El mundo todavía es ancho y ajeno

Otra lección para aprender: nos olvidamos de que la distancia cuenta. La globalización hizo que el mundo pareciera un lugar muy pequeño.

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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

Los correos electrónicos saltan de un continente a otro en un abrir y cerrar de ojos. Las redes sociales nos permiten ser amigos de personas a miles de kilómetros de distancia con tanta facilidad como si vivieran en la otra calle. El dinero viaja como un rayo de un país a otro y las ideas y tendencias dan la vuelta al mundo.

Y sin embargo, cuando la tecnología deja de funcionar, Helsinki está lejos de Madrid, o Nueva York de Berlín. Si intentamos hacer ese viaje a la antigua -en auto, por barco o a pie-, de golpe nos daríamos cuenta de que la distancia entre los lugares todavía incide considerablemente. El mundo no es la aldea global que nosotros creemos. Sigue siendo un lugar vastísimo y lo local a menudo puede reaccionar con fuerza a lo global.

Igualmente, debemos estar preparados para lo imprevisto. Hace un par de años, lo que se hizo pedazos fue el sistema financiero. En este momento, es el sistema de transporte. En ambos casos, la causa fue algo que no esperábamos, para lo cual no teníamos planes. Pensábamos que los fondos de cobertura podrían golpear a los bancos -en cambio, lo hicieron unas hipotecas de apariencia más bien insulsa-. Pensábamos que los terroristas podían sembrar el caos a través del sistema de la aviación comercial, pero ese trabajo lo hizo la ceniza de un volcán de Islandia.

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