Un mundo con más gente, pero menos agua y comida

Hace unos días, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki Moon, al referirse a la posibilidad de que el mundo sea habitado por 7 mil millones de personas a finales de octubre próximo, dijo: "El ciudadano que sea el número 7.000 millones habrá nacido en un mundo lleno de contradicciones.

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septiembre 27 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-27

Tenemos mucha comida, pero hay millones que se mueren de hambre; mucha agua, pero hay otros miles que padecen sed; hay quien vive lujosamente, y otros que están en la mayor pobreza". La reflexión podría ser calcada al caso colombiano, país que pronto tendrá, según el Departamento Nacional de Estadísticas (Dane), 50 millones de personas. Aquí, el habitante número 50 millones no sólo se enfrentará a una vida de contradicciones. Esa presión poblacional adicional, que al mismo tiempo impulsará el cambio climático, le llevará a vivir en un territorio cada vez más expuesto a tres problemas trascendentales: el aumento de la vulnerabilidad frente a potenciales tragedias, la disminución de la oferta hídrica y la escasez de alimentos. En las últimas décadas, Colombia ha perdido 336 mil hectáreas de bosques anuales (algo así como un área equivalente al Atlántico repleta de vegetación), para darle paso a la agricultura, la ganadería y la minería, actividades con las que el efecto invernadero se incrementó, mientras el recurso hídrico se redujo. En el mundo, según la ONU, el agua ya escasea para 1.000 millones de personas, con el agravante de que en el 2025 la demanda del líquido llegará a superar la oferta en un 56 por ciento. En Colombia, en los 32 departamentos, el consumo se dobla cada 20 años en promedio. Y según el Ideam, el cambio climático reducirá la escorrentía entre el 10 y el 30 por ciento en periodos secos, sobre todo para los años 2070 y el 2100, y especialmente para las regiones Caribe y Andina, donde vive la mayoría de la población. Sufrirán específicamente la Sabana de Bogotá y también las cuencas de los ríos San Jorge y Sinú, entre otras zonas. Y es que precisamente en estas regiones están situadas las casi 600 poblaciones (más de la mitad de los municipios del país), que según la Defensoría del Pueblo son vulnerables a quedarse sin una fuente hídrica que les permita abastecerse a largo plazo y en épocas con pocas lluvias. Son 30 millones de personas expuestas a esta crisis, porque aunque hoy los aguaceros son frecuentes, está medido que fenómenos como los de 'La Niña', que llevan al aumento de las precipitaciones, se alternarán con mucha frecuencia con otros que nos pondrán al frente largas temporadas de sol. Otros habitantes del centro del país también ven cómo se pierde con el tiempo otra fuente potencial de agua potable para abastecerse: los páramos y los nevados. En el primer caso, no sólo están siendo destruidos por la minería. Además, la temperatura promedio en ellos podría aumentar en tres grados en los próximos 30 años por efectos del calentamiento global, lo que significaría la muerte de parte de su flora que capta agua como una esponja y para soltarla cuando la gente la necesita. Por su parte, los nevados se están derritiendo. El Cocuy y los galaciares del Santa Isabel, Ruiz y Tolima podrían extinguirse antes de 30 años. Ellos, más allá de tener un efecto paisajístico, son una reserva de agua de donde surgen por fusión los nacimientos de algunos ríos. También aportan a las cuencas hidrográficas como la del río Chicamocha y a aquellas de las vertientes occidental y oriental de la cordillera Central, donde están los ríos Otún y Combeima, respectivamente. Sin embargo, debido al derretimiento, cada vez entregan menos líquido a las corrientes de agua que suelen alimentar. Ese deshielo, que se está produciendo en todo el mundo y principalmente en el Ártico, ha generado otra amenaza indirectamente para las costas colombianas, el aumento del nivel del mar. PRESIÓN HUMANA Con el incremento poblacional, cada vez más personas terminarán viviendo en zonas de riesgo, como las costas del Pacífico y el Caribe. Según el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), se estima que en el 2050 cerca de 100 mil personas estarán afectadas por la inundación de 8 mil kilómetros de costas, tanto en el Pacífico como en el Caribe, y estrictamente en Buenaventura y Tumaco, al igual que en sectores de Barranquilla, Cartagena y San Andrés, isla que podría perder el 15 por ciento de su territorio. El aumento de las mareas viene con una subida de la temperatura del mar, que hoy tiene en jaque a los arrecifes de coral, que sustentan la pesca. Con esto bajarían las poblaciones de almejas, ostras y caracoles, y en medio de esas dificultades, y con 10 millones de personas más para alimentar, se tendrán que mantener las cifras de recurso pesquero que hoy se extraen en ambas costas (100 mil toneladas al año). Para darle comida a la población mundial en el 2050, la producción de alimentos deberá aumentar en 70 por ciento, lo cual no parece viable frente al agotamiento del suelo, la erosión y la pérdida de la biodiversidad. - Colombia debe aumentar área para el cultivo de alimentos Las cosas en Colombia requieren un reto similar al del mundo en general con el aumento poblacional, ya que se deberán tener sembradas 17 millones de hectáreas de alimentos para los próximos 20 años, pero hoy sólo se tienen cinco millones, la mayoría de ellas (63 por ciento) de producción campesina. En síntesis, más de 50 por ciento de la población colombiana se encuentra en niveles de inseguridad alimentaria, un problema que debe resolverse, según Julio Carrizosa, del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional, "sin que se destruyan zonas de importancia ambiental que le abran un paso infinito a la agricultura extensiva".HELGON

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