Montes de María vuelven a nacer

Tras la muerte de 'Martín Caballero' y la desmovilización de las Auc, la región vive tiempos de paz y esperanza.

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julio 02 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-02

ALFONSO SONRÍE CON TIMIDEZ cuando Michelle Gayral, periodista de Radio Francia Internacional, le pregunta por qué lo llaman 'el Resistente'. "Creo que es porque no me he querido ir de mi tierra, aunque 30 veces mi familia y yo hayamos estado a punto de morir en medio de las balas que chiteaban nuestro bohío de barro y caña brava", responde este agricultor de la vereda La Cansona, a 30 kilómetros de Carmen de Bolívar, sobre una trocha que se abre paso en las faldas de los Montes de María.

De piel curtida y manos callosas, Alfonso cuenta que en sueños todavía revive una escena que se repetía cuando guerrilleros o paramilitares se enfrentaban en sus predios con la fuerza pública: al término del enfrentamiento él limpia el barro de las cabezas a sus hijos y entre las sombras palpa sus cuerpos para ver si alguno está herido. Una pesadilla sin fin.

La disminución de las lluvias de junio anuncia la proximidad de las cosechas de aguacate y ñame, y Alfonso y otros campesinos creen que ya sin el acoso diario de la guerra pueden soñar con dejar de ser algún día jornaleros o parceleros, y asociarse en cooperativas agrícolas. En ellas tienen cifrado su futuro y el futuro de sus familias, la posibilidad de redención en unas tierras donde por tantos años solo vivieron horror y muerte.

A 15 kilómetros de La Cansona, en la escuela rural del corregimiento sucreño de Caracolí, la profesora Hermenegilda Mena González dice que valió la pena el riesgo que asumió hace 20 años cuando decidió dejar su natal Quibdó con la esperanza de desarrollar en tierras de Bolívar un proyecto educativo.

Son las 3:00 p.m. del viernes 20 de junio. Un grupo de niños recibe una clase de Español en la única aula de la escuela. Mientras tanto, en una pequeña oficina contigua varios adolescentes se alternan frente al primer computador ya programado de unos pocos que les donaron y acaban de llegar, y más allá, bajo un cobertizo de paja, otros más reciben enseñanzas de un maestro.

En medio del ambiente de paz que ahora se respira, la profesora Mena recuerda que allí ya no queda uno solo de los maestros que empezaron con ella. Unos se fueron por miedo, otros por amenazas de los grupos armados. "Es probable que la guerrilla haya cometido aquí más asesinatos que los paramilitares, pero la atrocidad de estos nos marcó mucho más", dice, y cuenta que ahora 400 estudiantes asisten a clase en dos jornadas, que hay un programa de apoyo preescolar, que los alumnos de bachillerato también reciben clases de técnicas agropecuarias, que la comunidad le apuesta a graduar la primera promoción de telesecundaria, jóvenes campesinos que estudian los módulos por medio de materiales grabados y que solo van a la escuela cuando necesitan explicaciones adicionales o están listos para la evaluación.

Diagonal al centro educativo, una explanada que hace las veces de plaza, les recuerda una de las masacres que más marcó el alma de los habitantes de la región. Fue en 1998, cuando un grupo de hombres armados, lista en mano, llamó a 20 habitantes del caserío y los fusiló.

Una recua de mulas cargadas de caña recién cortada pasa por ahí. Leonardo, uno de los guías, dice que la mejor manera de honrar la memoria de las víctimas es trabajar. "Aquí producimos yuca y ñame, y con nuestro trabajo sembramos paz -dice el joven campesino mientras intenta controlar una bestia a punto de encabritarse-. Ahora le toca al Gobierno responder por la salud y la educación de nuestras familias".

Regreso a la tierra

En la finca Mala Noche, a orillas de la carretera que une a San Jacinto con El Carmen, en una pesebrera habilitada como sitio de encuentro, 59 campesinos de Sucre desplazados de Macayepo -allí, el 19 de septiembre de 2000 fueron asesinadas por los paramilitares cerca de 100 personas- conversan con la instructora del Sena Astrid Romero Álvarez y el agrónomo Edilberto Zúñiga sobre cómo desarrollar proyectos productivos. Y es que para ellos -tanto para los que quieren pronto emprender el camino de regreso, como los que quieren ser ubicados en la región- estos proyectos son posibilidad de futuro, promesa de progreso para sus familias.

Llevan dos semanas en albergues habilitados por el Programa de Acción Social de la Presidencia, y uno de ellos, Samuel Torres, un "retornado", cuenta que el Incoder entregó unas tierras y que la comunidad espera ahora que el Gobierno cumpla la promesa de hacer una inversión complementaria para ponerlas a producir. A su lado, Uriel Miguel Canoles celebra la instalación de 32 casas prefabricadas y la construcción de las primeras 12 de 25 que serán terminadas con el concurso de la comunidad. Según él, cada casa sale por 5 millones 300 mil pesos: "El Gobierno pone cuatro y cada una de nuestras familias pone 800.000, unos viajes de arena, la mano de obra y otras arandelas".

