Nerviosismo europeo

No fue bueno el comienzo de la semana para la economía europea. Así lo dejaron en claro los principales mercados, en donde se sintió el viento frío que venía del Viejo Continente.

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mayo 24 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-24

Y es que en diversas latitudes los precios de las acciones descendieron ante los temores de que la crisis que golpea a las naciones ubicadas en la zona mediterránea se intensifique a pesar de los esfuerzos de las autoridades. Como si lo anterior fuera poco, el aire amaneció enrarecido, literalmente hablando. La erupción del volcán Grimsvotn, en Islandia, ocasionó la cancelación de vuelos, si bien no ocurrirá lo mismo que con el Eyjafjalla, cuyas cenizas abrasivas obligaron a la suspensión del tráfico aéreo desde la península Ibérica hasta Escandinavia durante varias semanas del 2010. Incluso algunos trataron de interpretar el atasco de la limosina de Barack Obama, que no pudo salir de la Embajada estadounidense en Dublín, como un mensaje sobre lo difícil que es avanzar en esa parte del mundo. Pero más allá de ese par de episodios de carácter anecdótico, las verdaderas inquietudes radican en el problema de la deuda pública que sigue sin encontrar una verdadera solución. La historia comenzó hace cerca de un año en Grecia, que recibió una cuantiosa inyección de recursos girados por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Pocos meses después, el turno fue para Irlanda, después de que el Gobierno decidiera darles una transfusión a sus bancos comerciales, impactados por el reventón de la burbuja inmobiliaria. Ahora le toca a Portugal, cuya solicitud por 110.000 millones de dólares viene de ser aprobada por Bruselas y Washington. Sin embargo, el nerviosismo sigue. De un lado, la firma calificadora de riesgo Standard & Poor's señaló que estaba cambiando su perspectiva sobre la deuda de Italia de estable a negativa. Del otro, la debacle política del Partido Socialista en las elecciones locales de España es un indicador del rechazo de los votantes a las propuestas de austeridad, lo cual puede hacer más difícil que se adopten medidas para reducir el déficit presupuestal y el tamaño de las acreencias públicas. Como consecuencia, los márgenes de riesgo de los papeles emitidos por esas naciones aumentaron significativamente. El motivo de fondo es que a diferencia de las economías que han pedido ayuda, la italiana y la española se encuentran entre las 10 más grandes del mundo. Por tal motivo, cualquier necesidad de apoyo financiero que tengan podría agotar las fuentes de recursos destinados por la Unión Europea con destino a naciones de mucho menor tamaño. En respuesta, no han faltado los llamados a la cordura. Roma, por ejemplo, ha señalado que tiene un faltante fiscal que equivale a menos del 5 por ciento del Producto Interno Bruto y que sus cuentas públicas se encuentran en orden, una afirmación con la que coinciden los analistas. Madrid, a su vez, resalta que el peso de su deuda es inferior al promedio de la Unión Europea y que ya comenzó a apretarse el cinturón con el propósito de disminuir el saldo en rojo de la tesorería. A la luz de esas afirmaciones, no habría necesidad de apoyo. No obstante, los problemas actuales son lo suficientemente serios para no ignorarlos. Tal vez el caso más complejo es el de Grecia, que ha cumplido a medias con sus compromisos, pues no ha hecho tantos ahorros ni privatizado los bienes estatales que prometió vender. Debido a ello, hay quienes pronostican una reestructuración de la deuda de Atenas, algo que llena de pánico a muchos ante la posibilidad de un efecto dominó que tendría costos altísimos. Esa es la razón de los altibajos del euro, que refleja una situación de incertidumbre que demanda la atención de todos los países, incluyendo a los lejanos como Colombia. HELGON

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