Minas de sal de Zipaquirá y Nemocón (Cundinamarca); Upín (Meta) y Galerazamba ahora son de particulares

Estos yacimientos, después de tres intentos fallidos de entregarlos a privados, pasarán a un grupo de empresarios que se encargarán de su administración por los próximos 30 años.

POR:
julio 22 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-22

La Unión Temporal Salinas Galera se quedó con la explotación de Galerazamba; las minas de Zipaquirá y Nemocón serán operadas por la Unión Temporal Salinas de Nemocón, y Alejandro Montaña Pradilla explotará las minas de Upín localizadas en el municipio de Restrepo en el Meta.

De esta manera, el Estado sale de uno de los últimos recursos naturales que explotaba por su propia cuenta y riesgo, como otros que ya son del resorte del sector privado.

Y aunque en la actualidad la sal no tiene la connotación geopolítica de otrora, sigue perfilándose como un negocio con enorme potencial. La prueba de ello es que las firmas que se quedaron con las cuatro minas subastadas, ofrecieron pagar en promedio 110 por ciento más (16.000 millones de pesos) de lo que pedía el Gobierno como precio base (7.600 millones).

A pesar de que en un principio el municipio de Zipaquirá opuso cierta resistencia a la entrega de la sal a los privados, ahora el alcalde, Jorge González, reconoció que la subasta fue beneficiosa para los intereses de la región.

"De los 300 millones de pesos que recibimos el año pasado, ahora le entrarán al municipio y el departamento 9.000 millones de pesos que servirán para financiar planes de salud y educación", dijo el burgomaestre.

El verdadero valor de la sal, independientemente del consumo doméstico que es algo marginal, está en que es un insumo fundamental en por lo menos un centenar de procesos industriales que van desde la fabricación de alimentos balanceados hasta la de detergentes, vidrio y tratamiento de curtiembres.

Eduardo Arce, director de Concesión Salinas, explicó que justamente debido a que el Gobierno no tenía la posibilidad de insertar en una cadena de valor la producción de sal en bruto, fue que se optó por entregarlas al sector privado, el cual tiene las herramientas y sobre todo el dinero para hacerlo.

"La política de retirar al Estado de la explotación de sal le permite concentrarse en lo que tiene que hacer, pero además no contaba con los recursos para ejecutar las inversiones que se requerían", indicó el directivo.

Colombia produce anualmente unas 540.000 toneladas anuales de sal, una cifra muy pequeña si se tiene en cuenta que México, por ejemplo, tiene una producción de 6 millones de toneladas al año.

El 40 por ciento de la sal criolla proviene de las minas de Zipaquirá, Nemocón, Upín y Galerazamba, mientras que el restante 60 por ciento se extrae de Manaure en La Guajira.

Un repaso por la historia de este recurso natural

Si había algún bien preciado por los indígenas en épocas previas a la conquista era la sal. Este producto fue empleado en el sistema de trueque, y cobró mucha más relevancia entre los españoles que lo emplearon con mucha frecuencia, entre otras cosas, en la conservación de alimentos ante la inexistencia de la refrigeración.

Posteriormente las rentas de la sal producida en Zipaquirá ayudaron a financiar las luchas independentistas. Tan importante era la sal que durante los años 20 del siglo pasado, esta actividad estuvo bajo la tutela del recién fundado Banco de la República, como si se tratara de la política monetaria de la época.

En los 70, el monopolio de la sal quedó en poder del estatal Instituto de Fomento Industrial en la empresa conocida como Concesión Salinas (en liquidación).

Los recursos que el Estado entregó

Salvo el tema del petróleo, cuya extracción hoy comparte el Estado con empresas particulares, Colombia ha ido dejando en el sector privado la explotación de otros recursos naturales, claves en la actividad económica:

  • En 1928, el Estado entregó por primera vez en arriendo las minas de esmeraldas de Muzo, las cuales se constituían en un símbolo de poder político y económico en todo el altiplano cundiboyacense.
  • En 1997, el Gobierno vendió el 46,58 por ciento de su participación en la mina de níquel de Cerro Matoso, considerada una de las más grandes del mundo, la cual está ubicada en Córdoba y de donde se extraen 9 millones de libras mensuales de ferroníquel.
  • En el 2006 se hizo una de las operaciones más grandes del sector minero cuando el Estado vendió el 50 por ciento que tenía en la mina a cielo abierto de carbón de El Cerrejón, cuya producción está cercana  a 30 millones de toneladas al año.
  • Más recientemente, en el 2007, el Gobierno vendió el 52 por ciento de las acciones que poseía en Acerías Paz del Río, que en su momento le permitió a Colombia dejar de depender de las importaciones de acero y cuyo precio hoy está por las nubes debido a la fuerte demanda de la China.

Manaure, un caso aparte

Manaure es la explotación salina más grande de Colombia, allí se producen alrededor de 300.000 toneladas de sal al año pero el potencial es de un millón, las cuales podrían ser exportadas.

En 1991 el Estado les prometió a los indígenas Wayuu  conformar una sociedad  para explotar las salinas de Manaure, pero a pesar de que el acuerdo se firmó, la sociedad se vino a concretar en el 2003. En ese año se anunció la ampliación de la participación de la comunidad indígena.

Pero el meollo del asunto es que por una serie de circunstancias, no se ha podido llegar a un acuerdo que deje satisfechas a las partes para contratar un operador especializado que deberá hacer una inyección de capital y encargarse de la operación técnica para exprimirles su verdadero potencial.

El Gobierno confía en que antes de noviembre de este año, se pueda llevar a buen puerto este proceso, lo cual redundaría en mejores ingresos y empleo para la comunidad indígena de La Guajira.

Siga bajando para encontrar más contenido