En San Jacinto, la artesana Gladys Madrid también es portadora de buenas nuevas. Una cooperativa que asocia a 25 mujeres cabeza de hogar que tejen hamacas, ha logrado el promedio más alto: 100 hamacas semanales. Ellas y otros productores no asociados se ven 'a gatas' para atender la demanda de los turistas que han regresado y de los comercializadores que les ayudan a exportar sus mercancías. "La violencia puso en peligro nuestra subsistencia -afirma Gladys mientras teje-. Había días enteros en que no se veía un alma por aquí, por temor a explosiones, incendios de carros y otros atentados". Frente al establecimiento de Gladys, Adolfo García, conductor de un bus de Expreso Brasilia, ha parado por unos minutos para que los pasajeros puedan ver las hamacas, sombreros, tamboras y otros productos del comercio local. García celebra que ya no exista el toque de queda que hasta el año pasado regía en las vías entre las 6:00 p.m. y 6:00 a.m. "Ahora nuestra empresa y otras que prestan los servicios en esta zona de los Montes de María pueden trabajar las 24 horas y atienden semanalmente entre 1.000 y 1.200 pasajeros".

En El Carmen, mientras tanto, el Programa de Integración Social del Gobierno, con apoyo de la Armada y la Fuerza Aérea, adelanta una jornada de atención médica y quirúrgica que rematará con una fiesta. Entrada la noche, la plaza se ilumina con la luz de las velas que llevan las parejas que bailan al ritmo de la música vernácula interpretada por Los Auténticos Gaiteros de San Jacinto, los mismos que hace poco recibieron un premio Grammy.

"Hace un año esto era impensable", dice Jesús Yepes, y lo confirman dos infantes de Marina que prestan guardia de forma más bien relajada. "El año pasado, una reunión de estas parecía imposible -afirma uno de ellos-. La explosión de una bomba o el fuego que las milicias de las Farc nos abrían desde alguna casa podían convertir una fiesta en tragedia".

Mientras ellos cuidan la plaza, otro de sus compañeros, Wagner Yejas de La Rosa, hace su turno en La Voz de la Marina, que en fin de semana transmite música tropical y complace a los oyentes, pero sin darle tregua a la campaña pro desmovilización de los focos guerrilleros que aún subsisten en los que fueran los dominios del jefe del frente 37, 'Martín Caballero', muerto en un enfrentamiento con el Ejército en octubre del año pasado.

Un ambiente de tranquilidad se respira hoy en los seis municipios de Bolívar y Sucre de la región de Los Montes de María, una zona de 6.500 kilómetros cuadrados. La desmovilización de los paramilitares en junio de 2005, el repliegue de las Farc por los golpes del Ejército y la muerte de 'Martín Caballero', les han devuelto a las comunidades la esperanza de un futuro mejor. Y aunque saben que aún no pueden hablar de paz, la distensión que viven les permite de nuevo soñar en que un desarrollo equitativo es posible.

La empresa Hocol trabaja en exploración de petróleo y los palmicultores planean nuevas inversiones. La gente del común no ve con malos ojos la reactivación de grandes empresas, y esperan que el renacer de la región vaya también de la mano de los pequeños productores, que requieren vías y centros de acopio organizados para los productos, que necesitan ver el rostro social de las grandes inversiones públicas y privadas.

ESFUERZOS INTEGRADOS

El coronel Rafael Colón, representante de las Fuerzas Armadas en el Programa de Acción Integral, sostiene que el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía han sido claves para rescatar los Montes de María de la violencia y que ahora el reto es su consolidación mediante un modelo de desarrollo sostenible.

El objetivo de Acción Integral es coordinar los esfuerzos de entidades estatales que aún trabajan en forma dispersa, y entre la larga lista de prioridades figuran el retorno de cientos de desplazados de El Salado, Chengue, Macayepo y pequeñas poblaciones como Don Gabriel, Salitral y Pijagual; la habilitación de la carretera El Carmen-San Onofre, vía clave para el desarrollo agrario, y ampliar en más de 60 por ciento la cobertura en salud y educación.

La coordinación está a cargo de Juan Camilo Velásquez Millán, delegado de Acción Social de la Presidencia y quien hace las veces de padrino de los Montes de María. Este modelo de padrinazgo es aplicado por el Gobierno en las regiones deprimidas por la violencia, para complementar sus tareas de rescate y desarrollo. Sin embargo, no pocas veces choca con los intereses de descentralización y autonomía de las regiones, y es blanco de críticas de organizaciones sociales que los ven como instrumento de propaganda política.

Es difícil negar, sin embargo, la progresiva recuperación de la región de los Montes de María, que desde el 15 de junio de 1989, cuando el Eln destruyó el complejo petrolero de Coveñas, empezó a sufrir las consecuencias de la violencia y los enfrentamientos de grupos irregulares por el control de la región. El fin de la violencia cíclica es una de las mayores esperanzas.

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