Un negocio con carne

Un negocio con carne

Finanzas
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marzo 25 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-25

La noticia de ayer, referente a la feliz llegada al puerto de Beirut de un buque con 2.825 novillos y toretes provenientes de Colombia, va mucho más allá de aumentar la presencia comercial del país en el Medio Oriente. Y es que aparte del largo viaje de 23 días por el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo y de otro pedido de 6.044 animales que se encuentra en camino, el evento es destacable por lo que significa para la ganadería nacional. Por fin, y al cabo de años de espera, la nación amplía su participación en los mercados internacionales y comienza a evaluar sus posibilidades en un ramo en el que tiene un potencial inmenso. Dicha afirmación puede sonar a lugar común. Para nadie es un misterio que buena parte de la tierra cultivable en Colombia está siendo utilizada por casi medio millón de fincas ganaderas de diversas extensiones, que ocupan en total cerca de 40 millones de hectáreas en las que pastan unos 26 millones de vacunos. Ese número hace que el país tenga el puesto 12 en el mundo y que en ciertas razas, como la Brahman, posea el hato más grande del planeta y el de mayor pureza. A pesar de semejantes condiciones, el sector no ha estado exento de problemas. El más serio, indudablemente, es el del orden público, pues la presencia de guerrilla y paramilitares en los campos no es, por decir lo menos, el elemento más favorable para el desarrollo del negocio. Además está el tema sanitario, ya que la fiebre aftosa afectó a diferentes zonas del territorio desde 1950, cuando llegó proveniente de Venezuela, según el Instituto Colombiano Agropecuario. Esos y otros factores llevaron a que las inversiones se mantuvieran relativamente bajas durante décadas, sin desconocer algunos esfuerzos aislados. Tales circunstancias, afortunadamente, cambiaron en épocas recientes. De un lado, la política de Seguridad Democrática permitió que la calma regresara a buena parte de los departamentos ganaderos, mientras que el uso de mecanismos de prevención y las campañas de vacunación llevaron a que en mayo del 2009 Colombia fuera declarada como territorio libre de aftosa. A pesar de un pequeño susto ocurrido un mes después en una finca localizada cerca de la frontera con Ecuador, ese pronunciamiento se mantuvo e implicó el levantamiento de vetos impuestos por las principales naciones consumidoras de carne. Irónicamente, hace nueve meses fueron muchos los ganaderos que consideraron ese triunfo como una victoria simbólica. La razón es que el mercado venezolano estaba funcionando muy bien, perpetuando una bonanza que alcanzó a durar casi un lustro y que permitió la exportación de unas 350.000 toneladas de carne en pie y en canal al país vecino, además de la facturación de casi 800 millones de dólares en el pico anual más alto. Dichas ventas fueron hechas a unos 3.800 pesos el kilogramo, más del doble de lo acostumbrado en el mercado internacional, un hecho que acabó presionando la inflación interna. Como es conocido, ese auge cambió abruptamente a partir de julio pasado, cuando el Gobierno de Hugo Chávez decidió restringir al máximo su intercambio con Colombia. Así, y de un momento a otro, los ganaderos vieron cómo Venezuela empezó a comprar el producto en Brasil, Uruguay y Argentina, a pesar de las dificultades logísticas que esa determinación implicó. El desplome de las ventas condujo a pérdidas cuantiosas y un reacomodamiento que incluyó reducciones de hasta el 30 por ciento en los precios de los novillos de engorde, aunque el alivio en el bolsillo de los ciudadanos fue mucho menos significativo. Pasado el chaparrón, las posibilidades del mercado externo han vuelto a ser analizadas con una mirada realista, como sucedió en un foro organizado por el área de salud animal de Pfizer. Sin embargo, todo indica que el país tiene un gran camino por recorrer para mejorar sus índices de productividad pues, por ejemplo, podría tener el mismo hato en una tercera parte de la tierra actual y dejarle el saldo a la agricultura o a expandir su frontera pecuaria. Ese es un objetivo factible si se logra la mezcla de políticas, tecnología y procesos adecuados. Igualmente, los ganaderos sostienen que tan solo con la creación de un puesto de trabajo en cada finca se generarían medio millón de empleos. Nada mal para un país en el cual la desocupación es uno de los principales dolores de cabeza. Al cabo de años de espera, el país amplía su presencia en los mercados internacio- nales y comienza a evaluar sus posibi- lidades en materia ganadera, un ramo en el que tiene un potencial inmenso.ANDRUI