La modernización del multilateralismo

Si en 1989 llegó a su fin el 'Segundo Mundo' con la caída del Comunismo, en el 2009 le llegó la hora a lo que se conocía como el 'Tercer Mundo'.

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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

Si en 1989 llegó a su fin el 'Segundo Mundo' con la caída del Comunismo, en el 2009 le llegó la hora a lo que se conocía como el 'Tercer Mundo': ahora nos encontramos en el medio de una nueva economía mundial multipolar en constante cambio, donde Norte y Sur, Este y Oeste son simples puntos cardinales y no sistemas económicos predestinados.

La pobreza persiste y hay que combatirla. La situación de los Estados fallidos se mantiene y hay que abordarla. Los problemas mundiales se están intensificando y hay que afrontarlos. Pero la manera de tratar estos asuntos está cambiando. Las antiguas categorizaciones de Primer y Tercer Mundo, de donantes y suplicantes, de líderes y seguidores, ya no tienen cabida.

Hoy, ya podemos observar las tensiones que afectan el multilateralismo. La ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio y la conferencia sobre cambio climático en Copenhague, demostraron qué tan difícil será poder compartir los beneficios y responsabilidades mutuas entre países desarrollados y en desarrollo. Además, esta situación se repetirá en varios de los desafíos futuros: agua; enfermedades; migraciones; demografía; y también dentro de Estados frágiles o recién salidos de un conflicto. Ya no se pueden resolver los grandes temas internacionales sin el aval de los países en desarrollo.

Luego de darle cabida a un nuevo foro como el G-20, no podemos establecer una jerarquía nueva e inflexible. Tampoco podremos afrontar este mundo de cambios a través del prisma del G-7; los intereses de los países desarrollados, aún cuando estos tengan buenas intenciones, no podrán reflejar la perspectiva de las economías emergentes.

Sin embargo, el multilateralismo modernizante no sólo implica que los países desarrollados comiencen a adaptarse a las necesidades de las potencias emergentes. El poder trae aparejada la responsabilidad. Los países en desarrollo deben darse cuenta de que ahora son parte de la arquitectura mundial y son parte interesada en el mantenimiento de un multilateralismo saludable. No podemos permitirnos volver a la geopolítica habitual. La 'nueva geopolítica de economía multipolar' deberá compartir responsabilidades, a la vez que admite perspectivas y circunstancias diferentes como forma de construir intereses mutuos.

Tomemos el ejemplo de la reforma financiera: está claro que necesitamos una mejor regulación financiera. Pero también habrá que cuidarse de consecuencias inesperadas como el proteccionismo financiero. Las regulaciones acordadas en Bruselas, Londres, París o Washington podrían surtir efecto para los grandes bancos, pero también podrían estrangular las oportunidades económicas y el crecimiento de los países en desarrollo. Wall Street expuso los peligros de la imprudencia financiera, por lo que debemos prestarle atención y llevar a cabo acciones ejemplificadoras. Pero la innovación financiera, cuando es utilizada y supervisada de manera prudente, mejora la eficiencia y protege contra el riesgo, incluso para el desarrollo. Una visión populista por parte del G-7 podría socavar las oportunidades de miles de millones de personas.

Observemos el ejemplo del cambio climático: puede vincularse al desarrollo y obtener el respaldo de los países en desarrollo para lograr un crecimiento con bajas emisiones de carbono, pero ello no ocurrirá si ésta se les impone a la fuerza. Los países en desarrollo necesitan apoyo y financiamiento para realizar inversiones que conduzcan a un crecimiento menos contaminante.

En el mundo hay 1.600 millones de personas que carecen de electricidad. Si bien debemos cuidar el medio ambiente, no podemos pretender que los niños africanos hagan sus tareas escolares a la luz de una vela o negar a los trabajadores africanos empleos en el sector de manufacturas. El desafío consiste en apoyar la transición al uso de energía menos contaminante sin sacrificar el acceso, la productividad y el crecimiento que permitan sacar de la pobreza a centenares de millones de personas.

Otro ejemplo, la respuesta a las crisis económicas: en un mundo en transición, se corre peligro de que los países desarrollados se dediquen a la realización de cumbres relativas a los sistemas financieros, o que concentren su atención en la mala administración de los países desarrollados como Grecia. Los países en desarrollo necesitan cumbres que contemplen a los pobres. Escuchar la perspectiva de los países en desarrollo ya no es tan solo una cuestión de caridad o solidaridad: es una cuestión de interés propio.

Estos países en desarrollo ahora son fuentes de crecimiento e importadores de bienes de capital y servicios de los países desarrollados. Las economías en desarrollo no sólo quieren discutir el alto nivel de endeudamiento del mundo desarrollado; también quieren prestarle atención a las inversiones productivas en infraestructura y al desarrollo infantil temprano. Quieren mercados libres para crear puestos de trabajo, elevar la productividad y crecer.

Este nuevo mundo requiere de instituciones multilaterales rápidas, flexibles y que sepan rendir cuentas, que puedan darle una voz a los que carecen de ella a través de recursos que estén siempre listos para usarse. El Grupo del Banco Mundial tiene que reformarse para poder llevar a cabo este trabajo. Y debe hacerlo de manera continua y a un ritmo cada vez más rápido. Esta es la razón por la cual hemos iniciado las reformas más amplias en la historia de la institución, que incluyen un aumento en los derechos de voto y en el peso de la representación de los países en desarrollo. Aun así, se necesitan recursos para solucionar los problemas.

El Banco Mundial necesita recursos para respaldar la reanudación del crecimiento y hacer que el multilateralismo modernizador funcione en esta nueva economía mundial multipolar. Si la recuperación no es firme, nos veríamos forzados a mantenernos al margen. Por lo tanto, el Banco Mundial procura lograr su primer aumento de capital en más de 20 años.

En esta nueva economía mundial multipolar, la mayor parte de la autoridad gubernamental seguirá residiendo en los Estados-nación. Pero muchas decisiones e influencias se sentirán alrededor, a través y más allá de los gobiernos. El multilateralismo moderno debe incorporar nuevos agentes, asegurar la cooperación entre los actores nuevos y los ya existentes, y aprovechar las instituciones mundiales y regionales para ayudar a manejar las amenazas y aprovechar las oportunidades que sobrepasen la capacidad de los distintos Estados.

El multilateralismo moderno no será un sistema jerárquico, sino que se parecerá más al alcance mundial de Internet, interconectado a cada vez más países, empresas, individuos y ONG a través de una red flexible. Las instituciones multilaterales legítimas y eficaces como el Grupo del Banco Mundial podrán establecer un tejido de interconexión que llegue a toda la arquitectura esquemática de este sistema dinámico y multipolar. Debemos respaldar el surgimiento de múltiples polos de crecimiento que nos puedan beneficiar a todos.

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