte, junto al industrial Hernán Echavarría Olózaga, cuyo legado del ICP es bien conocido, y del doctor Luis Carlos Sarmiento Angulo, hoy presidente del Consejo Directivo de Anif.

A doña Lucía Ángel, su esposa por más de 55 años, y a toda la familia Gaviria Ángel, nuestra admiración por el perdurable legado que nos ha dejado el doctor Gaviria González.

Sergio Clavijo

Presidente de Anif

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