El narcotráfico se ensaña con México

Colombia reconoció que tenía un problema de drogas a mediados de los años 80, cuando los narcotraficantes empezaron a dejar ver sus ambiciones políticas y empezaron una lucha abierta contra el establecimiento colombiano.

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abril 08 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-08

Durante varias décadas, los narcotraficantes amasaron grandes fortunas y desarrollaron redes que permearon todos los sectores de la sociedad y la economía. Uno de los factores que contribuyó al rápido crecimiento del negocio en Colombia fue la habilidad de los carteles para penetrar las entidades a cargo de la lucha contra las drogas: autoridades, jueces, policías, políticos, entre otros, combinado con la ausencia del Gobierno en muchas regiones del país -falta de Policía, Ejército, sistema judicial, instituciones gubernamentales, asistencia social, oportunidades de trabajo-. Sin embargo, el país rápidamente entendió que necesitaba hacer grandes esfuerzos a nivel institucional para llevar a cabo una guerra contra los carteles de la droga y cambiar el curso de la historia. La respuesta inicial del Gobierno fue la firma del tratado de extradición con Estados Unidos que condujo a una guerra abierta entre los jefes de la droga y el Gobierno Nacional. Ésta llevó a un aumento en secuestros, asesinatos de políticos, periodistas y policías, atentados terroristas, extorsión, entre otros. La reacción del Gobierno no se hizo esperar, pero sus resultados han tardado mucho tiempo en dar frutos. Desde cambios estructurales al sistema judicial como fueron la ley de extinción de dominio y la adopción del sistema acusatorio, hasta la profesionalización de las fuerzas militares y el desarrollo de una verdadera capacidad de inteligencia estatal, que aunque es cuestionada por muchos, ha sido fundamental en atinar los grandes golpes al narcotráfico, al paramilitarismo y al narcotráfico en general. A pesar de ello, hay quienes todavía se cuestionan si todo este esfuerzo en vidas humanas, destrucción de valor e inversiones millonarias para combatir el narcotráfico era necesario. El narcotráfico, por su parte, no se quedó quieto y fue mutando de manera paralela, desarrollando empresas más sofisticadas para administrar el negocio. MÉXICO, EN EL CAMINO Es bueno señalar -abusando de la ventaja de la visión retrospectiva-, que México era ya en un jugador importante en el tráfico de estupefacientes hacia Estados Unidos y Asia, pero lo que no se sabía era que su capacidad de mutación incluía cambiar de nacionalidad y centro de operaciones. Es por ello, que México en los últimos años está viviendo su propio calvario, los carteles mexicanos controlan hoy el negocio de la droga y sus tentáculos llegan mas allá de lo que cualquiera hubiera imaginado. Durante los últimos años, la pérdida de vidas humanas, tráfico de drogas y armas desde y hacia Estados Unidos, y la guerra sin cuartel que se libra en algunas ciudades del norte de México, hacen ver la guerra colombiana de finales de los 80 como un juego de niños. A los mexicanos les duele ver la realidad, pero es gracias al Gobierno actual que ésta ha empezado a cambiar. Al igual que en el caso colombiano, van a pasar años antes que los esfuerzos den frutos, pero es la determinación del pueblo mexicano lo que va permitir a esa gran nación salir triunfante. Ya se escuchan las voces de analistas haciendo las mismas críticas considerando la guerra contra las drogas un capricho del presidente Calderón o una imposición del imperio del norte. La realidad es que esta guerra era inevitable. A nivel internacional, los medios entregan un parte de preocupación y, a veces amarillista, de la situación en Ciudad de Juárez y otras ciudades cercanas a la frontera con Estados Unidos. Esto afecta la percepción general que se tiene del país, de las condiciones de seguridad interna, y de la capacidad de las autoridades de lidiar con el problema. Como suele pasar en este tipo de coyunturas, se pierde más rápido la guerra de la percepción que la guerra contra las drogas. En ese sentido es imperativo que analistas locales e internacionales, los medios, e inversionistas extranjeros sean más prudentes al momento de hacer conjeturas y tomar decisiones de negocios sobre su futuro en el mercado mexicano, que ofrece grandes oportunidades de inversión para cualquier negocio o inversionista. La estadística sobre hechos de violencia, homicidios y atentados terroristas no se debe usar como herramienta política para criticar o defender los logros de un gobierno, sino para el análisis objetivo de parte de expertos, de las fuerzas de seguridad del Estado y de los gobernantes de turno, para dedicar recursos económicos y humanos para frenar el problema, proponer políticas públicas que ayuden a contrarrestar este flagelo, y enfocar los esfuerzos de capacitación y entrenamiento de los organismos judiciales y fuerzas de seguridad del Estado donde realmente está la raíz del problema. México tiene grandes retos en la materia, pero ya empezó a demostrar que no les tiene miedo. Sigue siendo una de las principales economías del mundo; país fronterizo y socio estratégico de E.U. en temas políticos, económicos y sociales, y ha demostrado varias veces su actitud de luchador. Lo hizo después del efecto tequila de mediados de los 90 y lo volvió a demostrar el año pasado después de la epidemia de fiebre AN1H1. Y su sociedad -al igual que la colombiana- logrará demostrar que el pecado de unos no se lo pueden endilgar a todo un país. En ese sentido es importante para México aprender de la experiencia colombiana y aprovechar la curva de aprendizaje que las autoridades nacionales tuvieron en la lucha contra las drogas. De la misma manera, es necesario seguir trabajando mancomunadamente entre Colombia, México y E.U. para buscar soluciones a esta guerra que ya lleva varias décadas y parece nunca acabar. Como soy un convencido que el crimen no se extermina sino se desplaza, los tres países deben prevenir que estos criminales trasladen su negocio a Centroamérica, el Caribe o cualquier otra jurisdicción que les sea favorable. * Director general de BI&I y Director de la oficina de Miami de Kroll "Algunos de los síntomas en México son parecidos a los de Colombia: el asesinato de altos dignatarios y policías a manos de sicarios, la militarización de algunas de sus ciudades, la captura y extradición de unos cabecillas, el terrorismo y la violencia generalizada en las calles. México tiene grandes retos en la materia, pero ya empezó a demostrar que no tiene miedo de asumirlos y afrontarlos”.ADRVEG

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