Microcrédito y megasoluciones

Para que una sociedad pueda mejorar sus condiciones de vida se requiere, entre muchas cosas, democratizar el acceso al crédito y los servicios financieros. Mucho se habla del microcrédito como uno de los vehículos para cumplir dicho propósito y los resultados exitosos alcanzados por países como Bangladesh, Indonesia y Bolivia, son invocados permanentemente como ejemplo.

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agosto 10 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-10

Sin embargo, hay mucho camino por recorrer. De acuerdo al profesor Jonathan Murdoch de la Universidad de Nueva York, existen en el mundo cerca de diez mil organizaciones proveedoras de microcrédito con una cobertura de aproximadamente sesenta millones de personas. Aunque esta es una cifra importante, si se tiene en cuenta que la población mundial que vive con menos de dos dólares por día es cercana a los tres mil millones de personas, la cobertura es muy poca frente a las demandas por acceder a un crédito que permita iniciar una actividad productiva. No se trata de utilizar estas cifras para echarse a la pena, ni mucho menos minimizar el impacto de las microfinanzas. Por el contrario se trata de identificar soluciones para que este vehículo de acceso a oportunidades pueda expandirse. En ese sentido es necesario que las microfinanzas sean vistas de otra manera. Quienes creen que el microcrédito debe ser subsidiado se equivocan. Bajo el esquema de subsidios la cobertura será limitada, dependerá de donaciones y su sostenibilidad será una incertidumbre permanente, pues dependerá del buen corazón de quienes subsidian. Para que la oferta de microcrédito pueda expandirse se requiere que sea auto-sostenible, es decir, que las tasas de interés que se cobren permitan a las instituciones microfinancieras cubrir los costos de fondeo, los costos derivados de pérdidas por incumplimiento y por supuesto, los costos administrativos, sin contar con márgenes de utilidad necesarios para mejorar el servicio. Aunque hacer sostenible las microfinanzas bajo estas premisas pareciera sencillo, existe la percepción de que las tasas de interés cobradas por las instituciones microfinancieras, las cuales fluctúan en el mundo entre el 25 y el 60 por ciento, son exageradas. Esta percepción que desconoce la diferencia entre la banca comercial y las microfinanzas ha obligado en muchos países a fijar límites a las tasas de interés a través de figuras entre las que se cuenta la muy conocida tasa de usura. Para entender porqué las tasas de interés cobradas por las instituciones microfinancieras son altas no se requieren muchas explicaciones. Los préstamos pequeños que fluctúan entre los veinte y los quinientos dólares, son costosos, principalmente por los elevados gastos administrativos que demanda atender la informalidad del mercado, la falta de garantías, la constante interacción con el cliente y el cobro periódico que debe realizarse, sin contar los costos de fondeo y las provisiones por pérdidas. Por estas razones no es rentable para los bancos comerciales, bajo el modelo tradicional desarrollar productos de ese tamaño y hacia este sector. Fijar tasas de usura para organismos de microcrédito, restringe la oferta crediticia pues la hace dependiente de subsidios y limita la capacidad de llegar aún mayor número de personas, dejando el camino abierto para agiotistas que hoy en día, en países como Filipinas, cobran tasas del 20 por ciento diario. Aunque no es una decisión popular y puede ser motivo de discusión, si se quiere desarrollar el microcrédito no hay más camino que eliminar las tasas de usura para instituciones microfinancieras y generar una competencia que aumente la cobertura. La competencia lleva a que se logre mayor eficiencia en el servicio reduciendo los costos administrativos y progresivamente las tasas. En el caso de Bolivia la eliminación de la tasa de usura sirvió para dinamizar el sector, aumentar la oferta de microcrédito y lograr que las tasas pasaran de 60 a 25 por ciento en menos de una década. Eliminar la tasa de usura y otro tipo de restricciones debe ser la primera mega decisión para dinamizar las microfinanzas, pero eso si, debe ir acompañado de una buena regulación que imponga sanciones cuando se presenten abusos. ¿Quién se le medirá? Consejero Principal por Colombia y Ecuador ante el BID. "Para entender porqué las tasas de interés cobradas por las instituciones microfinancieras son altas no se requieren muchas explicaciones”.

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