¿Nueva tripulación?

¿Nueva tripulación?

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noviembre 20 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-20

Dicen quienes saben del asunto, que el clima que por estos días impera en la Casa de Nariño no es el mejor. Episodios como la muy lamentable renuncia de la Alta consejera Presidencial, Cecilia Álvarez-Correa, muestran un creciente desgaste de los funcionarios cercanos a Álvaro Uribe, en circunstancias en las cuales es necesario que haya confianza, unidad y coordinación entre los integrantes del equipo económico. La razón es que los desafíos no han hecho más que crecer en los últimos meses, como consecuencia del deterioro en el panorama internacional.

Debido a ello, el anunciado aterrizaje suave en la tasa de crecimiento del país ha pasado a la categoría de forzoso, con lo cual es probable que el aumento en el Producto Interno Bruto no llegue al 4 por ciento en el 2008, ni al 3 por ciento en el 2009.

Un escenario de ese tenor es injusto con una nación que ha hecho muchas cosas bien en los últimos años. No solo los avances en materia de seguridad son incuestionables, sino que Colombia ha logrado posicionarse como un lugar atractivo para invertir, como lo demuestran las cifras del último lustro. Tanto el tamaño de su población como la fortaleza institucional que tiene, son atractivos cada vez más apreciados por la comunidad de negocios.

Sin embargo, buena parte de los esfuerzos para mantener la 'confianza inversionista', que es una de las piedras angulares del modelo impulsado por el Presidente de la República, se estrellan con una tozuda realidad. Y es que con la economía mundial en cuidados intensivos, muchos planes de expansión han sido aplazados indefinidamente, por lo menos hasta que comience a haber señales tenues de recuperación. Esa parálisis afecta no solo al sector financiero, sino también al real, pues la caída en el consumo ha sido de tal magnitud que la capacidad instalada industrial parece suficiente para atender una demanda en contracción.

Así las cosas, lo lógico sería que el Ejecutivo acepte que el país no está tan blindado como parecía hace unas semanas, cuando la crisis estaba concentrada en los bancos. Pero si algo ha brillado por su ausencia en este devenir, ha sido la presentación de un plan de contingencia que debería incluir mayor austeridad fiscal, al igual que estrategias para enfrentar el cada vez más cercano derrumbe de los mercados venezolano y ecuatoriano, por cuenta de la descolgada en los precios del petróleo. Parte de la explicación tiene que ver con la negativa de Álvaro Uribe a escuchar propuestas de recortes en tres áreas que concentran la inversión pública: seguridad, familias en acción e infraestructura. También hay que registrar las tensiones dentro del Gabinete, alimentadas por ministros que califican de desleales a quienes discrepan del jefe del Estado.

No obstante, es probable que nada le haya hecho más daño al equipo económico que la debacle de las pirámides en la cual los poderes públicos actuaron tarde y torpemente. La salida del Superintendente Financiero dejó en claro que el Presidente no quedó contento con la reacción de ciertas entidades, así la declaratoria de emergencia social haya demostrado que eran necesarias herramientas jurídicas adicionales a las existentes para poner en cintura a las captadoras ilegales. Como resultado, hay una clara pérdida de credibilidad en ciertos administrativos, que debería llevar a un replanteamiento de fondo.

Dicho replanteamiento debería comenzar por el ofrecimiento de renuncias para que Uribe decida a quién cambia y a quién ratifica.

Una vez hechos los ajustes, son necesarias señales de confianza en materia económica y claridad en asuntos políticos, pues parte del lío actual tiene que ver con la incertidumbre en torno a una nueva reelección. En respuesta, algunos dirán que son funcionarios de libre nombramiento y remoción. Pero en este caso, hay que ir más allá, para que no prospere la sensación de que el Presidente está cada vez más solo, justo cuando el huracán que golpea a la economía exige no solo un timonel en la nave, sino una buena tripulación para sortear los desafíos actuales y los que vendrán. 

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