Un mes más

Un mes más

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julio 24 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-24

La reunión de la junta directiva del Banco de la República programada para hoy tiene divididos a los analistas. Por un lado, hay quienes creen que la entidad debería subir las tasas de interés en un cuarto de punto porcentual, en respuesta a la aceleración que ha venido teniendo el Índice de Precios al Consumidor a lo largo de los meses pasados y que llevó la inflación anualizada a niveles del 7,2 por ciento al cierre de junio. Por otra parte, están los que piensan que la decisión debería ser la de mantener la cosas como están, pues los datos sobre el comportamiento de la producción sugieren que la desaceleración de la economía ha sido mucho más rápida que lo esperado y que un frenazo adicional corre el riesgo de producir una parálisis en la actividad privada, con consecuencias serias sobre el consumo y el empleo.

Ambos bandos, por irónico que parezca, coinciden en que la justificación de una u otra determinación está en las percepciones, no en las realidades. Al fin de cuentas, los académicos sostienen que hacen falta al menos 12 meses antes de que el mercado financiero refleje en el valor de los créditos los efectos de las medidas que se tomen. Sin embargo, de lo que se trata en este caso es de manejar las expectativas que pueden, en un caso, limitar los reajustes y, en otro, afectar las decisiones de inversión.

Aunque suena a consuelo de tontos, el mismo dilema está en la mente de decenas de banqueros centrales en todo el mundo. La razón es que las mayores cotizaciones de alimentos y combustibles han generado una espiral alcista que ha tomado por sorpresa a las autoridades. Por lo tanto, aquellos países en donde la economía está más boyante han adoptado la receta de aumentar el costo del dinero, para moderar los ánimos y poner a la carestía en cintura, así eso le cueste unas décimas porcentuales a la tasa de crecimiento. Otros, por el contrario, han preferido tratar de estimular la demanda, con el fin de evitar el fantasma de la estanflación y no quedarse con el pecado y sin el género.

En los dos casos, los argumentos esgrimidos han sido convincentes. Quienes afirman que la inflación es el impuesto más caro de todos recuerdan el círculo vicioso de los años ochenta, cuando una buena parte de las economías latinoamericanas quedó atrapada en una red sin salida, que golpeó en particular a los más pobres. Hay quienes responden, por su parte, que la estabilidad de precios es un objetivo válido, pero que no debe imponerse a costa de medidas recesivas que prolongan el cierre de las brechas sociales.

Semejante dilema es válido también en Colombia. Durante el discurso de instalación de las sesiones del Congreso, el presidente Uribe sostuvo que no había justificación para subir las tasas, con el planteamiento de que los problemas actuales tienen su raíz en fenómenos internacionales o estrechez en la oferta de alimentos. Bajo esa lógica, un incremento en los intereses golpearía a los productores locales, complicando todavía más la situación.

Si bien dicha argumentación es discutible, es evidente que el Banco de la República no las tiene todas consigo, pero por razones diferentes. Y es que sin desconocer el mandato constitucional de defender el poder adquisitivo de la moneda, el Emisor acabó, sin quererlo, como responsable de la marcha de la economía. Esa circunstancia le acaba quitando presión al Gobierno que tiene a su cargo la presentación de un presupuesto austero para el 2009, la próxima semana. Así mismo, es obligación del Ejecutivo la puesta en marcha de medidas que pueden revertir el ciclo descendente, como la aceleración del programa de desarrollo de la infraestructura, aplazado tantas veces.

En consecuencia, el Banco debería esperar otro mes y mantenerse en los niveles actuales. De lo contrario corre el riesgo de ser señalado de incumplir sus obligaciones en materia inflacionaria y de ponerle un lastre al sector productivo, lo cual lo puede complicar aún más. Dicho de otra forma, aunque este año ya se perdió, la entidad debe guardar las municiones que le quedan para ganar el próximo.

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