Desde el museo, Hitler muestra mirada desafiante

El nuevo museo de Madame Tussaud en Berlín logró el retorno de Adolf Hitler, gracias a una figura de cera con la que el dictador es presentado en sus últimos días, reducido en su búnker, pero con una mirada desafiante.

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julio 04 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-04

El primer contacto visual con la figura del dictador consigue poner los pelos de punta a cualquiera que entre en la oscura sala ambientada con el estruendo de las bombas aliadas, vigilada en todo momento por una cámara de seguridad. Sentado tras una mesa, extiende su mano derecha sobre un libro, que tal vez pudiera ser su diario, o quizá, se trate de su cuaderno de estadista en el que acaba de escribir su plan “B”. La decisión del Madame Tussaud de incluir la figura de Hitler en su nueva sede, ha levantado ampollas entre la clase política alemana, que la calificó de “mal gusto”, mientras que el alcalde de la capital, Klaus Wowereit, expresó en una carta su preocupación por la llegada del ‘Führer’ a Alemania, donde está prohibida la simbología nazi. En la presentación a la prensa, una banda separaba la escena de los expectantes periodistas que se apiñaban para conseguir la polémica instantánea, mientras un responsable del museo recordaba que las fotografías no estarán permitidas a partir del sábado, día de apertura al público. Los responsables del nuevo Madame Tussaud de Berlín explicaron que la decisión de “aislar” a Hitler de los focos responde a su “deseo de respetar a los millones de víctimas fallecidas durante la Segunda Guerra Mundial”. El nuevo museo reúne en sus 2.500 metros cuadrados a 75 personajes célebres, repartidos en habitaciones clasificadas por temas: políticos de ayer y de hoy, científicos, artistas y deportistas. El artífice de la unificación alemana, Otto Von Bismark da la bienvenida al museo, mientras su gran espada invita a descubrir las habitaciones de la planta baja, donde espera Carlos Marx. Grandes nombres de la Guerra Fría como John. F. Kennedy, Winston Churchill o Mijail Gorbachov dan paso a generaciones más recientes de políticos, como el ex canciller Gerhard Schröder o el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit. Aparece la canciller alemana, Angela Merkel, –un tanto rejuvenecida por el milagro de la cera–-. A un lado, el Dalai Lama y al Papa Benedicto XVI ceden protagonismo al presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien, móvil en mano y pendiente de los focos, se sitúa junto a George Bush, envejecido y mucho más alto que el galo. El museo permite ir del brazo de Justin Timberlake o besar George Clooney.WILABR

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