Un millonario que busca dejar huella a través del altruismo

Nicolas Berggruen hizo su fortuna en Wall Street; ahora, no tiene casa e invierte en cultivos de arroz y ciudades pobres

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mayo 23 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-23

Nicolas Berggruen tiene un patrimonio estimado de US$3.000 millones, el cuál amasó a través de inversiones en el mundo fi nanciero. Ahora, este hombre de 46 años está cambiando su enfoque a una estrategia nueva y más desinteresada: está invirtiendo en el mundo real, incluyendo cultivos de arroz en Camboya, molinos de viento en Turquía, plantas de etanol en Oregon y construcciones en ciudades pobres del mundo.

Berggruen espera que los millones de dólares que está poniendo en estos proyectos ayuden a elevar su fortuna y a aliviar problemas sociales. "Estoy invirtiendo en cosas que van a perdurar por generaciones y van a mejorar la vida de la gente", dice. El intento de Berggruen de mezclar ganancias con altruismo no es único. Richard Branson con su imperio sobre la marca Virgin, los fundadores de Google, Ted Turner y toda una generación de ecoinversionistas han respaldado inversiones socialmente responsables.

En el caso de Berggruen, el cambio de estrategia es más personal. Después de amasar una fortuna y comprar los trofeos usuales del éxito (una mansión en una isla privada en Florida y un condominio de lujo en Nueva York), el inversionista está reduciendo sus posesiones materiales. Ya vendió sus propiedades, ahora vive en hoteles y está a punto de vender el único vehículo que posee. Debido a que no está casado y no tiene hijos, planea dejar su fortuna a una fundación personal y a un museo de arte.

"Vivir en un ambiente grandioso para demostrarme a mí mismo y a otros que tengo riqueza ya no tiene absolutamente ningún atractivo", dice.

"Todo lo que tenga es temporal, ya que estamos en este mundo por un corto período de tiempo.

Lo que va a perdurar para siempre es lo que hacemos y producimos, nuestras acciones. Ese es el verdadero valor".

Cambio gradual La transformación de Berggruen se produce después de una vida llena de excentricidades. Hijo del coleccionista alemán de arte Heinz Berggruen, Nicolas creció en Francia y Suiza con la esperanza de convertirse en escritor.

Estudió a Albert Camus, Jean- Paul Sartre y otros existencialistas y se rebeló contra su crianza privilegiada. A los 17 años se fue a estudiar a Nueva York. Después de graduarse, empezó a invertir en acciones, bonos y fondos de capital privado.

Pronto, empezó a acumular millones, especialmente a través de la compra de empresas en problemas que reorganizaba y luego vendía embolsillándose generosas ganancias.

A pesar de su riqueza, Berggruen sigue siendo un misterio para el público. Siempre ha evitado a la prensa y nunca ha aparecido en la revista Forbes, aunque fácilmente clasifi caría para la lista de los más ricos del mundo. Cuando hace varios años una revista alemana publicó un perfi l suyo, Berggruen compró todas las copias y las destruyó.

Sus hábitos personales son legendarios entre amigos y colegas. Trabaja de 12 a 14 horas al día. Muy pocas veces visita sus ofi cinas alrededor del mundo y prefi ere trabajar en habitaciones de hotel y restaurantes. Cuando está en Nueva York, hace la mayoría de su trabajo en su BlackBerry mientras camina por el Parque Central. Para Berggruen, el chocolate es un grupo de alimentos básico.

Durante el día, tiene solo dos comidas, una de ellas usualmente consiste de un pastel de chocolate. Su mayor mimo es un avión Gulfstream IV, con el cuál registró el año pasado 250 horas de vuelo a través de 80 ciudades. Su cambio a la inversión socialmente responsable fue gradual. Cuando los precios del petróleo empezaron a subir hace unos años, se fi jó en fuentes alternas de energía. Compró la planta de etanol Cascade Grain, en Port Westward, Oregon, la cual es la más grande en la costa occidental de Estados Unidos.

Cuando investigaba el etanol, se dio cuenta de que la producción alimenticia del mundo no estaba a la par con la demanda. Así que formó un grupo de expertos agrícolas y empezó a investigar formas de impulsar la productividad agrícola. Compró cientos de hectáreas en Australia y está en conversaciones para adquirir terrenos en América Latina y otras regiones del mundo.

Después de sus inversiones en el sector de alimentos, Berggruen se dio cuenta de cómo varios problemas sociales similares podrían resolverse, o al menos ser abordados, a través de la inversión. "El gobierno no estaba resolviendo estos problemas, así que el mercado tiene que intervenir", dijo. Uno de esos problemas es la pobreza en áreas urbanas. Así que Berggruen empezó a invertir en proyectos dirigidos a revivir ciudades en decadencia. Actualmente ha lanzado iniciativas de urbanización en Newark, (Nueva Jersey), India, Turquía e Israel.

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