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¿Quién lo nombró ‘sheriff’?

No sólo los venezolanos están cansados, como lo mostró una reciente encuesta de prensa divulgada internacionalmente, de que el presidente Chávez ande peleando con todo el mundo. Muchos colombianos también estamos cansados de la agresividad y la mala honda de este mandatario con nuestro país.

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mayo 12 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-12

Y por lo que publicó la prensa esta semana, el presidente Lula del Brasil también se siente incómodo con el inusual modo de Chávez de llevar sus asuntos internacionales. Dice la sabiduría popular que de tanto criticar al enemigo, uno corre el riesgo de terminar pareciéndose a él. Algo de eso le está pasando a Chávez. A la vez que critica dura y reiteradamente el intervencionismo de Estados Unidos en el hemisferio, él y su gobierno cada vez más están incurriendo en eso, en abierto intervencionismo en asuntos internos de otros estados. ¿O cómo pueden interpretarse sus recientes insultos contra Alan García, candidato a la presidencia en Perú? Es claro que él quiere que gane las elecciones el otro candidato, Ollanta Humala, y no tiene problema en tratar públicamente a García de ladrón e inepto. ¿Si eso no se llama intervención en asuntos internos de otro país, cómo se llama? Lo que no calculó Chávez es que sus declaraciones sirvieron para lo contrario: si García es elegido en segunda vuelta, mucho habrá tenido que ver en su triunfo la solidaridad recibida de miles de peruanos en rechazo abierto contra el intervencionismo del venezolano. Contra Colombia basta recordar el último incidente, en el cual el mandatario del vecino país criticó públicamente al gobierno de Uribe por finalizar las negociaciones del TLC con Estados Unidos. Ciertamente Chávez tiene todo el derecho de no estar de acuerdo con esto y aún de retirarse de la Comunidad Andina como consecuencia del estrechamiento de las relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos. Pero de ahí a tratar al Gobierno colombiano de traidor y afirmar que le dio “una puñalada por la espalda” a la integración andina es, claramente, pasarse de la raya y entrar, sin ser invitado, en el sagrado terreno de los asuntos internos de otro país. En su momento defendí, y lo hago hoy también, la legitimidad del gobierno de Chávez y el hecho de que llegó al poder en justa lid democrática. Nadie puede negar que su ascenso a la presidencia de Venezuela está marcado por la decadencia de algunos liderazgos tradicionales en su país, o que su causa representó esperanzas de cambio. Aún hoy puedo aceptar que detrás de muchas de sus políticas sociales está la buena intención de un mandatario por redimir a los más débiles. Pero esa misma sinceridad se requiere hoy para constatar que Chávez está en otra película. Su política exterior, en alguna medida, es ingerencionista. Sus excesos verbales son hoy sello de su discurso. Apoya abiertamente a políticos y candidatos de su predilección en Perú, Bolivia, Colombia o Nicaragua. En cada acto o declaración internacional que da parece reafirmar su mensaje de que quien no sea militante activo de su causa anti estadounidense, es su enemigo. Por eso no tiene problema en dejar vacía la silla que le tenían reservada en la posesión del presidente Oscar Arias de Costa Rica, que fue elegido con la bandera de sumarse al TLC centroamericano con Estados Unidos. Y en medio de tantas tensiones que viene creando a lo largo del hemisferio, y tantas agresiones verbales innecesarias y fuera de lugar para un jefe de Estado, muchos nos preguntamos, ¿quién nombró a Chávez sheriff de Latinoamérica? Lo que está logrando con su proceder internacional es asustar a los demócratas de todo el hemisferio. Politólogo, periodista "Muchos nos preguntamos, ¿quién nombró a Chávez ‘sheriff’ de Latinoamérica?”.

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