El milagro peruano

Cada vez que regreso al Perú y me traslado de un lugar a otro, acudiendo a las habituales reuniones propias de las agendas de viajes muy cortos, no puedo dejar de reflexionar cuánto ha avanzado este país, sobre todo si lo comparo con los recuerdos de los viajes que alguna vez realicé en mi niñez, de la cual solo han pasado treinta años.

POR:
noviembre 28 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-28

Si agrego las herramientas propias de mi profesión a las visuales de mi niñez, los cambios se incrementan sustancialmente. El Perú hoy crece a un ritmo sostenido que supera el 7 por ciento en un entorno de fuerte estabilidad de precios, con un fuerte superávit fiscal y externo. La clásica idea de un país centrado en los sectores primarios se topa cada vez más con un crecimiento diversificado a nivel sectorial, especialmente, en aquellos de alto valor agregado y generadores de empleo. Esto se está dando además de forma descentralizada, donde la actividad y el empleo en diversas regiones del interior del país están creciendo más rápido que Lima. Este elemento es clave para solventar una de las tareas más complejas, que es la disminución de la pobreza, y lo más importante, apuntalar una mayor cohesión social. Luego de un período de fuerte crecimiento, con puntos de partida de elevada pobreza, la literatura clásica de economía política nos dice que se produce una mayor presión social por un problema de expectativas de la población, que se impacienta fuerte al crecimiento y el traslado de éste en mejora de los niveles de vida. Esto comienza a ocurrir en Perú. Si hacemos uso del vetusto concepto de Indice de miseria, muchas veces utilizado por los propulsores de protestas, que no es más que la suma de la inflación y el desempleo, los avances son indudables. La inflación es la más baja de la región, ubicándose en 2,8 por ciento a pesar de los choques de oferta que han inducido alzas en los precios de los combustibles y alimentos. La inflación más baja es una buena noticia para los trabajadores, porque significa que los aumentos salariales no se diluyen con las subidas de precios. El otro componente de este índice es el desempleo. El dinámico crecimiento económico ha inducido un incremento de las tasas de participación, es decir, el peso de la población económicamente activa dentro de la población total. Aunque la tasa de participación se elevó, la generación de empleo fue suficiente para colocar la tasa de desempleo al cierre del 2006, en 8,5 por ciento, la más baja registrada desde el 2000. A todo esto, debemos agregar la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que estimamos elevará el crecimiento del Producto Interno Bruto en 0,6 puntos durante los primeros cinco años, consolidará unos 700.000 puestos de trabajo y generará otros 50.000. Sin embargo, las reformas en el mercado laboral son tareas pendientes en la agenda para hacerlo menos rígido y fomentar la generación de un mayor número de empleos formales. El empleo informal continúa creciendo a tasas más altas que el formal. Mucho se ha avanzado en temas de solvencia. La deuda pública como porcentaje del PIB ha pasado de 46,7 por ciento a finales del año 2002, a menos del 30 por ciento del PIB en la actualidad. El Gobierno ha logrado extender el plazo medio de la deuda, así como una mejor composición por monedas. Perú es uno de los pocos países de la región que tienen una regla fiscal como marco institucional para la política fiscal. El superávit en la primera mitad del año se ha ubicado en 8,2 por ciento del PIB. La holgura del sector externo es impresionante. El resultado en cuenta corriente ha registrado niveles superavitarios récord en los últimos años. La economía peruana registra un creciente flujo de recursos privados del exterior. Las reservas internacionales netas proveen un adecuado ‘blindaje’ a la economía frente a choques externos. El saldo actual equivale al total de depósitos (en moneda local y extranjera) del sistema bancario, permite cubrir en casi 4 veces las obligaciones externas de corto plazo (con vencimiento menor a un año) del sector público y privado. Este desempeño viene siendo reconocido por los mercados. Las primas de riesgo que se asocian a la deuda soberana son las más bajas, después de Chile y México. Sin embargo, la consolidación de estos logros y su sostenibilidad pasa por implantar una serie de reformas que consoliden la situación fiscal, que visto desde una perspectiva estructural, vale decir, descontando el efecto positivo que genera la actual expansión económica, en lugar de superávit se tendría déficit por casi veinte años consecutivos. En este sentido, una tarea clave a acometer es revisar la inflexibilidad del gasto presupuestario que viene incrementándose en los últimos años, a pesar del ciclo económico favorable. Otras tareas pendientes y no menos importantes son: el incremento de la inversión privada, la reducción de la dolarización de sistema financiero, continuar la optimización del peso de su deuda y avanzar hacia una mayor cohesión social con menor desigualdad entre la población. Este último objetivo es crucial para garantizar una mayor estabilidad política del país, y permitir que la actual dirección de la política económica se sostenga y no termine siendo capturada por grupos de presión, que desemboquen en soluciones de corto plazo, que atenten con la estabilidad de la economía en el largo plazo. Sin dejar de lado las políticas sociales, en el caso del Perú, la acción que posiblemente tendría mayor impacto es el incremento de la cobertura de servicios básicos, en un segmento importante de la población rural más pobre. Estos dependen fundamentalmente de actividades agrícolas, y son los sectores de mayor descontento donde ocurren el 70 por ciento de los conflictos. La mejora en el acceso a servicio de agua, desagüe, electricidad y telefonía, en el caso de la infraestructura y un mayor acceso a servicios de salud y educación, por otro lado, podría significar un alza en su ingreso promedio de más del 50 por ciento, ya que constituiría la base de movilidad hacia actividades de mayores niveles de ingreso. En este ámbito, es mucho lo que puede aportar tanto la inversión pública, la privada, como la mixta, para lo cual se debe impulsar una importante mejora del marco institucional que permita elevar la inversión para estos fines, que se ubica por debajo del 2 por ciento del PIB, justo en el período de mayores ingresos fiscales. La buena noticia es que todos estos temas están en la agenda de los gestores de la política económica de ese país. Perú es uno de los pocos países de la región que tienen una regla fiscal como marco institucional para la política fiscal. El superávit en la primera mitad del año se ha ubicado en 8,2 por ciento del PIB”.

Siga bajando para encontrar más contenido