Una nueva pelea sobre la polución echa raíces

Empresas buscan licencia para contaminar a cambio de preservar bosques que, de todas formas, no estarían en peligro

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julio 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-31

Cuánta polución puede absorber un árbol? La pregunta está en el centro de una pugna de alto calibre sobre cuánto costará reducir el cambio climático y quien pagará por ello.

Los árboles son el antídoto natural a las chimeneas y los tubos de escape. Las fábricas y los autos expulsan dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero producido cuando combustibles fósiles son quemados. Los árboles lo inhalan, lo almacenan en sus raíces, troncos y hojas y a cambio devuelven oxígeno al aire.

Pero cuando se destruye un árbol, su carbono acaba de nuevo en la atmósfera. Según las Naciones Unidas, casi 20% de las emisiones globales de gases con efecto invernadero proviene de la deforestación: los árboles cortados y quemados por humanos, o destruidos en un incendio forestal, o dañados por una enfermedad.

Eso es más dióxido de carbono que el causado por todos los autos, camiones, aviones, trenes y barcos del mundo combinados.
Ahora, algunos de los mayores causantes de polución del mundo se están convirtiendo en amantes de los árboles. Enfrentadas a inminentes órdenes gubernamentales destinadas a reducir el cambio climático, las compañías que usan mucha energía argumentan que si ayudan a prevenir la destrucción de un bosque estarán manteniendo dióxido de carbono fuera de la atmósfera. Así que proponen pagarles a propietarios de bosques por mantener vivos sus árboles, a cambio de recibir créditos de carbono que les permita reducir su obligación de recortar la emisión de gases contaminantes en sus propias fábricas. En resumen, quieren utilizar la fotosíntesis para beneficiar su propio negocio.

Es relativamente fácil medir cuánto dióxido de carbono absorben los árboles. Pero existen grandes preguntas relacionadas con la intención de utilizar un bosque como cobertura medioambiental para, por ejemplo, construir una nueva planta a carbón o producir una flota de camionetas todoterreno.

Estos dilemas surgen dondequiera que hay bosques sustanciales, desde países en desarrollo con grandes selvas tropicales como Brasil e Indonesia, hasta lugares boscosos como el pueblo de Truckee, cerca del Lago Tahoe en las montañas de la Sierra Nevada, en California.

Preservar bosques es sólo una de las tácticas que causa temores de que la campaña contra el cambio climático se convierta en un juego del cual se están aprovechando algunos. Rellenos sanitarios venden créditos de carbono, más exactamente derechos de polución, a cambio de captar los gases con efecto invernadero producidos por su basura en descomposición, a pesar de que muchos rellenos instalaron sus sistemas de captura de gases hace años.

"Hay mucha gente que respalda la idea de que tenemos que generar el mayor número de créditos posibles y continuar pretendiendo que regular las emisiones va a ser barato y fácil", dice David Victor, un profesor de relaciones internacionales de la Universidad de California en San Diego, que ha estudiado los mercados de intercambio de carbono. De hecho, dice, el cambio climático "es un problema serio y requiere que invirtamos en él recursos serios. En estos momentos, nadie está dispuesto a hacerlo".

Un problema es probar que un árbol realmente hubiera sido cortado si no fuera por la venta de un crédito de carbono. Si el árbol hubiese permanecido de pie de todas formas, entonces cualquier crédito de carbono atribuido a éste no hubiera contribuido con ningún beneficio medioambiental adicional, a pesar de que su comprador habría podido expulsar más dióxido de carbono a la atmósfera.

Otra pregunta es cómo asegurarse de que un árbol que produce créditos de carbono no sea destruido más adelante.

En Truckee, muchas personas que tienen casa de vacaciones llegan en aviones privados al pequeño aeropuerto de la ciudad. Al lado hay un bosque de 600 hectáreas lleno de pinos Jeffrey y Ponderosa. Luego de que un urbanizador propusiera construir casas allí, hace dos años el distrito del aeropuerto se unió a agencias gubernamentales y grupos medioambientales para comprar el bosque, y firmó una promesa que aseguraba que nunca desarrollaría los terrenos.

Viendo que las regulaciones sobre polución obligarían a las empresas contaminantes a comprar más créditos de carbono, los administradores del aeropuerto vieron una oportunidad para obtener efectivo adicional vendiendo los créditos de su bosque, pese a que ya habían decidido de antemano que conservarían el bosque. Casos como este hacen muy difícil de calcular si otorgar capacidad de emitir créditos a un bosque en realidad ayuda a combatir el cambio climático

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