Misterios que encierra 'El ángel perdido'

La acción arranca en la emblemática Catedral de Santiago de Compostela durante la noche de Todos los Santos.

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mayo 21 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-21

Julia Álvarez se encuentra trabajando hasta tarde en la restauración del Pórtico de la Gloria. De pronto, un extraño irrumpe en el templo y se dirige a ella en una lengua desconocida. Pero un súbito tiroteo interrumpe el encuentro y el intruso huye. El perseguidor se presenta entonces a Julia como el agente Nicholas Allen, de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos. En seguida le explica que lo enviaron a España para esclarecer el secuestro de su esposo, el afamado climatólogo Martin Faber, desaparecido cerca de la frontera entre Turquía e Irán. Así comienza a tejerse esta novela con mucho de realidad, que entrelaza, no sólo lugares como el camino de Santiago de Compostela en España con el monte Arart en Turquía, sino momentos bíblicos como el arca de Noé, con la investigaciones de la CIA, agencia secreta de Estados Unidos. Un elemento fundamental une todo esto: la búsqueda de dos poderosas piedras que son la clave para rescatar a su marido. Se trata de dos minerales únicos, descritos en detalle por primera vez en el siglo XVI, llamados adamantas, que pertenecieron a un matemático y astrólogo de la corte isabelina que dedicó buena parte de su vida a investigar las posibilidades de comunicarse con los ángeles, y que Julia y Martin recibieron como regalo de boda cinco años atrás. Conocidas también como betilos, heliogábalos, chintamanis e incluso piedras susurrantes, las piedras son codiciadas desde hace siglos por personas de las altas esferas políticas de Estados Unidos, entre ellas el presidente, y por una secta milenaria del corazón de Armenia. En medio de esta lucha internacional por hacerse con el control de las adamantas, Julia irá comprendiendo aspectos que desconocía de la personalidad de su esposo y que podrían determinar el destino de la humanidad.HELGON

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