La minga llega a Bogotá

La minga llega a Bogotá

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noviembre 19 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-19

Después de ocho días de viaje y más de 500 kilómetros recorridos, la minga indígena llega a Bogotá. Lo hace después de trasegar por Cali, Palmira, Ibagué, Fusa y Soacha con el propósito de que el Gobierno Nacional atienda sus reclamos de tierra y respeto por sus derechos. No se sabe cuántos mingueros son. Se calcula que entre 10.000 y 15.000, la mayoría paeces y guambianos. Todo un reto para las autoridades locales, que los han visto arribar y partir.

Bogotá no será la excepción. La minga decidió pernoctar en las instalaciones de la Universidad Nacional hasta el domingo, pese a la oposición de sus directivas, que se vieron obligadas a la suspensión de clases con la incertidumbre por la finalización del semestre. El grupo no aceptó otras alternativas.

El arribo a la capital no es de poca monta. Es una de las manifestaciones de este tipo más grandes que se recuerde. Y a juzgar por las declaraciones de la Administración, todo está dispuesto para recibirlos ante la garantía de que no habrá desmanes ni taponamiento de vías. Pese a todo, el caos vial está garantizado y los bogotanos tienen que prepararse.

Los principales reclamos de los indígenas siguen sin atenderse: entrega de 4.000 hectáreas de tierra prometida en 1999 y otras 11.000 en el 2005; reformas del código de minas y los planes de agua; el rechazo a vincularlos con grupos terroristas y la investigación de asesinatos cometidos contra sus líderes, que este año suman 24.

Por el bienestar de los indígenas, lo deseable es que esta vez haya un entendimiento sensato. El Procurador ha advertido que resolver el tema de tierras no es fácil. Allí se conjugan desde líos jurídicos hasta el rechazo de otras comunidades a la presencia de los indígenas. Pero hay que entender que existe un compromiso previo con ellos, que el Gobierno no puede seguir alargando.

Aunque hasta ahora no está previsto un encuentro con el alto Gobierno, los indígenas aprovecharán la Plaza de Bolívar para hacerse sentir como pueblo y reivindicar sus derechos. Sin embargo, al parecer con cada kilómetro de marcha se cuelgan nuevas peticiones, la mayoría extrañas al motivo original del descontento. Si bien los indígenas están en todo su derecho de protestar y hay que brindarles las garantías necesarias, esto no puede ser pretexto para que, como sucedió en su momento con el profesor Moncayo, el objetivo central termine ahogando los reclamos válidos dentro del ruido de las arengas proselitistas.
editorial@eltiempo.com.co

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