La nueva España

Joaquín Estefanía es uno de los analistas españoles con mayor y bien ganada reputación. Su magisterio en el ámbito universitario y periodístico, lo mismo que su pensamiento político son fuente obligada de consulta para descifrar y entender la España de hoy. Especialmente, desde que sobre el cementerio de más de un millón de muertos que arrojó la guerra civil (1936-39) una nueva generación decidió ponerle oído a la sentencia de Ortega y Gasset, cuando en 1919 sostuviera, ante la sordera de los fundamentalistas de la época, que “España era el problema y Europa la solución”.

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noviembre 19 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-19

Un reciente ensayo suyo intitulado ‘La larga marcha’ esclarece muchos interrogantes y sirve para confiar en el porvenir de una nación instalada ya como país desarrollado, gracias a la visión universal de líderes como Felipe González y Rodríguez Zapatero. Su lectura demuestra que a él, como lo expresará el canciller Mackmilan sobre la Inglaterra que le tocó en suerte gobernar, “nunca nos ha ido tan bien como ahora”. Refiriéndose a la España del presente, afirma que desde el punto de vista geopolítico-económico el último siglo comenzó en 1959 y todavía no ha terminado. En efecto, no se requiere ser un especialista para comprobar que España pasó a ser una sociedad abierta al dejar atrás el subdesarrollo a través de su liberación de los esquemas autárquicos y cerrados impuestos por la dictadura franquista. Además, que sus gobiernos han sabido aprovechar los efectos de una globalización bien aplicada y garantizado el disfrute, desde la transición, de tres décadas de libertades, imperio de la Constitución y normalidad democrática. Estefanía es un europeísta convencido que sabe resaltar, con sólidos argumentos y cifras, la trascendencia de un viejo continente unido que, al fin, optó por negociar en vez de combatir y “no volver a matarse como Caín y Abel”. Es decir, 500 millones de habitantes acatando una nueva realidad política sin conflagraciones bélicas de por medio, con valores cada día más afincados tales como la tolerancia, la inclusión, la cohesión social y territorial, la solidaridad y los derechos humanos. Un modelo fruto, sin duda, de la combinación afortunada de estrategias socialdemócratas y democristianas. En esta nueva España el autor distingue cuatro grandes etapas. La primera, los años del desarrollo, que va de 1959 a 1975, cuando muere Franco. La segunda, la indispensable transición política (1976 a 1985), en la que se fragua la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE), antecedente de la actual Unión Europea (UE). La tercera, la más corta y seguramente la menos estudiada, comprende los años del ‘eurooptimismo’ (1986-1991): es el tiempo en que los españoles, luego de esperar tanto para ingresar al selecto club continental, empiezan a sentirse más europeos que nadie y la economía y la política apuntan hacia arriba en el ‘sismograma’ virtual. La cuarta y última es la de la normalidad (desde 1992 hasta hoy) que contempla “picos de sierra, encefalogramas planos, momentos de éxtasis, y pesimismo y mucho aburrimiento, pero sin grandes sobresaltos”. En síntesis, estamos ante un país muy diferente a esas ‘dos Españas’ que denunciara poética y patéticamente Antonio Machado. El episodio caricaturesco ocurrido en Chile, promovido por Chávez, no empaña para nada la marcha hacia adelante dentro de su proyecto continental irreversible. Adenda: El ilustre profesor Emilio Robledo Uribe acaba de coronar la cima de 100 años de vida, con plena lucidez intelectual y espiritual, viéndose rodeado de la admiración y el respeto unánimes de sus compatriotas de bien. Cinco generaciones han contado con el privilegio de recibir sus sabias enseñanzas y la sociedad de aprovechar su ejemplo de ciudadano sin tacha. Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U. No se requiere ser un especialista para comprobar que España pasó a ser una sociedad abierta al dejar atrás el subdesarrollo

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